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LEGADO DE SANGRE

LEGADO DE SANGRE

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Traiciones y engaños / Amor-odio / Fantasía épica
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lourdes Elizabeth Espinoza Espinoza

El desierto no guarda secretos… los entierra vivos.
Bajo la arena de Namhara duermen traiciones, guerras, juramentos rotos… y amores que jamás debieron existir. Aquí, el sol quema la piel, pero es el pasado el que destruye el alma.
Ninoska, princesa del desierto, lo aprendió demasiado tarde.
Descubrió que el peor enemigo no siempre sostiene una espada. A veces… te toma de la mano, te sonríe y te promete amor eterno.
Su compromiso con Dissano no fue una unión real. Fue una prisión. Una jaula construida con control, amenazas silenciosas y sombras que nadie veía… excepto ella. Pero incluso del dolor nació algo imposible de odiar: Coraline.
Una niña de ojos vivos y sonrisa brillante… la única luz capaz de mantener a Ninoska de pie. Y también su mayor condena. Porque en los palacios los niños no son inocentes. Son armas, son llaves, son rehenes disfrazados de ternura.
Y Coraline no es una niña cualquiera.
Coraline es la hija de dos coronas. Su sangre une dos mundos: Namhara y Holaguare.

NovelToon tiene autorización de Lourdes Elizabeth Espinoza Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo #11 – Flor del Desierto

La noche estaba en calma, pero en la mente de Ninoska el pasado volvió con la fuerza de una tormenta…

— — — — — — — — — Retrospectiva — — — — — — — — — —

El gran salón del Reino de Namhara resplandecía bajo los candelabros de oro, pero el brillo no alcanzaba a calentar el pecho de Ninoska. La música del laúd se mezclaba con risas y brindis, con pasos de baile y telas ligeras que giraban como pétalos en el aire cargado de incienso. El aroma de especias dulces: cardamomo, clavo, azafrán, flotaba entre la multitud como un eco enredado de tradición. Ella caminaba entre las sombras del bullicio, con su vestido rosa bordado en oro abrazando cada movimiento. La tela caía delicada, casi inocente… un contraste hiriente con lo que su corazón sabía.

Ese compromiso estaba mal.

Sabía que no era el camino que ella había construido para sí misma. Sabía que no elegir era también una decisión, una que la estaba empujando a los brazos de un destino ajeno. En la tarima principal, el consejero real levantó la copa:

—¡Que la arena del desierto sea testigo! ¡Que los vientos guarden memoria! ¡Hoy se anuncia el compromiso de la princesa Ninoska Yazhira de Namhara… con el Caballero Dissano Astherion!

Los aplausos rugieron con fuerza por el anuncio del compromiso. El futuro de la princesa estaba sellado con uno de los hombres más prometedores: Dissano Astherion, alto, fuerte, de piel aceitunada, con los ojos ardiendo como carbones encendidos.

Dissano dio un paso al frente. Alto, imponente, con una capa oscura que rozaba el suelo y una coraza de cuero finamente grabada. Su rostro estaba tallado por el orgullo. Y cuando sus ojos encontraron los de ella, no había amor… había triunfo. La satisfacción de quien obtiene una victoria merecida.

Ninoska escuchó el murmullo de las damas, sintió el orgullo de su hermano mayor, miró las sonrisas forzadas de los consejeros. Todos lo veían como un honor. La princesa de Namhara comprometida con uno de los Caballeros más honorables, atractivos y fuertes del desierto, para el consejo era la unión perfecta.

— Mi princesa… Mi Flor del Desierto… — Dijo, tomando su mano sin pedir permiso.

Ninoska sintió la firmeza de su agarre, como si su piel quedara atrapada entre un mandato y una sentencia. El público enloqueció. Las damas murmuraban que era tan perfecto como un dios del desierto. Los nobles asentían con aprobación.

“Una unión conveniente.”

“Una alianza poderosa.”

“La princesa no podría tener mejor esposo”.

Pero ella no escuchaba sus voces; escuchaba su propio pulso golpeando como un tambor de guerra dentro de su pecho. Dissano levantó la mano de Ninoska, exhibiéndola a todos como un trofeo.

— El honor es mío… — Pronunció con voz grave — La princesa de Namhara será mi esposa. Y bajo mi protección, Namhara será invencible.

Los hombres aplaudieron. Las mujeres sonrieron. El rey Said alzó la copa desde el trono, satisfecho con el acuerdo político logrado, aunque en su interior algo no terminó de convencerlo. La música retomó fuerza.

Ninoska inclinó la cabeza, obediente. Pero nadie vio cómo sus labios temblaron. Nadie vio cómo, detrás de su sonrisa cortesana, su alma gritó. Un joven paje se acercó con la bandeja donde reposaban las alianzas de compromiso: Un aro fino de oro para ella, y uno grabado con runas antiguas para él.

Dissano tomó el anillo y lo deslizó en el dedo de ella, sin titubear.

— Desde hoy… — susurró, demasiado cerca — Eres mía.

Sus palabras no sonaron como una promesa. Sonaron como un encierro. El salón entero estalló en vítores. Las copas chocaron. Las luces danzaron. Pero Ninoska vio cómo el mundo a su alrededor se volvía borroso, como si estuviera mirando desde detrás de una pared de agua. Su mente se nublo un segundo, se mareo… pero se repuso.

Quiso correr. Quiso gritar. Quiso decir que ese futuro no era el suyo. Pero el aplauso fue tan fuerte que su silencio se perdió entre la multitud.

Dissano se inclinó, besando el dorso de su mano. No con ternura, sino con posesión. Ninoska levantó la vista al cielo de cristal del techo, donde colgaban millas de cristales que reflejaban la luz de las llamas. Alguna vez creyó que esos reflejos parecían estrellas. Ahora solo parecían barrotes. Y, aun así, sonriendo. Porque las princesas no lloran delante de su futuro esposo, ni delante del reino que las observa como símbolo y no como persona. Porque las jaulas más peligrosas son las que todos llaman destino. Pero nadie sabía la verdad. Su verdad.

Terminada la ceremonia, todos los invitados se retiraron… La puerta del salón privado se cerró con un sonido sordo, como un trueno contenido. El eco murió rápido, pero la mirada de Dissano no. En público era un hombre de sonrisas calculadas y honor de seda. A solas… era hierro torcido. Ya no había cortesía, no había ceremonia. No había aplausos, ni música, ni testigos. Solo verdad. Lenta y venenosa. Dissano. Su boca, que minutos antes había sonreído como trofeo triunfal, ahora se curvaba en un gesto afilado, casi cruel.

—Así que debo casarme contigo, Flor del Desierto? — Escupió el título como si lo ensuciara — Qué ironía… — Se acercó un paso, demasiado rápido, demasiado cerca — …cuando ya ni siquiera eres mía…

El mundo de Ninoska tropezó.

— No… — Susurró, más sin aliento que voz — Dissano, espera…

Pero él no esperaba. Nunca había esperado. Sus dedos se clavaron en su brazo como grilletes. No hay toque de época; era sentencia.

— No eres pura… — La palabra cayó como una daga caliente cortando en la mantequilla — No eres digna…

Ninoska forcejeó, no por escapar, sino por no romperse frente a él.

— Déjame explicarte…

—Explicar ¿qué? — Su risa fue baja, oscura y sin humor — ¿Qué eres una mujer ligera y fácil? ¿Que llevas dentro el hijo de otro hombre? ¿Que el honor que me enseñas frente a la corte es el mismo que ensuciaste en secreto? ¿Crees que voy a limpiar tu honor a cambio del mío?

La empujo. No para apartarla, sino para dominar el espacio que la rodeaba. Su espalda chocó contra la pared de piedra. No lo suficiente para romper huesos… pero sí para robarle el aire. El sonido vibró seco, profundo, definitivo. Ninoska sintió que su propia respiración tropezar.

—¡Tú eras mi conquista! ¡La princesa inalcanzable, fría y distante! — La voz de Dissano se elevó, quebrando la calma dorada de la habitación — El desierto entero me aplaudió por ganarte… ¡Y llegas ya marcado por otro!

Sus ojos ya no ardían como carbones del desierto. Ahora parecían humo.

—¡Me traicionaste! ¡Me mintieron! Tú y tus hermanos jugaron con mi decencia y honor… entregándome a una princesa deshonrada… una mujer sucia y con un bastardo en el vientre…

No fue solo un grito. Fue una sentencia. Ninoska no encontró palabras. Las palabras no existían en el idioma del miedo. Los dedos de Dissano temblaron al tensarse. No por vacilación… sino por ira contenida que cruza el punto de retorno.

—¡Eres una deshonra para Namhara! — La señaló como si la historia entera debía verla arder — No eres esposa. No eres princesa. No eres nada.

Cada palabra era un golpe más certero que un puño. El pecho de Ninoska se contrajo, no por dolor físico… sino por un derrumbe interno. Sintió el piso moverse bajo ella. No porque temblara, sino porque su mundo lo hacía. El corazón le toca la garganta. Los oídos le silbaron. La sangre le pareció rumor lejano.

— Dissano… — su voz ya no era intento de defensa, solo humano quebrado — Yo no elegí… yo no…

—¡Silencio! — Bramó, inclinándose a centímetros de su rostro — El desierto no perdona a los que mienten, Ninoska. Y yo menos.

Ella parpadeó una vez. Luego otra. Ya no veía odio en su expresión. Veía algo peor: Decepción orgullosa. La clase que exige castigo. De pronto el mundo se volvió distante. Lento. Irreal. La piedra fría en su espalda era lo único que la mantenía de pie. La habitación parecía encogerse, las sombras agrandarse, el aire adelgazar. Sus rodillas fallaron. No cayó. Pero casi. Y ese casi lo dijo todo. Dissano la miró bajar medio paso, no con arrepentimiento… sino con esa satisfacción silenciosa de quien cree haber puesto al destino en su lugar.

— Así termina la gloria… ¿No es así, princesa? — Murmuró, casi íntimo, casi venenoso — No con coronas… sino con silencio.

Ninoska quería llorar. Pero no le concedió ese placer. Quiso gritar. Pero el miedo se lo tragó primero. Quiso huir. Pero el cuerpo no le respondió. La máscara de Dissano cayó. Ella intentó apartarse, la respiración cortada. Pero Dissano era demasiado fuerte y su mirada estaba ensombrecida por una oscuridad impropia.

— Espera… No entiendes…

Pero él la empujó contra la pared de piedra una vez más. El golpe resonó en la estancia vacía. El dolor; esta vez, era punzante…

—¡Me traicionaste! — Rugió, y el eco quedó grabado en su memoria — ¡Embarazada de otro antes de convertirte en mi esposa!

Su puño se alzó, y ella apenas alcanzó a cubrirse el rostro. El dolor, el miedo, la humillación… todo volvió a ella en oleadas.

—¡Eres una deshonra!

Fue lo último que escuchó antes de sentir como un líquido de color rojo comenzaba a escurrir por sus piernas, las lágrimas y el dolor. La oscuridad la envolvía. La princesa del desierto, la alegría prometida, la gloria de Namhara… no quedaba nada. Cuando finalmente se separó, no se llevó la victoria.

Se llevó la luz.

— — — — — — — — — Fin del Flashback — — — — — — — — —

Ninoska se incorporó de golpe en su cama, jadeando, con la túnica empapada de sudor. Sus manos temblaban mientras las llevaba a su pecho, intentando calmar el corazón que latía como un tambor de guerra. La habitación estaba en penumbras, iluminada apenas por la llama vacilante de una lámpara de aceite. El silencio era opresivo, roto solo por el sonido de su propia respiración entrecortada. Se llevó una mano al vientre, como si aún pudiera sentir el peso de aquel secreto que había marcado su destino.

— En ese momento estuve a punto de perderte…

La realidad volvió poco a poco, cruel y clara: habían pasado tres días desde el último mensaje de Dissano. Tres días desde que osó entrar en los aposentos de Pamela y dejar su marca. El recuerdo y el presente se confundieron en su mente como dos cicatrices abiertas. Y lo supo: Dissano no solo la había perseguido en sueños. Volvería. Y no tardaría en hacerlo.

Volvió su mirada hacia el pequeño cuerpo que descansaba a su lado. Su Hija. Coralina. No permitiría que le hiciera daño.

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La tarde avanzaba con un extraño silencio en Namhara. El calor sofocaba los pasillos del palacio, y hasta los vendedores del mercado parecían hablar en murmullos, como si un mal presagio flotara en el aire. El estallido llegó de repente. Un rugido seco, brutal, que hizo temblar los cimientos.

—¡¡Fuego!! — Gritó un guardia desde las torres.

Las campanas repicaron con frenesí. Desde el balcón del despacho real, Said corrió hasta la barandilla y sus ojos se abrieron con furia: uno de los establos reales ardía en llamas, una columna de humo negro se elevaba hacia el cielo como un puñal. Pero no era un incendio común. Cuando los soldados corrieron a sofocar las llamas, vieron lo imposible: cada caballo había sido degollado, sus cuerpos colgaban en fila, alineados grotescamente en la entrada. Sobre sus frentes, grabado a fuego, el mismo símbolo maldito: el círculo atravesado por dos líneas. Un silencio sepulcral se extendió sobre los que presenciaban la masacre. No había huellas, no había rastro del intruso. Solo el hedor de la sangre y el humo que se elevaba como una ofrenda macabra.

Said presionó la barandilla hasta que sus nudillos se volvieron blancos.

—¡Dissano! — Rugió, su voz cargada de rabia y dolor.

Los guardias se movieron desesperados, reforzando puertas, revisando pasillos, sellando accesorios. El palacio entero entró en alerta máxima. Ninoska llegó corriendo al balcón, y cuando sus ojos contemplaron el espectáculo macabro, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. El recuerdo de su sueño aún la perseguía, y ahora la realidad la golpeaba con más violencia. Las llamas iluminaban la noche, y por un instante creyó ver, entre el humo y la confusión, una figura erguida a la distancia: un hombre con el rostro cubierto, inmóvil, mirando hacia el palacio. Dissano.

Un susurro escapó de sus labios, tembloroso:

— Él… está cada vez más cerca.

Dijo la oyó, pero no respondió. No había palabras para aquello.

Ninoska retrocedió, con el corazón desbocado. Aquella visión, aquel mensaje sangriento, habían roto algo dentro de ella. El fuego de los establos seguía iluminando el cielo de rojo, como si la misma noche ardiera. Ninoska retrocedió del balcón, con la respiración entrecortada y las manos temblorosas. El pensamiento se clavó como una daga en su pecho: Coraline.

—¡Coralina! — Susurró con urgencia, y salió corriendo por los pasillos.

El eco de sus pasos resonaba en las piedras, mientras antorchas vacilantes proyectaban sombras alargadas en las paredes. Los guardias corrieron en dirección contraria, buscando al enemigo en los patios y murallas, dejando los pasillos interiores extrañamente vacíos. Cuando llegó a la puerta de su habitación, que compartía con su hija, el corazón de Ninoska latía a mil. Empujó con fuerza… y lo vio.

La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la luz azulada de la luna que entraba por la ventana entreabierta. Sobre la cama, Coraline dormía profundamente, con el rostro apacible. Y sentado al borde del lecho, con una calma siniestra, estaba Dissano. Su silueta alta y oscura parecía fundirse con la sombra. Una capucha cubría parte de su rostro, pero la luna iluminaba la curva de su sonrisa torcida. Su mano pasaba lentamente por el cabello de la niña, como si acariciara a una muñeca frágil.

Ninoska quedó helada en el umbral, sin aire en los pulmones, con un grito atrapado en la garganta. Él levantó la vista y sus ojos, brillando como cuchillas, la encontraron.

—¡Shhhh…! — Murmuró llevándose un dedo a los labios — No despiertes a la pequeña Flor del Desierto… — acarició de nueva la cabeza de Coraline, que susspiró en sueños — …o quizás tenga que marchitarla antes de tiempo.

Ninoska dio un paso adelante, pero su cuerpo entero temblaba.

—¡No los toques! — Susurró con desesperación.

Dissano rió en silencio, con un sonido áspero que hizo vibrar la estancia.

— Eres igual que antes, Ninoska… débil cuando más deberías ser fuerte. Pero escucha bien: desde ahora, harás lo que yo diga. O la “Pequeña Flor del Desierto” será la que pague el precio.

La amenaza quedó suspendida en el aire como una soga alrededor de su cuello. Entonces, con un movimiento ligero, se levantó. Pasó junto a ella, acariciando unos mechones de su cabello rubio y rozándole el hombro. El frío de su presencia la hizo estremecer hasta los huesos. El olor a humo y hierro la envolvió, y en un parpadeo, desapareció por la ventana abierta, como un espectro.

Ninoska se desplomó de rodillas, con lágrimas en los ojos, mirando a su hija dormir, ajena a todo. La abrazó sin despertarla, su corazón golpeando contra el suyo como si quisiera atravesar el pecho. El silencio de la habitación era insoportable. Dissano había estado allí, tocando lo más sagrado, lo más puro en su vida. La había amenazado de manera directa. Y ahora lo sabía: estaba atrapada en su juego, sin poder contarle a nadie lo que acababa de pasar. En su interior, lo supo: tenía que tomar una decisión radical, algo que nadie esperaría, algo que podría dolerle en lo más profundo, pero ya no había más opciones, iría a ver a Arthur.

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El sol apenas comenzaba a trepar sobre las murallas de Namhara, bañando los pasillos en un resplandor dorado. La calma engañosa de la mañana contrastaba con la agitación de la noche anterior. Ninoska caminaba deprisa, tomada de la mano de Coraline, que apenas alcanzaba a seguirle el paso. Al llegar al patio interior, Jhon ya la esperaba, apoyado contra una columna, con la espada colgada a la espalda y gesto cansado.

— Hermano… — dijo Ninoska con una sonrisa forzada, acariciando la mejilla de la niña — Quiero que te quedes con ella esta mañana.

Jhon arqueó una ceja.

—¿Qué planeas hacer?

— Solo… necesito un tiempo. Confío en ti… — respondió, impidiendo su mirada.

El guerrero miro a su hermana con desaprobación, pero suspir y ascendió. Se agachó para quedar a la altura de Coraline. Mientras Ninoska se giraba y se dirigía sus pasos al interior del palacio con determinación.

—Y qué vamos a hacer tú y yo, pequeña princesa?

Coraline sonrió, ilusoria.

—¡Quiero que me enseñes a pelear como a los soldados!

Jhon soltó una carcajada que resonó en el patio.

—¿Pelear? Pero si apenas puedes con una cuchara de sopa.

Ella infló las mejillas.

—¡No es cierto! Tengo fuerza.

Jhon se levantó y buscó entre las lanzas apiladas cerca de los guardias. Escogió una varilla de madera ligera y la partió en dos. Entregó a Coraline el trozo más corto.

— Está bien, guerra. Vamos a entrenar.

La niña tomó posición, imitando lo que había visto en los patios de práctica. Jhon exageró un gruñido, blandiendo su palo como si fuera una gran espada.

—¡Prepárate! Voy a atacarte.

Coraline se relajó de emoción y se lanzó hacia adelante, golpeando las piernas de su tío. Jhon fingio tropezar dramáticamente, cayendo al suelo con un quejido exagerado.

—¡Ah! ¡Me derrotaste! ¡El gran Jhon vencido por una pequeña princesa!

La niña rió a carcajadas, saltando alrededor de él con su palo levantado como trofeo. Pero cuando ella se giró de espaldas, Jhon dejó caer la sonrisa un instante. Sus ojos recorrieron los muros del palacio, las sombras en las ventanas, los guardias que parecían demasiado distraídos. El recuerdo de los establos en llamas y el símbolo grabado lo apuñaló como un recordatorio: Dissano seguía ahí, acechando. Enseguida volvió a fingir alegría, levantando a Coraline sobre sus hombros y girando con ella en el aire.

—¡Eres más fuerte que todos mis soldados juntos!

Coraline reía sin parar, ajena al filo de la amenaza que se cernía sobre ellos.

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— Señora Ilyra, tenemos una carta de su hijo para el señor Rhazim… — informo a un soldado entrando a la residencia de los Miller.

—¡Claro que pasen!

La mujer de estatura media, cabello café oscuro atado en una coleta baja, piel clara y ojos cafés y cansados, edad madura y andar pesado, dirigida al soldado al interior de la residencia. Su esposo se encontró en la biblioteca adormilado escondido detrás de un libro muy pesado. 

— Atashi, trae un mensaje de Arthur…

Rhazim bajo el libro molesto.

— ¿Qué quiere ahora ese muchacho?

El hombre alto de mirada seria y cabello negro, se levantó… su mirada aburrida y ojos negros… demasiado parecido a su hijo.

— No sabemos, señor Rhazim – expreso Atashi – Nos informó que tenía unos sellos que solamente usted puede abrir…

— Y los burlo… – añadió Rhazim con una sonrisa, al saber lo fácil que su hijo manejaba a la gente.

Atashi miro a su compañero Itzumo molestos consigo mismos. Ya tendría tiempo para hacer que Arthur pagara por su broma.

Rhazim tomo la carta y lo leyó mentalmente sin poder ocultar su sorpresa.

— Por favor, infórmenle a la Reina Isabelle que Arthur se tomará unos días más por asuntos personales que debe de solucionar en Namhara. Yo cubriré a mi hijo en sus responsabilidades si es necesario. Infórmenle que pasare más tarde a hablar personalmente con ella, hay algo que necesito discutir con mi esposa en privado.

Tanto misterio no hizo más que acrecentar el ojo de los guardias por no enterarse del mensaje y se marcharon rumbo a las oficinas de la Reina Isabelle. Ilyra miro a su esposo con preocupación. Su hijo nunca se tomó esas libertades, por más irrespetuoso que fuera.

—¿Qué pasa Rhazim? ¿Me pones nervioso? ¿Algo malo? – La mujer sonaba cada vez más desesperada.

— Arthur tiene una hija… – respondió Rhazim sin despegar la vista del papel.

El sonido de un golpe seco en el piso lo hizo girar. Rhazim respiro profundamente y carga a su esposa en brazos para llevarla hasta la habitación. Esta sería una larga espera…

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El sol aún estaba bajo, filtrándose por las celosías con un resplandor turbio, velado por la humareda que persistía en el aire. Los establos reales seguían siendo un esqueleto carbonizado, y el olor a ceniza se sentía en cada rincón del palacio. Said empujó la puerta de los aposentos de Pamela con paso recio. Llevaba los ojos rojos de no dormir y el peso del reino sobre los hombros. Detrás, dos guardias intentaron seguirle, pero él levantó la mano en seco para que se quedaran afuera. Pamela lo esperaba sentada junto a la cama, el rostro pálido, pero con un aplomo que sorprendió. El silencio entre ellos era denso, lleno de la furia de la noche anterior.

— El pueblo habla de señales, de castigos… — gruñó Said, rompiendo la quietud de sus aposentos — Yo solo veo el sello de un traidor que se ríe de nosotros en nuestra propia casa.

Pamela bajó la vista, sus dedos entrelazados sobre el regazo.

— Dissano no quiere solo reírse de ti, dijo. Quiere destruir lo que te sostiene…

El rey frunció el ceño, acercándose un paso.

—¿A qué te refieres?

Pamela alzó lentamente las manos y las apoyó en su vientre. Sus labios temblaron, pero su voz fue clara:

— Ahora estoy segura… — titubeo un momento nates de continuar — embarazada estoy.

La palabra cayó como un trueno. Said, que aún llevaba el gesto implacable del monarca, se detuvo de golpe. La dureza en su rostro se quebró, y el aire pareció escaparse de los pulmones.

—¿Un hijo…? —Susurró, con incredulidad.

Ella ascendió, los ojos humedecidos.

— Un hijo tuyo… Nuestro…

Said se dejó caer de rodillas frente a ella, tomó sus manos y las llevó a su frente. Todo el peso de la corona, de la noche y de la sangre en los establos, se disolvió en ese instante.

— Por todos los cielos… — murmuró con voz rota — Un hijo en medio de esta guerra.

Pamela acarició su rostro, sintiendo la suave piel de su rostro y la vulnerabilidad que nunca mostró ante nadie.

—Por eso debes entenderlo, dijo. Dissano no busca tu trono. Busca quebrar tu vida, tu sangre, lo que amas. A mí. A este hijo. A tu hermana, tu sobrina… Quiere el poder y estatus que iba a obtener al casarse con Ninoska y que el mismo se negoció al casi matar a Ninoska y hacer que por poco perdiera su embarazo… a Coraline…

Él cerró los ojos, con la mandíbula apretada.

— Entonces los protegeré con todo lo que soy. Con mi reino. Con mi espada. Con mi vida.

Ya no era el rey quien hablaba, sino el hermano, el tío, el esposo, el hombre, el futuro padre. Pamela apoyó la frente contra la de él, con firmeza.

— No me apartes de esta lucha. No quiero ser la sombra de tu guerra, dijo. Quiero luchar a mi manera… déjame apoyarte y ser tu escudo…

El silencio que siguió fue íntimo y solemne. Afuera, las campanas de la torre repicaban, convocando al consejo de guerra que guardaba por su rey. Pero en ese instante, en esa habitación, Said se permitió ser solo un hombre, abrazando a la mujer que llevaba en su vientre al futuro de Namhara.

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Ninoska Ponce Espinoza
Esta Novela es increíble! 🤩🥰🤩🥰
Esta incluso mejor que la anterior!!!
Me tienes atrapada y con ganas de leer más y saber lo que va a pasar ahora 🤩 con mi tocaya Ninoska 🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩
LoU: Mil gracias!! eres muy amable y especial..!! 💕🥰
total 5 replies
Rolin Ponce
Está muy interesante
Ya quiero leer más capitulos
Cuando subes más capitulos?
LoU: 😁Muchas gracias!!!
Espero que sigas disfrutando de esta novela!!!

se actualiza todos los días en horas de la mañana (hora de Centroamérica)💕
total 2 replies
Yraida Elizabeth Torres Seminario
muy buena 👌
LoU: 🥰💕 Muchas Gracias!!!
De verdad espero que puedas seguirla leyendo y disfrutando..!!

Te aseguro que se pondrá muchísimo mejor! 🥰💕🥰

También se actualiza todos los días... Un capítulo por día! 🥰💕😁☺️
total 1 replies
Ninoska Ponce Espinoza
Bien... me gusta vamos a ver como continúa! 🤩
LoU: 🥰 Gracias!!
Espero la disfrutes mucho! 🥰
total 1 replies
Ninoska Ponce Espinoza
Me gusta como inicia.... la seguiré leyendo... me parece interesante... muy interesante.... 🥰🥰
LoU: Muchas gracias! Espero te guste mi nuevo proyecto..!!
Esta es una Novela mucho más sustanciosa y larga ... con una trama mucho más complicada con amor, familia, política y traiciones🥰🥰🥰

Que la puedas disfrutar!!👏☺️👏☺️
total 1 replies
Ninoska Ponce Espinoza
Es una Nueva Novela... espero sea tan buena como la anterior! /Grin//Grin//Grin//Grin/
Espero mucho!
Ninoska Ponce Espinoza: 🤩🥰 🥰🤩 🥰🤩
total 2 replies
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