Daniel es un joven marcado por traumas infantiles profundos. Vive emocionalmente anestesiado hasta que aparece una entidad desconocida que le ofrece un trato:
olvidar el dolor y purificar su alma… a cambio de cumplir misiones en distintos mundos.
Pero hay una trampa elegante:
no puede borrar su pasado hasta volverse digno de hacerlo.
NovelToon tiene autorización de Katya Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo VII — Lo que vio Hyun
Hyun permaneció en el salón vacío, sosteniendo el aire que todavía olía a Daniel.
No debía entenderlo del todo. Su mundo estaba construido para sostener apariencias, para ser perfecto, para proteger a Hyun…
pero había algo diferente. Algo que nadie más podía ver.
Algo que Daniel había dejado al romper el equilibrio.
Hyun recordó los primeros días de Daniel en la mansión.
Siempre sentado en la distancia, siempre observando. Nunca sonreía, nunca participaba, nunca admiraba ni juzgaba. Solo veía. Y al ver, lo hizo vulnerable a algo que nadie más podía tocar: la profundidad de la historia, lo que existía más allá de las capas de perfección y riqueza.
Daniel no solo observaba. Daniel construía con su mirada. Cada anotación, cada silencio, cada detalle que captaba dejaba una huella invisible.
.
Un mundo que nadie más podía percibir comenzaba a tomar forma detrás de la fachada del ABO: un mundo “real”, que podía existir porque alguien supo verlo.
—Era como mirar la Mona Lisa —pensó Hyun—.
Todos admiraban la fachada, pero él veía el corazón de la pintura, lo que nadie más quería notar. Y por eso, de alguna forma, la historia se abrió hacia algo distinto.
Hyun recordó la tarde en el invernadero.
Mientras los pretendientes competían por su atención, Daniel permanecía quieto, anotando, observando. No buscaba afecto. No buscaba poder. Solo reconocía lo real. Y eso lo hizo peligroso… y maravilloso al mismo tiempo.
—Al romper el equilibrio —susurró Hyun—, hizo que algo nuevo naciera.
Un mundo real, fuera del guion, construyéndose lentamente a través de la historia que Daniel supo ver. Cada gesto, cada pausa, cada silencio suyo era un ladrillo en esa realidad invisible.
Hyun también recordó la apariencia de Daniel.
Albino, piel de porcelana, ojos cristalinos que reflejaban todo sin distorsionarlo. Cada gesto parecía esculpido con precisión. Una muñeca de porcelana que no pertenecía a su mundo, pero cuya fragilidad y autenticidad rompían la perfección artificial de todos los demás.
—Era imposible no notarlo —pensó—. Frágil,
delicado… y al mismo tiempo, real.
Eso era lo que lo había hecho diferente. No solo un observador, sino un constructor de algo que el mundo ABO jamás había imaginado.
Lo que Daniel hizo no fue solo ver. Fue permitir que el mundo dejara de ser perfecto, y al hacerlo, despertar algo dentro de Hyun y los demás.
Hyun comenzó a sentir que podía existir para sí mismo. No debía cumplir un papel, ni ser amado, ni sonreír para otros. Solo podía ser. Y en ese espacio de libertad, comenzó a tomar control de sí mismo.
Los pretendientes también empezaron a percibir grietas. Cada uno, a su manera, comenzó a despertar de su propia perfección. Algunos dudaban, algunos se confundían, pero la semilla estaba plantada.
El mundo ABO seguía siendo hermoso. Pero la perfección ya no lo dominaba todo. La historia que Daniel supo ver estaba creciendo, a manos del destino, como un río que nadie puede detener.
Hyun se llevó las manos al pecho y recordó algo más.
El gesto más pequeño de Daniel: cuando observaba, nunca se impresionaba. Nunca se dejaba llevar por la fama, la riqueza o la belleza.
Solo registraba. Solo veía. Y al verlo, Hyun comprendió que podía existir para sí mismo.
—Eso es lo que me hizo sentir… humano —susurró—.
Por primera vez, no tuve que ser la obra que todos miran. Solo pude… existir.
Y aunque el mundo insistiera en perfección, él ya sabía que algo había cambiado.
Que la historia de Daniel había dejado su marca.
El mundo real nacía de un acto silencioso de observación. De la profundidad que alguien supo ver.
El destino ahora tenía las riendas.
Hyun se quedó frente a la ventana, la luz del atardecer reflejándose en sus ojos.
Sentía miedo, admiración, libertad y responsabilidad.
—No lo olvidaré —susurró—. Nadie lo hace.
Y así, lo que Daniel construyó con su presencia quedó en manos del universo, para que el tiempo, el destino y la historia siguieran su curso.