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Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Obligada a irme.

Joel y Keyla se movían con cautela, como si cada paso pudiera hacer estallar una bomba invisible. No podían confiar en nadie, ni siquiera en sus sombras. Habían aprendido, a la fuerza, que detrás de cada gesto amable podía esconderse una traición.

—Tiene que ser ella —dijo Joel, observando la pantalla de su portátil—. La mujer que aparece en las grabaciones no es Keyla, pero se parece lo suficiente como para engañar a cualquiera.

Keyla cruzó los brazos, conteniéndose.

—Si logramos encontrarla… todo esto se cae.

No fue fácil, pero tampoco imposible. Siguiendo movimientos bancarios, cámaras secundarias y testimonios pequeños que nadie había considerado importantes, llegaron hasta un barrio humilde, lejos del lujo y del poder que rodeaba a los Montenegro.

La mujer temblaba cuando abrió la puerta.

—¿Qué quieren? —preguntó con voz nerviosa.

Joel fue directo.

—Sabemos lo que hiciste.

El color abandonó el rostro de la mujer.

—No sé de qué habla.

Keyla dio un paso al frente y la miró fijamente.

—Te hiciste pasar por mí. Cerca del hotel. Con una barriga falsa. Eso es un delito grave.

La mujer intentó cerrar la puerta, pero Joel la detuvo con firmeza.

—Falsificación de identidad, obstrucción de la justicia, intento de homicidio indirecto —enumeró—. Podrías pasar muchos años en prisión.

La mujer rompió en llanto.

—¡Yo no quería hacer daño a nadie! —gritó—. Solo necesitaba el dinero.

—¿Quién te pagó? —preguntó Keyla, con la voz quebrada.

—Una mujer… —sollozó—. Elegante. Fría. Me buscó semanas antes. Dijo que solo debía seguir instrucciones.

Joel sacó su teléfono y mostró una foto.

—¿Ella?

La mujer alzó la vista, se quedó rígida… y asintió.

—Sí. Es ella. Katia.

Keyla cerró los ojos. La verdad dolía más cuando por fin tenía forma.

—¿Andrés sabía de esto? —preguntó Joel.

—No lo sé —respondió la mujer—. Pero ella hablaba de él… como si trabajaran juntos.

Con la confesión grabada, documentos, transferencias bancarias y pruebas visuales, ya no había duda. La verdad estaba completa.

—Tenemos que decírselo a Ulises —dijo Joel.

Keyla dudó.

—Tengo miedo…

—Lo sé —respondió él—. Pero merece saberlo. Y tú también mereces justicia.

Ulises llevaba días con una sensación incómoda clavada en el pecho. El embarazo de Katia no le cuadraba. No recordaba nada. Absolutamente nada.

—No pasó —murmuraba una y otra vez—. Estoy seguro.

Cuando Joel pidió hablar con él a solas, algo en su tono le heló la sangre.

—¿Qué ocurre?

Joel respiró hondo.

—Todo. Todo está mal.

Le mostró las pruebas. Las grabaciones. La confesión. La foto de Katia.

Ulises palideció.

—No… —susurró—. No puede ser.

—Lo es —afirmó Joel—. Y no actuó sola.

Ulises apretó los puños.

—Andrés.

El nombre cayó como una sentencia.

—Todo encaja —continuó Joel—. El contrato. Las amenazas. Los accidentes. El embarazo falso. Son dos mentes enfermas trabajando juntas.

Ulises caminó de un lado a otro, furioso.

—Voy a destruirlos.

—No —lo detuvo Joel—. Con cuidado. Si Andrés se siente acorralado… puede hacer algo peor.

—¿Peor que esto?

—Sí —respondió Joel—. Porque aún tiene algo que tú no.

Ulises lo miró.

—Keyla.

Decidieron actuar con extrema cautela. No podían arriesgar la vida de Keyla ni la de Mateo. Andrés ya había demostrado no tener límites.

Pero no sabían que ya era demasiado tarde.

La mujer que había ayudado a Katia, presa del miedo, fue directo a buscarla.

—Todo salió mal —le dijo—. Me encontraron. Me amenazaron.

El rostro de Katia se descompuso.

—¿Qué hiciste?

—Conté la verdad.

Katia sintió que el mundo se le venía encima. Sin perder tiempo, fue a ver a Andrés.

—Estamos perdidos —dijo—. Lo saben todo.

Andrés no se alteró. Sonrió.

—No. Aún no.

—¿Qué piensas hacer?

—Lo único que me garantiza el control —respondió él—. Llevarme lo que más les duele.

Esa mañana, Keyla se duchaba intentando relajarse. El vapor llenaba el baño. Por primera vez en semanas, su mente estaba en silencio.

Al salir, envuelta en una toalla, llamó a su hijo.

—Mateo…

No hubo respuesta.

—Mateo —repitió, inquieta.

Corrió a la cuna.

Vacía.

El grito que lanzó heló la casa.

—¡MI HIJO!

Bajó las escaleras desesperada.

—¡Andrés! ¿Dónde está Mateo?

Él estaba sentado, tranquilo, tomando café.

—Está a salvo —dijo.

Keyla cayó de rodillas.

—¿Qué hiciste?

—Lo necesario.

—¡Devuélvemelo! —suplicó—. Es un bebé, no tienes derecho.

Andrés se levantó lentamente y se inclinó hacia ella.

—Tengo todos los derechos —susurró—. Porque sin mí, tú no eres nada.

—Eres un monstruo.

—Y tú harás todo lo que te diga —continuó—. Si quieres volver a ver a tu hijo.

Keyla temblaba.

—¿Dónde está?

—Lejos. Y solo volverá cuando obedezcas, si haces lo que te ordenó podrás reencontrarte con él, de lo contrario tú hijo crecerá solo y lejos.

Horas después, Andrés puso en marcha su huida. Contactos, dinero, documentos falsos. Todo estaba preparado desde hacía tiempo.

Keyla no tuvo opción.

La sacó del país con su propio hijo como rehén.

Katia, en cambio, no tuvo la misma suerte.

Sin Andrés cubriéndole las espaldas, su castillo se derrumbó. La confesión de la mujer, las pruebas, los movimientos financieros… todo apuntaba a ella.

Fue arrestada.

—Está acusada como autora intelectual del intento de homicidio contra Darío Paredes —le informó el fiscal.

Katia gritó. Pataleó. Amenazó.

Pero ya nadie la protegía.

Ulises llegó tarde.

Demasiado tarde.

La casa estaba vacía.

—No… —murmuró, golpeando la pared—. No otra vez.

Joel cerró los ojos.

—Andrés ganó tiempo.

Ulises respiraba con dificultad.

—Pero no va a ganar la guerra.

En algún lugar desconocido, Keyla abrazaba a Mateo con fuerza, sabiendo que su infierno aún no había terminado.

Pero también sabía algo más:

La verdad estaba fuera.

Andrés ya no era invisible.

Y tarde o temprano…

todo lo que había construido sobre mentiras se iba a caer.

1
Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
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