Liz tiene veintidós años, un hijo de siete y un infierno del que no puede escapar.
Atrapada en una casa de la que no puede salir, sometida a la violencia de un hombre que dice ser su dueño, su única razón para seguir respirando es Dedé, su pequeño, que cada noche la mira con esos ojos tristes que lo saben todo.
Pero una madrugada, Dedé hace lo que ella nunca pudo: huir.
Y su camino lo lleva hasta Cobra, el dueño del cerro, el hombre más temido de la comunidad. Un narcotraficante despiadado con sus enemigos... y con un corazón que ni él mismo sabía que tenía.
Lo que empieza como un rescate se convierte en algo que ninguno de los dos esperaba. Gael —porque así se llama cuando baja la guardia— descubre que la mujer rota que cargó en brazos aquella noche le despertó algo que no tiene nombre. Y Liz descubre que el amor no siempre llega vestido de príncipe: a veces llega con un fusil en la espalda, tatuajes en los brazos y un imperio de pólvora y lealtad.
Pero la felicidad en el cerro tiene precio. Enemigos del pasado vienen a cobrar deudas con sangre. Secretos familiares enterrados durante décadas salen a la luz. Y Liz tendrá que decidir si la mujer que fue puede convertirse en la mujer que merece ser.
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BAILE PARTE 1
LIZ
Me desperté temprano, llamé a Dedé para ir a la escuela, Gael ya se estaba arreglando para trabajar. Hoy es día de baile y él tiene muchas cosas que resolver.
Desayunamos.
— Yo llevo a nuestro niño a la escuela, linda, puedes descansar un rato más.
Salió dándome un beso y cargando a Dedé en la espalda.
Maria llegó y empezó a organizar todo.
Yo me fui a dormir un poco más, hoy hay baile y quiero tener bastante energía.
Maria fue con el guardia a casa de mi suegra, a ella le encanta pasar la tarde con él. Y hoy va a dormir allá con Maria, porque todos vamos al baile.
Mensaje de Gael.
✉️
Amor, arréglate que en media hora Zóio va a pasar por ti para llevarte al salón. Te quiero hermosa. Te amo.
Sonreí con el mensaje. Me di un baño rápido, me puse un vestido ligero y unas sandalias planas y Zóio ya me estaba esperando.
Me llevó a un salón dentro de la comunidad, pero muy grande y muy bonito.
Entré y estaba vacío.
La dueña me recibió.
— Hola, Liz, bienvenida.
— Cobra mandó cerrar el salón exclusivamente para ti hoy. ¿Empezamos?
Acepté y cuatro profesionales empezaron a hacerme de todo: masaje, drenaje, uñas, pestañas; en el cabello quise arriesgarme y me hice unas mechas, quedando casi rubia. Me di un baño de espuma relajante en el salón y después fui a finalizar el cabello y a maquillarme.
Me miré al espejo y me sentí poderosa.
Salí del salón y ya estaba oscuro.
Llegué a casa y subí corriendo al cuarto de Dedé, me voy a arreglar ahí.
— Amor, ¿por qué estás encerrada ahí? ¿Ya estás lista?
— Estoy terminando, espérame en la sala.
ROPA DE LIZ
Me puse el vestido, las joyas que eran una gargantilla de oro, una pulsera a juego y aretes grandes también de oro. Unas sandalias doradas de tacón altísimo. Mi cabello estaba rizado en las puntas y mis uñas pintadas de rojo. El maquillaje estaba increíble. Me miré al espejo y respiré hondo.
Bajé las escaleras y vi a Gael tirado en el sofá con un pantalón de mezclilla que le apretaba los muslos y una polo negra de Lacoste. Y también con su cadena gruesa de oro.
Bajé las escaleras.
— Amor, estoy lista.
Él se volteó y se quedó mudo mirándome.
Di una vueltecita para que viera todo.
— ¿Qué pasó, guapo? ¿No te gustó?
— Puta madre, estás buenísima, carajo, hermosa, más hermosa todavía de lo que ya eres. Hasta voy a llevar mi fusil.
— Carajo, amor, logras que cada día esté más enfermo por ti. Atrapaste al bandido aquí.
Dijo besándome el cuello.
— Es que todavía no has visto lo que hay debajo del vestido.
De sus ojos verdes salieron chispas.
— Entonces vámonos rápido para regresar rápido, la verga me va a reventar el pantalón.
Salimos en coche y llegamos al lugar del baile, estaba repleto. Él estacionó el carro y le dio las llaves a un soldado.
Me puso delante de su cuerpo, me abrazó la cintura con fuerza y fuimos entrando. La gente abría paso para dejarnos pasar, algunas mujeres me miraban de arriba abajo y con cara de pocos amigos.
Subimos las escaleras del VIP y ya vi a mi suegra y mi suegro bailando con un vaso de bebida.
Gael habló con algunos hombres que estaban ahí, por lo que entendí son aliados de otros cerros. En el VIP también estaban Zóio y DK, cada uno con una mujer.
Y el baile estaba que ardía.
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