Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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Una cena, dos encuentros
Leo agarraba sus juguetes y los acomodaba frente a él.
—Mami, ¿puede venir papá a casa? —preguntó mientras tomaba otro de sus juguetes.
Agustina lo miró seria.
—No lo sé. ¿Para qué querría venir a casa? —preguntó, sin entender.
—Le quiero mostrar mis cosas, las que tú me compraste y las que me regalaron —respondió Leo con una sonrisa.
En ese momento tocaron la puerta.
—¡Hola! Soy yo, Mónica —avisó desde afuera.
—¡Tía Mónica! —exclamó Leo mientras corría a abrir la puerta.
—¡Leo! ¿Cómo estás, amiga? —saludó Mónica al entrar con varias bolsas—. Traje comida.
Cristian salió de la cocina.
—¿Quién trajo comida? —preguntó mientras aparecía sin camisa.
Mónica se tapó la cara con una de las bolsas.
—Ah... —murmuró, poniéndose roja.
—¡Cristian! —lo regañó Agustina.
—¿Qué? —respondió él entre risas.
Leo comenzó a reírse con fuerza.
—Mi papá Cristian es muy guapo.
Cristian sonrió, se acercó a él y lo levantó en brazos.
—¿Qué tal? ¿Me veo más lindo? —bromeó mientras reía.
Las chicas se echaron a reír. Ya estaban acostumbradas a lo extrovertido que era Cristian.
—Oye, ¿cuándo empiezas a trabajar? —preguntó Mónica con curiosidad.
—Mañana. Por fin terminaron las vacaciones de dos semanas de Louis, aunque igual estuve ayudando en la zona de cirugía —respondió mientras comía.
—Bueno, me voy a la agencia —anunció Cristian mientras agarraba su mochila.
Salió de la casa.
Afuera, la nieve comenzaba a caer poco a poco.
Soy Cristian Torres, tengo veintiocho años y vivo con mi hermana y mi sobrino.
Desde que mi hermana me dijo que iba a tener un hijo, fue duro para mí. Yo había enviado a mi hermana con mi tía para que no sufriera, porque papá había hecho una apuesta y había puesto a Agustina como pago.
Yo no iba a permitirlo.
Tuve que trabajar en cosas que nadie quisiera saber.
—Qué frío... —murmuró mientras se soplaba las manos.
Mientras caminaba, vio a una chica cerca de un puente, mirando fijamente el lago congelado.
Cristian se acercó y le tocó el hombro.
—Disculpe, señorita. ¿Está bien? —preguntó con curiosidad.
Ella se giró.
Era una chica muy bonita, de ojos azules, cabello negro, piel blanca y labios rojos.
—Si te refieres a estar bien... eso no pasa en mi vida desde hace cinco años —susurró.
Cristian la observó unos segundos.
—No se decaiga, señorita.
Sacó un caramelo de su bolsillo y se lo ofreció.
—Tenga.
Ella lo tomó.
Antes de marcharse, le dedicó una pequeña sonrisa a Cristian.
En ese momento llegó un auto.
—Señorita Julieta, el señor Martín la quiere ver —avisó el chófer.
Ella subió al auto y se marchó.
En la casa de Louis, todo estaba tranquilo, aunque él todavía seguía recordando cómo Agustina bailaba.
En ese momento, Carolina entró.
—Amor... —sonrió y le dio un beso a Louis.
Él la miró.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó con curiosidad.
—¿Qué tal si vamos a cenar algo juntos? Dejo a Erica con su niñera y, como no tienes que cuidar a tu hijo, podemos comer como pareja —propuso con una sonrisa.
Louis lo pensó unos segundos, pero finalmente aceptó.
—Está bien. Sería lindo tener un momento de pareja.
Carolina salió feliz hacia su habitación.
—¿Qué vestido puedo elegir? ¿Qué peinado? ¿Qué pendientes? Estaré súper hermosa para mi esposo —murmuró frente al espejo con una sonrisa.
Se miró fijamente.
—No voy a decaer. Él me ama.
Mientras tanto, Agustina estaba con su amiga jugando cuando tocaron la puerta.
Al abrir, allí estaba Andrés.
—Hola... chicas —saludó al entrar—. ¿Qué hacen?
—Jugando —respondió Mónica.
—Ya veo. Agustina, ¿quieres ir a comer conmigo a un restaurante? Ya que no pudimos estar juntos la otra vez por cierto niño —bromeó.
Agustina sonrió.
—Bueno, está bien. Mónica, ¿puedes cuidar a Leo?
—Cristian no viene hasta más tarde —aclaró.
Mónica dudó.
—No lo sé...
Andrés se acercó a ella.
—Mónica, vamos. Si a ti te encanta estar con Leo.
Le tomó suavemente la mano.
Agustina observó la expresión de Mónica.
—Andrés, mejor no. Si no puede, no la obligues.
Andrés se levantó serio y tomó nuevamente la mano de Mónica.
—Oye, ¿qué te pasa? —preguntó ella mientras él comenzaba a llevársela.
En la otra sala, Andrés la miró.
—Mónica, por favor. Sabes que ella me gusta mucho.
Mónica suspiró.
—Andrés, quiero mucho a Agustina, con todo mi corazón. Pero ¿por qué sigues empeñado? Ella solo tiene ojos para Louis.
—Sí, claro. Él ya está casado. Yo no —respondió serio—. Vamos. Deja de hacerte la mala conmigo. Me la debes.
Mónica no quería que ese entusiasmo de Andrés desapareciera.
—Está bien. Pero me debes una cena.
—Trato —respondió él con una sonrisa.
Llegó la hora de salir.
Agustina se había vestido bonita, con una camisa, un vestido encima y un abrigo.
Leo la miró.
—Estás muy bonita, mamá. Una princesa —sonrió.
—Gracias, hermoso —respondió Agustina.
Andrés estaba feliz.
Finalmente, él y Agustina se fueron.
Mónica se quedó con Leo.
Mientras tanto, Louis y Carolina estaban en el auto. Louis iba distraído.
—Louis, papá quiere que vayamos a comer con él. ¿Qué tal si mi mamá también viene? A lo mejor viene mi hermano Marcos —comentó Carolina, feliz.
Louis sonrió.
Carolina miró su atuendo.
—Oye, ¿qué tal está esta cartera? ¿No va con mis ojos? —preguntó.
Louis la observó brevemente.
—Carolina, está bien. No sé por qué te vestiste así. Hace frío.
—Es que debo mostrarles a todos quién soy. soy la hija del gran cirujano y tú esposa...Ah, y sobre la fiesta de boda, quiero un pastel grande —dijo con una sonrisa.
Louis frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
—De nuestro compromiso. Todos deben saber que Louis Adams y Carolina Wilson son esposos y padres de una hija —respondió orgullosa.
Louis mantuvo la mirada al frente.
—Carolina, tengo un hijo también.
Ella lo miró.
—Espera. ¿Te vas a atrever a contarle a todo el mundo tus cosas? No. Del niño hablaremos en otro momento.
Louis la miró serio.
—Mira, Carolina. Es solo un niño. Ni tú ni nadie va a ocultar a mi hijo.
—¡Oye! ¡Bájame el tono! Soy tu esposa —respondió, molesta.
Louis no podía hacer mucho porque su trabajo dependía del padre de ella. Solo respiró profundamente.
Cuando llegaron, ambos bajaron del auto.
Y allí estaban Andrés y Agustina.
Louis vio la escena y sintió algo extraño en el pecho.
Cuando entraron, habían reservado la parte de arriba del restaurante.
Agustina y Andrés se encontraban abajo.