"A veces, el final de un matrimonio es solo el prólogo de tu verdadera historia de amor."
A sus 40 años, Elena creía tener la vida perfecta: un matrimonio sólido de dos décadas y una posición social envidiable. Todo se derrumba la noche en que descubre que su esposo, el frío y calculador Julián, no solo le es infiel, sino que planea dejarla en la ruina para iniciar una nueva vida.
Humillada y al borde del abismo, Elena decide que no será la víctima de esta historia. En su camino hacia la libertad, aparece Gabriel, un hombre mucho más joven, audaz y peligrosamente encantador, que ve en Elena la pasión y el fuego que Julián intentó apagar durante años.
Mientras Elena orquesta su venganza contra el hombre que la traicionó, deberá enfrentar sus propios prejuicios: ¿Es demasiado tarde para volver a amar? ¿O es este el momento perfecto para descubrir quién es ella realmente?
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capitulo 6
Cuando sus labios rozan los míos, el mundo exterior desaparece. No hay hospital, no hay infidelidad, no hay abuela enferma. Solo existe este momento, el sabor del vino y la calidez de su aliento. Es un beso lento, exploratorio, cargado de una urgencia contenida que me hace temblar. Sus manos bajan a mi cintura, atrayéndome hacia él, y yo me aferro a sus hombros como si fuera el único punto sólido en un universo que se desmorona.
Nos separamos jadeando un poco. Gabriel apoya su frente contra la mía.
—Te prometí que te enseñaría magia real —susurra.
—Creo que ya lo has hecho.
Pasamos el resto de la tarde en una especie de burbuja. Gabriel saca su cámara de nuevo, pero esta vez me pide que sea yo quien tome las fotos. Me enseña cómo ajustar el enfoque, cómo jugar con las sombras. Por un momento, me olvido de todo. Soy solo una mujer aprendiendo a ver el mundo a través de un lente, guiada por un hombre que parece creer que soy capaz de cualquier cosa.
Pero la realidad siempre tiene una forma de llamar a la puerta. Mi teléfono vibra en el bolso. Es un mensaje de la residencia de mi abuela.
"Estimada Sra. de la Torre, le informamos que el pago de este mes no ha sido procesado. Por favor, póngase en contacto con administración a la mayor brevedad para evitar inconvenientes en el servicio".
El frío me recorre la columna. Julián lo ha hecho. Ha cumplido su amenaza. Ha cortado el pago de la residencia para recordarme quién tiene el poder. La burbuja de paz que Gabriel había construido a mi alrededor estalla en mil pedazos.
—¿Qué pasa? —pregunta Gabriel, notando mi palidez.
—Es él —digo, poniéndome de pie con manos temblorosas—. Ha cortado el pago de la residencia de mi abuela. Quiere que vuelva a casa de rodillas. Quiere que sea la empleada de su amante a cambio de la vida de la única persona que me queda.
Gabriel se levanta y me toma de las manos, tratando de calmar mi temblor.
—No dejes que te gane, Elena. Hay otras formas.
—¿Cómo? No tengo dinero propio, Gabriel. Todo está a su nombre. Él lo controla todo. Mi abuela tiene Alzheimer, necesita cuidados constantes. Si la sacan de allí...
—Buscaremos una solución. No estás sola ahora.
Lo miro, y aunque agradezco sus palabras, sé que su mundo de fotos y arte no puede pagar las facturas de una residencia de lujo. Esto es la guerra, y Julián acaba de lanzar su primer ataque directo al corazón.
Me despido de Gabriel con un beso rápido, cargado de una tristeza que no puedo ocultar. Necesito pensar. Necesito actuar. Camino hacia mi coche y veo a través del cristal mi propio reflejo. El cabello corto, los labios rojos. Ya no soy la mujer que se deja pisotear.
Si Julián quiere usar a mi abuela como moneda de cambio, le voy a demostrar que ha cometido el mayor error de su carrera. Él cree que tiene el control porque tiene el dinero, pero se olvida de que yo tengo la verdad. Y la verdad, cuando se lanza con la fuerza de alguien que no tiene nada que perder, puede destruir cualquier edificio, por muy sólidos que sean sus cimientos.
Conduzco de regreso a la mansión. Al entrar, la casa está en silencio, pero sé que me están esperando. Veo la luz del despacho de Julián encendida. Camino hacia allí, con el bolso apretado contra el costado y el mensaje de la residencia grabado en mi mente como una marca de fuego.
No voy a suplicar. No voy a pedir perdón. Voy a reclamar lo que es mío por derecho de supervivencia.
Entro en el despacho sin llamar. Julián está sentado tras su escritorio de roble, con una expresión de triunfo que me revuelve las entrañas.
—Vaya, la hija pródiga vuelve a casa —dice, cerrando su portátil—. Supongo que has recibido una notificación interesante hoy, ¿verdad?
—Has caído muy bajo, Julián. Usar a una anciana enferma para demostrar tu hombría es lo más patético que has hecho nunca.
Él se encoge de hombros con una indiferencia que me hiela la sangre.
—Es una transacción comercial, Elena. Yo pago por servicios. Si tú dejas de prestar tus servicios como esposa, yo dejo de prestar mi apoyo financiero. Es simple. Es lógico.
—Lo que es, es una extorsión.
—Llámalo como quieras. Pero mañana es el último día para regularizar el pago. Si no aceptas las nuevas reglas de esta casa, si no aceptas a Rebeca y tu lugar en este nuevo orden, tu abuela estará en la calle a mediodía. Tú eliges.
Miro a Julián. Miro al hombre con el que compartí mi cama y mis sueños durante nueve años. Ya no queda nada de él en este monstruo de ego y control. Y en ese momento, siento una claridad absoluta.
—¿Sabes qué, Julián? Tienes razón. Las reglas han cambiado. Pero no solo las tuyas.
Salgo del despacho y subo las escaleras. No voy a la habitación de invitados. Voy a nuestro antiguo dormitorio. Rebeca está allí, probándose mis joyas frente al espejo. Se gira, sorprendida por mi entrada brusca.
—¡Elena! No puedes entrar así...
—Cierra la boca, Rebeca —le digo con una voz tan gélida que se queda muda—. Disfruta de la cama y de las joyas mientras puedas. Porque el incendio que está a punto de empezar en esta casa os va a quemar a los dos.
Me encierro en el vestidor y saco mi portátil. Si Julián quiere jugar sucio, yo voy a jugar de forma definitiva. Empiezo a redactar un correo. No es para él. Es para el consejo de administración de su firma de arquitectura. Tengo pruebas de sus desvíos de fondos para pagar los caprichos de su amante bajo el concepto de "gastos de representación". Tengo las fotos de las facturas que encontré hace meses y que guardé "por si acaso".
Él cree que estoy muriendo y que eso me hace débil. No sabe que morir me ha dado el permiso definitivo para destruirlo todo antes de irme.
Mis dedos vuelan sobre el teclado. Mi corazón late rápido, pero mi mano está firme. El juego de la "buena esposa" se ha terminado. Ahora empieza el turno de la mujer que no tiene nada que perder. Y Julián de la Torre no sabe lo que es tener a un enemigo que ya ha aceptado su propio final.