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Forjado En Cadenas

Forjado En Cadenas

Status: En proceso
Genre:Edad media / Fantasía épica / Mundo mágico
Popularitas:202
Nilai: 5
nombre de autor: Mel G.

El destino los unió… pero no para salvarlos. Cuatro jóvenes, atados por cadenas invisibles, vivirán en un mundo donde la traición se respira y los reinos se arrebatan con sangre. La maldad intentará borrarlos. Ellos aprenderán a usarla. Porque en esta historia, la libertad tiene un precio… y no todos están dispuestos a pagarlo.

NovelToon tiene autorización de Mel G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

HEREDERO DE LOS CUATRO LINAJES.

...Reino de Norvak ...

Erian estaba en la habitación.

No sabía por qué no había salido del castillo.

La puerta se escuchó desde afuera.

—Erian… ¿podemos hablar? — Era la reina.

El no respondio.

—Erian.

El joven suspiró y finalmente habló.

—Pasa.

Aria entro caminado hasta posicionarse frente te a el, con la cola de su vestido arrastrando.

—No vine a obligarte a nada —dijo—. Vine a escucharte.

—¿A Escuchar qué? —soltó con amargura. —Yo no quiero tronos, ni poder, solo quiero tenerlo frente a mí… y verlo morir con mis propias manos.

Aria dio un paso hacia él.

—No te daremos esa oportunidad —dijo con firmeza.

Erian la miró, furioso.

—¿Qué?

—No estarás frente a Sorak —repitió—. No hasta que sea en nuestros términos.

—¿Entonces qué esperan? —escupió—. ¿Que me case con la hija de mi enemigo? ¿Que sonría mientras la sangre de mi familia fue derramada sin piedad?

—No será pronto —respondió ella—. Faltan años. Solo necesitamos tu aprobación para el compromiso. La boda será cuando tomes el trono.

Erian negó con la cabeza.

—Si me reconoce…

—No lo hará —lo interrumpió—. Tú mismo viste lo fácil que fue cambiar tu apariencia. En media década mas y con los cambios físicos estarás irreconocible.Cuando tomes la magia del trono, podrás hacerlo cuando gustes.

—No soy capaz —dijo él en voz baja—. No podría verlo sin querer matarlo en ese instante.

Aria lo miró la oscuridad en los ojos de Erian.

Ya lo había visto en ella, antes le habría aterrado ver eso en la mirada de alguien, pero ahora le parecia tan familiar.

—Piénsalo así, Erian —dijo—. ¿Qué le dolerá más? ¿Morir rápido… o perder todo lo que cree suyo? Ver su reinado caer. Y entonces morir.

Erian guardó silencio.

—No voy a mentirte —continuó ella—. El rey quiere poder, yo también. Pero no por ambición vacía. Quiero… erradicar la esclavitud. Quiero… que nadie vuelva a vivir lo que tú viviste.— Hizo una pausa. — lo que yo viví.

Erian la miró.

—Te volviste ambiciosa —dijo—. La reina… ni más ni menos.

Aria sonrió apenas.

—Siempre lo fui. En esa carreta nunca bajé la mirada. Siempre supe que saldría de ahí.— Se acercó un poco más. —Cuando llegué al palacio, Reynar y Melgar se volvieron mi familia.

Erian se tensó.

—¿Melgar … el hijo del rey?

—Sí —respondió ella—. Lo quise como a un hijo y Reynar… quedó devastado cuando murió, pero su reino lo necesita. Y aun así, sigue en pie.

—¿Por qué no tuvieron más hijos?

Aria bajó la mirada.

—Los dioses no nos bendijeron. Y después de todo lo que viví… es probable que mi vientre esté muerto. Reynar nunca me lo reprochó, pero te necesitamos.

Erian se pasó una mano por la frente —Supongamos que acepto —dijo—. ¿Cómo piensan ganar? Este reino está en ruinas. No tiene dinero. No tiene fuerza para otra guerra.

—Lo sabemos. — Corfirmo Aria. — Pero tenemos un as bajo la manga.—dio un paso atrás y abrió la puerta.

Erian frunció el ceño.

—¿Y cuál es?

—Ven. Mejor te lo muestro. — le hizo un gesto con la cabeza.

—¿Ahora?

—Ahora.

Erian dudó, pero terminó siguiéndola.

Se abrigaron bien y salieron del castillo internandose en el bosque helado, caminaron con esfuerzo mientras sus pies se hundían en la nieve entre senderos ocultos, colinas y rocas.

—Nos estamos alejando demasiado —advirtió él.

—Conozco bien el camino —respondió tranquila.

—¿A dónde me llevas?

—No te impacientes.

A Erian le costaba trabajo seguirle el paso, aunque ella batallaba con su vestido.

Entre las montañas había una pequeña grieta, era una entrada.

—¿Listo? —preguntó ella.

Se agacharon y cruzaron la abertura estrecha.

Erian dio un paso más… y se detuvo pasmado simplemente no podía creerlo

La cueva no era lo que parecia. La abertura era pequeña, casi invisible desde fuera, pero al cruzarla una cavidad enorme se extendía por dentro.

La gran cueva están iluminada, tan grande que parecia no tener fin.

Creaturas majestuosas, dignas de admirar . Posando sobre las rocas.

Erian sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

— Rulkans —susurró, con las pupilas las temblando, había visto dibujos en los libros.

—Rulkans — confirmó la reina en voz baja. —Criaturas antiguas —continuó—. Fueron creadas para proteger, para reconocer la sangre más antigua. La sangre de los primeros portadores. La sangre de los reyes.

Erian ya lo sabía, lo había escuchado en sus clases de historia pero eso no evitó que tragara saliva. Se suponía que las criaturas eran un mito.

Pero había cientos. No… miles de ellas a su alrededor.

Enormes, largas. Parecían emitir una luz blanca, de sus cuerpos, sus ojos brillaban de un azul intenso que brillaba.

Seguro median mas de seis metros, y sus alas extendidas debían medir el doble de su cuerpo.

Había unas más pequeñas, otras ún poco más grandes, iguales pero distintas entre sí.

Cuatro patas, las traseras tan grandes y fuertes, las delanteras un poco más delgadas pero con garras afiladas dispuestastas a desgarrar lo que sea.

Sus cabezas poseían cuernos, algunas solo tenían un par, pero otras tenían cuernos que llegaban a parecer ramas.

Parecían tener plumas, pero no lo eran, sólo tenían esa forma, pero eran duras como el hielo.

No tenian cara feroz como los dragones, pero sin duda tenian diéntes afilados.

Y por último una cola, la cual cuan más larga era, más delgada se volvía.

—Se suponía que eran sólo un mito — Dijó Erian sin poder parpadear —. Han pasado siglos desde los últimos relatos.

— Los libros las convirtieron en mito. Las llamaron exageraciones, leyendas para justificar linajes. Yo fui quien las descubrió.

Erian no podía apartar la mirada pero aún así se sorprendió de lo que Aria mencionó.

— Sentía su llamado cada vez más fuerte.

Una de ellas se movió.

Avanzó desde el fondo de la cueva, separándose del grupo. Era muy grande. Su cuello era largo, elegante, y su cuerpo estaba cubierto de marcas naturales que parecían símbolos antiguos. Sus alas se plegaron con gracia al acercarse.

Sus ojos se fijaron en Erian.

El corazón le dio un golpe seco. Creyó que lo atacaría.

—Los libros dicen que ellas no solo se vinculan con el gobernante de un reino —dijo la reina—. Los tronos se reconocen entre sí. La sangre antigua las llama… sin importar de dónde provenga. — se acercó al chico— ¿Entiendes ahora? —preguntó Aria, sin mirarlo—. Este es nuestro as bajo la manga.

Entendió lo que Aria quiso decir, pensaba usarlas para la guerra.

Erian estaba pasmado, podría admirar a las bestias todo el día.

El cielo ya se teñía de tonos grises cuando decidieron salir de la cueva, pasaron mucho tiempo ahí dentro. Erian caminaba detrás de Aria.

—Erian… —dijo Aria sin detenerse—. Tengo que preguntarte algo.

Él levantó la vista.

—¿Cómo sobrevivieron tú y Kael sin magia?

Erian apretó los dedos, caminó unos pasos más antes de responder.

—No lo sé —admitió al fin —. Kael… él día que él sintió la ausencia de su magia ese día murió. No se por que lo sintió hasta ese día y no antes, no lo sé.

Aria bajó la velocidad de su paso.

—Para alguien que ha tenido magia, perderla suele ser una sentencia, eso no te mata, pero te hace querer perder las ganas de vivir —dijo—. La mayoría no lo soporta. —Yo no nací con ella —continuó Aria—. El trono me reconoce por Reynar, por ser su esposa ahora, pero si algún día me la quitan… no sé si sobreviviría. Es más que perder una parte del cuerpo.

— ¿Que harán sí un día yo tomo el trono Y ustedes aún no han muerto? La magia dejaría su cuerpo y automáticamente ustedes tal vez quieran dejar este mundo.

Aria no le respondió por que sabía que era cierto.

—Debes investigar eso —añadió ella—. Lo que lograste es algo que nadie más ha hecho. Y tal vez nosotros de alguna manera podamos tambien.

Erian asintió apenas.

—Vamos —dijo Aria—. Regresemos al castillo.

Caminaron unos minutos más entre los árboles.

—¿Por qué los Rulkans no se han vinculado? —preguntó Erian de pronto.

—Las historias antiguas dicen que, al inicio de los tiempos, existían cuatro magias en armonía —empezó—. Cuatro entidades fueron las primeras portadoras.

—Zayon, Norvak, Sloughware… —murmuró Erian—. Y Kryndal el reino perdido.

Aria lo miró de reojo.

—Veo que has escuchado la historia.

—El sabio Imogüen de mi… — se detuvo para corregirse — del reino de Zayon me contaba muchas cosas.

—Cada magia tenía un color —continuó Aria—. Zayon era azul. Norvak, blanca. Sloughware, dorada. Kryndal… roja. Los primeros hombres gobernaban en equilibrio —dijo—. Hermanos entre sí. Pero había un quinto hermano, el menor. Estaba deseoso por que su padre le entregara su reino y su poder, al igual que sus hermanos. Pero cuando su momento llegó, su padre le dijo que no estaba listo, que debia esperar a que su corazón madurara. Esto no le pareció, insistía en que debia tener su magia, además, de que el se veia como el más talentoso de sus hermanos. Arto de que su padre no lo tomara en cuenta su alma se llenó de rencor y cuando su padre le otorgó poder, se perdió en el. El color fue morado pero oscuridad venía detrás de él, su magia sacaba lo peor de las personas. La corrompía y las volvía malignas. Sus hermanos trataron de detenerlo, y su padre quiso retirar la magia que le había otorgado, eso lo enfureció, pues jamás se sintió suficiente para su padre. Y eso provocó actos más atroces. Sus hermanos trataron de detenerlo pero el se volvía cada vez más fuerte y comenzó a robarles sus poder, estában a punto de ser derrotados pero unieron sus magias, y fue como lo lograron. Su hermano, la maldad juro volver, pero los reinos ya sabían cómo derrotarlo. Entonces hicieron pactos de sangre. Una gota de cada uno se derramó en cada trono, reconocíendose así entre ellos, para poder compartir su magia, pero una condición más se estableció, solo un portador de las cuatro sangres podrá activar los cuatro tronos a las vez obteniendo así el poder suficiente para derrotar a su hermano.

—¿Y los tronos?

—Se entrelazaron. Por eso los tronos se reconocen entre sí. Lo hicieron por alianza, pero se ha perdido eñ la ambición.

Erian se detuvo en seco.

—Entonces… si los Rulkans solo se vinculan con sangre antigua… ¿por qué el trono reconoció a Sorak? ¿Por que ya no se han vinculado en milenios?

Aria se detuvo y lo miró —Esas son preguntas que aún no puedo responder —admitió—. Algo no encaja.

—Algún día habra alguien capaz de poseer los cuatro linajes, Justoo ahora los reinos sólo buscan apropiarse del otro.

— Tampoco lo sabemos, solo sabemos, que el portador de las cuatro sangres antiguas, roja, azul, blanca y dorada, será el único capazde derrotar al rey oscuro por así decirlo.

Reanudaron el camino en silencio.

Pero Erian pensó en algo que era imposible, pero que sabía que Aria creía.

— Crees que soy el portador de los cuatro linajes ¿verdad?

Ella se detuvo.

— Tal vez por eso has sobrevivido a la ausencia de la magia.

No le dijo mas. Pero Erian no creía que fuese así, no sabía por qué no padecía la ausencia de la magia, pero no creía ni por cerca que poseyera todos los linajes.

Cuando el castillo apareció entre los árboles, Erian sintió un peso distinto en el pecho.

Reynar los esperaba.

Aria cruzó miradas con él.

—¿Le mostraste? —preguntó el rey.

—Podemos confiar en él —respondió ella sin dudar.

Reynar dirigió sus ojos blancos hacia Erian.

Erian dio un paso al frente y, por primera vez, inclinó la cabeza.

—Majestad.

Reynar lo observó largo rato.

—¿Aceptas?

Erian respiró hondo.

Pensó en Kael, en sus padres, en Sorak.

—Acepto —dijo.

—Muy bien a partir de este momento tu serás Melgar de Norvak.

Y ese fue el momento en el que Erian Zayon murió.

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