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ENAMORADO DEL AMANTE.

ENAMORADO DEL AMANTE.

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado / Triángulo amoroso / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Bai Qi

Me contrato para traducir el corazón de su amante.

Terminé enamorándome de él.

Azren solo quería ayudar a Caeleen Valkrum —dios del baloncesto, multimillonario, el hombre más guapo que había visto nunca— a entender al hombre que le rompió el alma.

Pero cada palabra que analizaba, cada secreto que descifraba sobre Darius, lo acercaba más al abismo de caer por Caeleen.

Cuando sus familias pactan su matrimonio, Azren acepta convertirse en el esposo legal del hombre que ama en secreto. Una alianza sellada con papeles, con anillos, con un "sí, quiero" que Caeleen pronunció mirando a otro.

Porque prefiere quemarse en su tormenta a no tener nada de él.

Aunque sabe que, cuando el fuego se apague...

Caeleen seguirá amando a otro.

Y él habrá perdido todo.

NovelToon tiene autorización de Bai Qi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL COMBUSTIBLE.

El acuerdo con Caeleen era una prisión de terciopelo, pero la primera salida pública sería su prueba de fuego. Una cena benéfica en el Museo de Arte Contemporáneo. Azren se ajustó la corbata frente al espejo, viendo el reflejo de un impostor con la boca del estómago hecha un nudo.

Caeleen lo recogió en silencio. En el coche, las instrucciones fueron escuetas, dichas sin mirarlo: “Sonríe. Asiente. No te apartes de mi lado.”

El salón del museo era un hervidero de susurros caros y miradas evaluadoras. Pero hoy, los murmullos parecían distintos. Más intensos. Caeleen, con un esmoquin que era menos un traje y más una armadura, colocó una mano en la espalda baja de Azren al entrar. Una marca de propiedad pública. Azren sonrió, los músculos de la mandíbula tirantes como cables.

Fue entonces cuando captó fragmentos de conversación al pasar:

“… confirmado por la revista Hola!, parece ser…”

“… boda del año, sin duda. Una unión de familias poderosas…”

“… él, con ese profesor… qué contraste, ¿no?”

Un frío repentino le recorrió la columna. No. No podía ser. Miró de reojo a Caeleen, pero su perfil era de piedra, impasible. ¿Lo sabía? ¿Era esto parte de su juego?

La respuesta llegó antes de que pudiera procesarla. Darius hizo su entrada.

No con León. Solo. Su esmoquin era una obra de arte sobre su palidez, pero su serenidad habitual estaba rajada por una tensión vibrante, eléctrica. Sus ojos azules barrieron la sala y se clavaron en ellos no con tristeza, sino con una ira caliente y nítida. Había oído los rumores. Los había creído.

Caeleen lo notó al instante. Una esquina de su boca se elevó en una mueca de pura y fría satisfacción. Su mano en la espalda de Azren apretó con fuerza. Mira, decía ese gesto. Mira lo que hemos desatado.

Darius se abrió paso hacia ellos con una elegancia forzada. En su mano, una copa de vino tinto temblaba levemente.

—Caeleen. Azren —los saludó, y su voz, aunque suave, tenía el filo del cristal roto—. Veo que los… rumores llegan rápido. Mis más sinceras felicitaciones.

Azren sintió que el suelo cedía. Era verdad. Los medios habían filtrado el “compromiso”.

—Los rumores exageran, Darius —dijo Caeleen, su tono deliberadamente ambiguo, jugando con el filo—. Pero Azren, sin duda, tiene un efecto… calmante. Algo que a veces se necesita.

La palabra “calmante” actuó como un látigo. Darius palideció aún más. Al hacer un gesto con la mano que sostenía la copa, un movimiento amplio y brusco, el vino saltó del cristal.

El líquido carmesí cayó sobre la pechera blanca inmaculada de Azren en una mancha fría y obscena, antes de que la copa se estrellara contra el mármol con un estallido que cortó toda conversación.

—¡Oh, lo siento! ¡Qué torpeza! —exclamó Darius, pero sus ojos azules, fijos en Azren, brillaban con un desafío húmedo y triunfante. No había sido un accidente. Había sido un acto de guerra. Un territorio marcado a vino, delante de todo el mundo que ahora susurraba sobre bodas.

Azren miró la mancha que se extendía como un corazón sangrante sobre su pecho. Miró a Darius, con su máscara de falsa consternación, y luego a Caeleen, que observaba la escena con el interés calculador de un director de teatro cuyo guion se desviaba de forma fascinante.

Una furia quieta y glacial se apoderó de Azren, barriendo el pánico y la humillación. No era la rabia del herido. Era la lúcida y despiadada determinación de quien decide volar por los aires el tablero del juego.

—No es nada —dijo, su voz sorprendentemente clara en el silencio gélido. Tomó con parsimonia una servilleta de un camarero paralizado y se secó las manos, goteantes de vino tinto.

Luego, alzó la mirada. Primero a Darius, cuyo desafío vaciló ante la calma anormal de Azren. Después, a Caeleen.

—Bien —dijo Azren, con una sonrisa que no alcanzó sus ojos—. Si el juego es mancharse…

Se giró y, ante el salón petrificado, tomó el rostro de Caeleen entre sus manos manchadas de vino. Ignoró el destello de genuino asombro en aquellos ojos ámbar.

Y lo besó.

No fue el beso de una farsa. Fue un asalto. Un beso posesivo, profundo, cargado de meses de rabia, frustración y deseo acumulado. Un beso que gritaba “Yo también puedo marcar territorio. Yo también puedo ser una tormenta.”

Por una fracción de segundo, Caeleen se quedó absolutamente inmóvil, sorprendido. Luego, sus instintos de depredador y competidor despertaron. Con un gruñido ahogado, sus brazos se cerraron como tenazas alrededor de Azren, devolviendo el beso con una intensidad feroz y devoradora que no era afecto, sino dominio reclamado a la fuerza. Fue un choque de voluntades, un duelo público silencioso y brutal.

Cuando Azren se separó, jadeando, el mundo era un coro de bocas abiertas y cámaras de móviles discretamente alzadas. Vio a Darius, pálido como un espectro, los ojos azules desorbitados por un shock que había trascendido la ira y se había convertido en dolor puro y desgarrador.

Caeleen lo soltó, respirando con fuerza. Su mirada, antes llena de cálculo, era ahora caótica, impredecible. Había perdido el control por un instante, y eso lo enfurecía… pero también lo fascinaba. Miraba a Azren como si lo viera por primera vez: no como un peón útil, sino como un jugador impredecible y peligroso.

—Limpia esa mierda —le ordenó con voz ronca, señalando la mancha, pero su mirada no se despegaba de Azren, escrutándolo.

Azren asintió, sin romper el contacto visual. Su corazón martilleaba contra sus costillas. Al alejarse hacia los baños, sintió el peso de cien miradas y el sabor a vino tinto y poder en sus labios. La mancha en su chaqueta era su medalla de guerra. El beso, su declaración de independencia.

No había ganado. Pero había cambiado las reglas. La partida ya no era a dos bandos (Caeleen vs. Darius, con él de espectador). Ahora había tres jugadores en el tablero. Y Azren, el profesor tranquilo, acababa de demostrar que, cuando lo arrinconaban, también sabía jugar sucio.

Y lo más peligroso: a Caeleen le había gustado.

1
;; Aracnea ♡
Me enganché desde el principio. La historia de Azren y Caeleen me tuvo completamente atrapada, pero salí agotada de tanto drama. Azren me sacaba de quicio con lo sumiso que era, dejando que le pasaran por encima una y otra vez. Caeleen es de esos personajes que amas y odias al mismo tiempo: un imbécil con momentos de brillo. Darius me caía fatal al principio, pero terminé entendiéndolo e incluso sintiendo pena por él. Y León... pobre León, el único cuerdo de toda esta historia, merecía mucho más. 10/10
Fany Torres
excelente trabajo bellísima historia me encantó felicito al autor gracias por compartir su talento con nosotros siga así
Thalia
Me encantó, me llegue a enamorar de los personajes, de la trama, de todo. Recomendada 😭
Santy
Me gustó mucho. Disfrute la historia, los altos y bajos de emociones que me generó la trama. Recomendadisima!! /Heart/
Santy
El final que merecían 👏🥰..
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