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Dulce Venganza

Dulce Venganza

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Traiciones y engaños / Dejar escapar al amor / Completas
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: ISA Miranda

Miranda y Laura han sido inseparables desde la infancia. Sin embargo, su amistad se ve puesta a prueba cuando Laura se enamora del novio de Miranda, David, y queda embarazada. La traición de Laura hiere profundamente a Miranda, quien decide llevar a cabo una venganza bien planificada, que culminará en una inesperada revelación

NovelToon tiene autorización de ISA Miranda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cicatrices en el Palacio

Miranda

‎—¡Marian, por favor, el tiempo corre! —exclamé desde la sala, ajustando por tercera vez el cuello de mi blusa de seda color perla.

‎‎El día exigía una presencia impecable. Mi vestimenta —un traje sastre de corte italiano en tono azul marino y tacones de aguja— era mi armadura profesional. Debíamos llegar puntuales a la visita de reconocimiento en Fuerte Tiuna. Había aceptado el cargo de psicóloga temporal de la nieta del Presidente no por el capital político que eso representaba, sino por la joven. Una parte de mí, esa que aún conservaba una empatía casi dolorosa que no lograba erradicar, sentía la necesidad de rescatarla de lo que intuía era una farsa dorada.

‎‎—Mami... mi muñeca no aparece —la voz quebrada de mi hija me hizo girar.

‎‎Marian estaba allí, pequeña y vulnerable. Sus ojos azules, tan parecidos a los David, pero cargados de una inocencia que yo había perdido hace mucho, estaban anegados en lágrimas. Vestía un vestido de algodón rosa con pequeños bordados de flores y unas sandalias blancas; parecía una estampa de fragilidad. Se abrazó a mis piernas con fuerza, escondiendo el rostro en la tela de mi pantalón.

‎‎—Cielo —tragué el nudo de ansiedad en mi garganta y la alcé en brazos. Su peso era el único ancla que me mantenía cuerda—. No llores, mi princesa, porque si tú lloras, mami también lo hará y así no podremos encontrar a Mandy.

‎‎Marian asintió, hipando contra mi cuello. Le acaricié el cabello rubio, tratando de transmitirle una calma que yo misma no poseía. En momentos así, el vacío que dejaba la ausencia de Cristian se sentía como un abismo. Él había viajado a Mérida a visitar a su familia; era justo, pero su partida me dejaba sola ante una posible rabieta "nivel 5" que amenazaba con desbordarme.

‎‎Con Marian en brazos, me dirigí a la habitación de Cristian. Recordé que anoche, antes de que el sueño los venciera, los tres habían estado viendo La princesa y el sapo allí. Al entrar, el aroma de su perfume —madera y cítricos— me golpeó los sentidos. Era su santuario: ordenado, con libros de ingeniería y crónicas de viaje apilados meticulosamente. La luz de la mañana se filtraba tímidamente por las cortinas cerradas, bañando los monitores apagados de su escritorio.

‎‎—¡Mandy! —chilló Marian, señalando el borde de la cama.

‎‎La bajé con cuidado y, mientras ella abrazaba a su muñeca de trapo, mi mirada cayó sobre un cuaderno de cuero sobre el escritorio. La curiosidad, ese defecto profesional, me venció. Lo abrí en una página marcada.

‎‎"Últimamente, Miranda ocupa cada uno de mis pensamientos silenciosos. Es una confesión que me quema la garganta: creo que me he enamorado de ella. Pero sé que este sentimiento es una sentencia al aislamiento; nuestras vidas están demasiado entrelazadas, somos familia por elección, y el riesgo de romper lo que tenemos es demasiado alto. Sin embargo, mi corazón no entiende de conveniencias ni de realidades..."

‎‎Cerré el cuaderno de golpe, sintiendo un torbellino en el pecho. Lo sabía, siempre lo había sospechado, pero leerlo lo hacía real, tangible y peligroso.

‎‎—Vamos al trabajo, mi niña grande —dije con la voz un poco ronca, recuperando la compostura a la fuerza.

‎‎El trayecto hacia el complejo militar fue una transición entre dos mundos. Fuerte Tiuna se alzaba como una ciudad dentro de la ciudad; una extensión de hectáreas custodiadas por muros de concreto y alambre.

‎‎—Mami, ¿qué es este lugar tan grande? —preguntó Marian, pegando la nariz al cristal del auto.

‎‎—Es Fuerte Tiuna, amor. Aquí viven los superhéroes que cuidan la ciudad.

‎‎Al llegar a la alcabala principal, la majestuosidad militar se impuso. Soldados con uniformes de campaña pixelados, botas perfectamente lustradas y fusiles al hombro patrullaban con una disciplina rítmica. Los tanques y vehículos blindados estacionados a lo lejos daban una sensación de poder absoluto.

‎‎—Buenos días —saludé al guardia, entregando mi credencial.

‎‎—Psicóloga Miranda Rinaldi. Bienvenida —respondió el hombre con una seriedad marcial.

‎‎—¿Tú eres un superhéroe? —interrumpió Marian con los ojos muy abiertos—. Mami, parece un príncipe, pero con traje de superhéroe.

‎‎El guardia, un joven de facciones fuertes pero mirada amable, se descolocó por un segundo. Luché por no reír.

‎‎—Seguro es un príncipe que se escapó del palacio porque su sueño era proteger a los demás, como Mérida —le dije al guardia, guiñándole un ojo para que me siguiera el juego.

‎‎El militar sonrió de forma cómplice y algo coqueta.

‎‎—¿Cómo es que esta niña sabe mis secretos? —bromeó.

‎‎—Soy bruja —sentenció Marian con toda la seriedad del mundo.

‎‎Tras una risa compartida, el guardia me entregó los pases y, para sorpresa de ambas, le extendió a Marian una pequeña bola de nieve que tenía en su garita. Dentro, un pequeño soldado de plomo que montaba guardia.

‎‎—Para que te proteja siempre, pequeña bruja —dijo antes de indicarnos el camino a la Manzana 4.

‎‎La casa presidencial era una estructura imponente, rodeada de jardines que parecían sacados de una revista. Dejé a Marian bajo el cuidado de dos empleadas de confianza en el jardín y me dirigí a la terraza, donde Lucero me esperaba.

‎‎Lucero vestía ropa holgada, como si quisiera desaparecer dentro de ella. Sus ojos cafés, profundos y tristes, estaban fijos en el azul de la piscina.

‎‎—Doctora Rinaldi, está perdiendo su tiempo —soltó sin mirarme—. No necesito que me diga lo que ya sé.

‎Me quité los lentes y me senté frente a ella, adoptando una postura relajada pero atenta.

‎‎—Lucero, no estoy aquí para darte un sermón de manual. Estoy aquí porque sé que el silencio quema. ¿Quién te hizo creer que tu dolor es algo que debes llevar sola?

‎‎La joven apretó los puños. Su respiración se volvió errática.

‎‎—Él... —su voz se quebró—. Me decía que ser la nieta del presidente no me servía de nada si no podía siquiera defenderme de él. Que yo era solo un objeto más en su colección.

‎‎El aire se volvió pesado. Mi lado racional pedía calma, pero mi instinto me gritaba que buscara el nombre del responsable para destruirlo.

‎‎—¿Él abusó de ti, Lucero? —pregunté con una suavidad casi etérea.

‎‎Ella asintió y las lágrimas finalmente rompieron la presa.

‎‎—Me hizo sentir insignificante. Cada vez que me tocaba, sentía que mi alma se ensuciaba. Y ahora, todo el mundo me mira como si fuera de cristal, o peor, como si fuera una víctima que da lástima.

‎Me acerqué y tomé sus manos frías entre las mías.

‎‎—Escúchame bien. No eres una víctima, eres una sobreviviente. Y este lugar... —miré hacia las paredes de la casa, notando a los empleados merodeando en las sombras— ... tiene demasiados oídos. No quiero que te sientas observada aquí. Te propongo algo: mis próximas sesiones serán en mi consultorio privado, fuera de estas rejas. Un lugar neutral donde puedas gritar, llorar o quedarte en silencio sin que nadie le reporte a tu abuelo cada uno de tus gestos.

‎‎Lucero me miró, y por primera vez, vi una chispa de esperanza genuina en sus ojos.

‎‎—¿De verdad?

‎‎—De verdad. Vamos a sacar ese dolor de tu pecho, pieza por pieza, hasta que vuelvas a ser dueña de ti misma.

‎‎Al salir de Fuerte Tiuna, el peso de la sesión me tenía agotada, pero ver a Marian jugar con su bola de nieve en el asiento trasero me devolvió la paz.

‎‎—Mami, tengo hambre de superhéroe —anunció ella mientras cruzábamos la Plaza Altamira.

‎‎Decidí que ambas necesitábamos un baño de realidad y normalidad. Nos detuvimos en un carrito de comida callejera, un clásico de Caracas. Pedimos dos hamburguesas "con todo" y nos sentamos en un banco del parque cercano.

‎‎—¡Mami, tiene muchas papitas! —exclamó Marian, con la cara ya manchada de salsa de tomate y mostaza.

‎‎La observé comer con un apetito voraz, ajena a los secretos de estado, a los amores no correspondidos de Cristian y al dolor desgarrador de Lucero. Allí, bajo el sol de la tarde, mientras el ruido del tráfico se mezclaba con la risa de mi hija, me permití suspirar. El camino con Lucero sería largo y oscuro, y mi situación con Cristian era un campo minado, pero al menos por ese momento, la hamburguesa sabía a gloria y el mundo parecía estar en orden.

‎‎—Mañana será otro día, Mandy —le susurré a la muñeca que reposaba sobre la mesa, mientras limpiaba la mejilla de mi pequeña.

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Delyiris Rogeris Perez Mecia
gracias por la historia, fue un viaje interesante
Delyiris Rogeris Perez Mecia
es una novela increíble, llena de giros inesperados que enganchan desde el primer momento
Martha Ordoñez
bien. bien por lo que leí interesante gracias bendiciones
Martha Ordoñez
muchas gracias bonita novela bendiciones
Martha Ordoñez
gracias mi querida autora por escribir una bonita historia bendiciones
ISA Miranda: para mí fue un placer escribir está historia
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Martha Ordoñez
bonitos capítulo gracias
Martha Ordoñez
bonitos capitulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
bendiciones escritora y gracias por estos intensos capitulos
Martha Ordoñez
gracias gracias escritora por subir más capitulos bendiciones
Carlos Robledo
muy buena historia solo que me dejas en suspenso saludos desde León,GTO México
ISA Miranda: el suspenso es bueno 🙃🙃 pero tranui que hoy actualizo
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Martha Ordoñez
muy interesantes los capítulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
gracias gracias por subir más capitulos bendiciones escritora
Martha Ordoñez
bien bien por los capítulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
que bonito capitulo gracias
Martha Ordoñez
más capitulos porfi bendiciones escritora
ISA Miranda: tranquis que hoy nos toca caps
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Carlos Robledo
que romántico
ISA Miranda: sí, se puede decir que es la calma antes de la tormenta 🤫🤫
total 2 replies
Carlos Robledo
muy buenos capitulos ya los extrañaba
ISA Miranda: yo también los extrañaba 🥺
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Martha Ordoñez
muy bonitos los capítulos bendiciones escritora gracias más capitulos porfi
ISA Miranda: veré si mañana actualizo, debido a que la historia está llegando a su fin y quiero que el capitulo siguiente sea muy productivo
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Carlos Robledo
muy buena la historia me tiene atrapada y súper emocionada
Carlos Robledo
muy buena l historia me tiene atrapada hace que mi imaginación vaya recreando cada palabra, ya que me encanta leer
ISA Miranda: gracias, está historia se a vuelto muy importante para mí
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