Un refugio maldito, una obsesión mortal y un secreto de sangre a punto de estallar.
Huyendo de su familia, Bibiana toma la drástica decisión de mudarse con Adam a una cabaña aislada en mitad del espeso bosque finlandés. Ellos creen estar construyendo su propio nido de amor en una paz idílica, sin embargo, ambos viven en una mentira: ignoran por completo la existencia de un Pacto de sangre, la oscura deuda del pasado que ya ha marcado sus destinos. Pero el invierno no perdona, y la tragedia golpea con la fuerza de un témpano.
Segunda temporada de la novela Destinada a un amor inmortal
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T2 Capítulo 16 - El Acecho del pasado
Frente a la casa de los Anderson, los dos vampiros observaban a Ignacio con la frialdad de quien vigila a una presa.
—¿Lo atrapamos ahora? —susurró el primero, tensando los músculos.
—No. Primero debemos informárselo al Jefe. Él nos dirá qué hacer. Vamos a vigilarlo sin que se dé cuenta.
Mientras tanto, en el Parque Nacional, la diversión se había transformado en un silencio inquietante. Diego caminaba entre los árboles, buscando a su acompañante.
—¡Meli! ¿A dónde te metiste? ¡Melissa! —gritó, pero solo el crujir de las ramas respondió.
De pronto, un gruñido profundo lo dejó helado. Un lobo enorme emergió de la espesura, con los ojos inyectados en sangre y el instinto asesino a flor de piel. Diego se quedó paralizado, conteniendo el aliento mientras el animal se preparaba para saltar.
En Alaska, el teléfono de Marcelo rompió el silencio de su estudio.
—¿Quién habla? —contestó con autoridad.
—Somos nosotros, Jefe.
—Ya era hora de que se reportaran. ¿Tienen noticias?
—Sí, señor. Y son muy buenas para usted —la voz al otro lado sonaba triunfante—. Encontramos al humano y a su familia. Estamos vigilando su casa ahora mismo.
Una sonrisa malévola se dibujó en el rostro de Marcelo.
—Excelente.
—¿Qué hacemos ahora, señor?
—Nada por ahora. Yo mismo iré para allá. Mientras tanto, investiguen cuál de las dos jóvenes es la hija mayor.
—Se llama Bibiana, señor —informó el vampiro.
—Perfecto. Identifiquen quién es exactamente. En unos días estaré con ustedes.
Marcelo colgó y clavó la mirada en el vacío.
—Hijo... por fin encontré a tu prometida —murmuró para sí mismo con una satisfacción oscura.
En la cabaña de Finlandia, Bibiana seguía sumergida en el paraíso de su subconsciente. Estaba abrazada a Adam, sintiendo su calor y su aroma, negándose a despertar.
—Mi amor, tengo que irme —susurró Adam, acariciándole el cabello.
—No te vayas... quédate aquí en mis sueños para siempre —suplicó ella.
—Bibi, tienes que despertar. Tienes que volver a la realidad.
—¿De qué me sirve volver si tú no estás? Preferiría mil veces quedarme aquí contigo que regresar a esa vida triste y vacía.
Adam la estrechó contra su pecho, conmovido.
—No digas eso... está bien. Me quedaré un rato más.
En el bosque de Finlandia, el lobo se abalanzó sobre Diego con las fauces abiertas. Antes de que pudiera tocarlo, una sombra veloz cruzó el aire. Melissa atrapó al animal en pleno salto con una fuerza sobrehumana y, en un movimiento certero, terminó con su vida.
Diego observó, impactado y sin palabras, cómo Melissa comenzaba a alimentarse de la sangre del animal, con sus instintos de depredadora a flor de piel.
De vuelta en la Mansión Soler, Marcelo empacaba con movimientos rápidos y precisos. Estela entró a la habitación, sorprendida por las prisas.
—¿Qué estás haciendo?
—Me voy de viaje por unos días. Voy a buscar a la futura esposa de nuestro hijo.
Estela palideció.
—¿Encontraste a esa joven y a su padre?
—Sí. Y qué coincidencia... viven en el mismo lugar donde estuvo Adam —Marcelo cerró su maleta de un golpe—. No dejes que Adam sepa nada. Dile que me fui por negocios. No debe saber el regalo que le tengo preparado.
—¿Por qué haces esto, Marcelo? —preguntó ella con temor.
—Para que se le quite la tonta idea de enamorarse de humanas. La convertiremos en cuanto la tengamos y él tendrá que conformarse.
Marcelo se despidió de su esposa con un beso gélido y desapareció en la oscuridad. Estela se quedó sola, con el corazón encogido. "¿Cómo va a tomar mi hijo esto?", se preguntó.
En el Parque Nacional, Melissa se limpió los rastros de sangre y miró a Diego con vulnerabilidad.
—Diego, ¿estás bien?
—Me dijiste que no te ibas a alimentar aquí... que solo querías divertirte —respondió él, aún procesando lo que había visto.
—Lo sé. Pero quería mostrarte nuestra verdadera naturaleza. No todos somos como Adam o como yo. Existen vampiros violentos, y quería estar segura de que no te importa lo que soy... porque me gustas mucho.
Diego sonrió suavemente y acortó la distancia entre ambos.
—No me importa lo que seas, Meli. Tú también me gustas mucho.
Se fundieron en un beso que sellaba su complicidad, aceptando la oscuridad que los rodeaba.
Horas más tarde, el sueño de Bibiana llegaba a su fin.
—Ahora sí debo irme, amor —dijo Adam, dándole un último beso.
—¿Vas a volver?
—Volveré cada vez que cierres los ojos para dormir, para no robarte todas las horas del día —prometió él con una sonrisa antes de desvanecerse.
Bibiana despertó en la cama de la cabaña. El sol ya se estaba ocultando.
—Me quedé dormida... es tarde —murmuró, pero una sonrisa iluminaba su rostro—. No importa. Fue el mejor sueño de mi vida. Fue tan real que por un momento sentí que estaba vivo.
En Alaska, Adam abrió los ojos en su habitación, sintiéndose renovado y feliz. Sin embargo, se encontró con la mirada severa de Giselle.
—Hermana...
—¿En qué subconsciente estabas, Adam? Dormiste casi todo el día.
—Estaba en los sueños de Bibiana —admitió él con una sonrisa soñadora—. Fue maravilloso.
Giselle suspiró, cruzándose de brazos.
—No debiste hacer eso. Al entrar en sus sueños sin decirle que estás vivo, estás jugando con sus sentimientos. Cuando ella descubra tu mentira, se va a enojar muchísimo... y no te va a querer perdonar.
Adam guardó silencio, y la sombra de la duda empezó a nublar su felicidad.