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Me Casé Con El Duque Que Juré Odiar

Me Casé Con El Duque Que Juré Odiar

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Matrimonio arreglado / BL
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Me obligaron a casarme con el duque más frío del Imperio.
Lo juré odiar… hasta que empezó a protegerme.
Un omega orgulloso, un alfa distante y un matrimonio que podría convertirse en amor.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15 Cuando el tablero intenta dividir

La capital no tardó en mover ficha.

No envió ejércitos. Enviaría algo más difícil de combatir: susurros.

Los auditores imperiales llegaron con sonrisas educadas y plumas afiladas. Revisaban sellos, pesaban sacos, contaban barriles. Nada de eso era nuevo. Lo nuevo era el ritmo con el que los rumores empezaron a circular por los corredores del ducado: que el norte perdería privilegios si seguía “protegiendo” a un omega insolente; que el duque estaba siendo arrastrado a una confrontación innecesaria; que la capital tenía alternativas “más razonables” para la estabilidad del territorio.

Blaise recibió la primera de esas alternativas en forma de carta sellada con oro.

No era una amenaza directa. Era una invitación privada a “considerar ajustes de representación” en la corte del norte. En términos claros: reemplazar la voz incómoda por otra más dócil. Blaise cerró el sobre con calma. No lo rompió. Lo dejó a la vista, como se deja una serpiente muerta sobre la mesa para que todos recuerden que estuvo viva.

Caelan notó el cambio en el ambiente antes de que nadie se lo dijera. Los saludos se volvían más medidos, las miradas más largas. No era hostilidad abierta; era cálculo.

—Empiezan a medir cuánto valgo —dijo, sin rodeos, cuando Blaise se lo mostró.

—Empiezan a medir cuánto te cuesta al norte —respondió Blaise—. Son dos cuentas distintas.

El consejo se reunió esa misma noche. No había protocolo. Había cansancio.

—La capital propone “enviar asesores” —dijo un consejero—. Dicen que ayudarán a estabilizar rutas y a calmar al pueblo.

—“Asesores” —repitió Caelan—. Traduzcan: vigilantes con sonrisa.

Una capitana de muelle golpeó la mesa con los nudillos.

—Hoy nos ofrecen ayuda. Mañana nos piden silencio.

Blaise sostuvo la discusión sin levantar la voz.

—No cerramos la puerta a la inspección —dijo—. Cerramos la puerta al control encubierto. Si entran asesores, entran con funciones claras y con fecha de salida.

El consejo asintió. No era una victoria. Era una línea.

Los rumores, sin embargo, no se combatían con líneas en el papel. En el mercado, Caelan escuchó a dos comerciantes discutir:

—Dicen que por su culpa se retrasan las caravanas.

—Dicen muchas cosas. También dijeron que el invierno sería corto y mira cómo fue.

Caelan no intervino. No quería convertirse en la razón de cada conversación. Esa tarde, el Imperio probó otra vía: ofertas privadas. Un noble del norte fue visto saliendo de una reunión con un auditor imperial, con una bolsa que pesaba demasiado para ser solo documentos. El nombre del noble llegó a los oídos del consejo.

—¿Vamos a señalarlo? —preguntó alguien.

—No sin pruebas —dijo Blaise—. El Imperio quiere que nos volvamos contra nosotros mismos.

Esa noche, Caelan se encontró con Blaise en la muralla. El viento era el mismo de siempre. La tensión, no.

—No me mires como si yo fuera el problema —dijo Caelan—. No soy la ficha débil que pueden sacrificar para calmar a la capital.

—No te miro así —respondió Blaise—. Te miro como el punto donde la capital cree que puede partirnos en dos.

—Entonces no me pongas al frente como escudo —replicó Caelan—. No me uses para absorber golpes que te corresponden como duque.

El silencio se estiró. No era una pelea; era el choque de dos orgullos que no querían convertirse en coartada del otro.

—No te uso —dijo Blaise al fin—. Pero tampoco te esconderé. Si retrocedemos ahora, el Imperio aprende que basta con apretar un poco.

—Y si avanzamos mal, aprende que puede apretar más fuerte —respondió Caelan—. No quiero mártires. Quiero pan y rutas abiertas.

La discusión no se resolvió. Se dejó en un equilibrio incómodo.

A la mañana siguiente, el Imperio lanzó su jugada más sutil: filtró a la capital que el norte “estaba siendo gobernado por emociones”, que el duque “había perdido la templanza” y que el omega “agitaba al pueblo”. La frase corrió como tinta en agua. En la plaza, los gremios se reunieron de nuevo, esta vez no para protestar, sino para desmentir.

—No nos agitan —dijo una panadera ante un escriba—. Nos escuchan.

—No nos gobiernan por emociones —agregó un carretero—. Nos gobiernan con pan circulando.

Los escribas anotaron. No podían callar todas las voces.

Esa tarde, llegó una segunda carta del Imperio. No era una invitación. Era una advertencia envuelta en cortesía: si el norte persistía en “politizar” la inspección, la capital “reconsideraría” ciertos tratados de grano. Blaise apretó el sello hasta que la cera se quebró.

—Van a tocar el pan —dijo Caelan—. Es su idioma favorito.

—No sin costo —respondió Blaise—. El costo ahora es visible.

El consejo decidió mover una ficha propia: abrir los registros del ducado al pueblo. Publicar rutas, permisos, inventarios básicos. Transparencia como defensa. No para complacer al Imperio, sino para quitarle la sombra donde se escondían los rumores.

—Que nos miren a la cara cuando digan que mentimos —dijo Caelan.

Esa noche, en los barrios, la gente leyó los avisos clavados en puertas. No entendían cada cifra, pero entendían el gesto: no les estaban pidiendo fe ciega.

En los aposentos, el cansancio se sentó entre Caelan y Blaise como un tercero.

—No te agradecí lo de hoy —dijo Caelan, con sequedad—. No lo necesitaba. Pero lo escuché.

—No te defendí por ti —respondió Blaise—. Defendí la línea que trazamos.

—Aun así —dijo Caelan—, no voy a convertirme en el símbolo que la capital quiere destruir.

—Ni yo en el tirano que quieren provocar —replicó Blaise—. Mantengamos eso.

No hubo acercamiento. Hubo acuerdo mínimo: no dejar que el Imperio escribiera su historia por ellos.

Al amanecer, los auditores regresaron a los muelles con nuevas preguntas. El tablero se movía otra vez.

El norte, esta vez, no movió por reacción.

Movió por anticipación.

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inuyasha/ Tomoe🦊
me tiene tan Atrapada está historia plis no dejes de actualizar
Annyely: Gracias por leer y por tu apoyo 💖 prometo seguir actualizando la historia.
total 1 replies
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