Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capitulo 14
—Saludos, padre.
Dio sus respetos con una reverencia medida, perfecta, ensayada… O tal vez simplemente natural en él. El silencio que siguió después no fue incómodo ni pesado. Draven, por su parte no respondió de inmediato, sus ojos se posaron sobre su hijo con detenimiento recorriéndolo con una mirada analítica, casi evaluadora no había dureza pero tampoco calidez evidente solo observación. Silas se incorporó con la misma precisión con la que se había inclinado, quedando nuevamente frente a él, firme sin mostrar señales de nerviosismo. Y en ese instante, algo quedó claro… padre e hijo se parecían mucho, ya fuera en postura o en la forma de mirar o incluso en esa quietud que imponía más que cualquier palabra. Pero… no eran cercanos, no había gestos espontáneos ni sonrisas compartidas, ni esa conexión invisible que suele unir a una familia. Era como si ambos entendieran perfectamente quién era el otro , pero nunca hubieran intentado realmente acercarse.
Draven finalmente habló.
—Solo fueron unos años… —dijo con voz baja, profunda. Hizo una pequeña pausa, como si midiera sus propias palabras. — Ya tienes diez años… pero has crecido bastante. —dijo. Sus ojos permanecieron fijos en él. Y entonces, añadió —Es bueno tenerte de vuelta.
La frase salió firme, pero completamente natural. Hubo un leve cambio en su tono casi imperceptible, como si no estuviera acostumbrado a decir ese tipo de cosas. Carraspeó suavemente desviando la mirada por un breve segundo.
—Tu madre… te ha extrañado mucho.
Silas, solo escuchaba cada palabra sin interrumpir, sin moverse … pero algo en su expresión cambió; no de forma evidente para cualquiera … pero si lo suficiente. Bajo ligeramente la mirada como si esas palabras hubieran tenido más peso de lo que esperaba.
—Gracias, padre… —respondió en voz baja, con una leve inclinación de cabeza.
Alice seguía junto a Seraphina, girando el anillo de jade verde entre sus dedos, estaba totalmente absorta en el, viendo como la luz se reflejaba en la piedra con pequeños destellos. Cualquiera diría que su atención estaba cien por ciento ahí… pero no. De reojo, no dejaba de mirar a su padre que continuaba de pie a unos pasos, erguido como siempre, con esa postura impecable y la misma expresión de siempre. Alice entrecerró los ojos apenas, y pensó con fuerza, como si casi le hablara directamente.
“¿Por qué no dices que también lo extrañaste? Claramente es lo que sientes, pero te niegas a admitirlo”— pensó, mientras sus dedos seguían girando el anillo—”Aparentando ser duro… pero en realidad eres todo lo contrario. Si hasta te tembló la voz al hablar … admítelo ya, padre perro “
Draven no respondió, pero esta vez no solo su mandíbula se tenso. Hubo un leve cambio en su mirada. Casi imperceptible, como si… esas palabras no le fueran ajenas. Alice ajena a todo eso, sonrió para sí misma y siguió jugando con el anillo. Pero entonces su atención cambió; sus ojos se deslizaron hacia el niño que seguía de pie junto a Draven. Alto para su edad, cabello y ojos idénticos a los suyos, pero intensos. Y esa postura rígida… demasiado perfecta.
Alice parpadeó.
“¿A ver…? Ese debe ser mi hermano mayor, ¿no?”
Sus ojos se iluminaron al instante.
“¡Es muy guapo! Mejor de lo que se cuenta en la novela…”
Se inclinó un poco hacia adelante, observandolo con descaro.
“Sistema, de prisa. Dame más información sobre mi hermano Silas.”
La voz del sistema respondió en su mente, clara y neutra.
[ Silas Sigrid Elowen. Diez años . Primogénito del emperador Draven Sigrid y la consorte real Seraphina Elowen. Su temperamento y carácter son calcados al de su padre: frío, contenido, disciplinado e intimidante para cualquiera que no sea familia cercana. Excelente en estrategia militar, cortesano desde los seis años. Es considerado un prodigio por los generales y un mini-emperador por los sirvientes. Aparenta ser duro, pero en realidad es débil ante su madre. Se derrite con tan solo una sonrisa suya; frente a ella baja la guardia por completo. También es extremadamente protector con su hermana menor..]
Alice soltó una pequeña risa. “ ¿En serio? ¿El mini-emperador se pone rojo por una caricia de mamá? Eso es adorable.”
Silas, que hasta ese momento se mantenía completamente inmóvil , sintió algo extraño. Sin mover un músculo de su rostro, sus ojos se desviaron apenas un milímetro, y un sutil sonrojo apareció en sus orejas avergonzado.
“Al parecer madre tenía razón…puedo escuchar la voz interior de mi hermana menor. Pero hermana… ¿de verdad tenías que decir eso ?”
Alice, completamente ajena, seguía divirtiéndose. Pero entonces el sistema volvió a hablar.
[ Lamentablemente, su final no fue muy bueno ]
La sonrisa se le borró al instante, y todos posaron su mirada en ella ansiosos.
“¿Qué ? ¿Qué quieres decir?”—pregunto y la respuesta llegó fría.
[ Después del asesinato de la consorte, como familiar solo le quedabas tú. Pero debido a tu muerte, Silas terminó enloqueciendo. La culpa y la soledad lo consumieron por completo. En medio de la locura incendio todo el palacio… cerrando todas las puertas,se encerró en su habitación…dejando el complejo imperial reducido a cenizas. Murió en el fuego junto con gran parte de la corte.]
Silencio…
Alice levantó la mirada lentamente hacia Silas. Lo observó diferente, ya no con curiosidad, no con diversión… sino con tristeza.
“Qué triste…”
Sus dedos se tensaron alrededor del anillo. Y entonces, su mirada se movió directo hacia Draven. Sus ojos se entrecerraron.
“Pero claro… de no ser por tener a este padre tan ciego… ¿Cómo perdería a una madre… y un hermano tan bueno?”
Seraphina lo escuchó todo. Cada palabra, cada juicio. Su cuerpo se tensó visiblemente esta vez y al no poder con todo terminó balanceándose un poco, como si estuviera a punto de caerse. Silas al verlo fue rápidamente hacia ella para sostenerla, y Draven se acercó , intentando ayudar también… pero por alguna razón ella no dejó que lo tocara.
—¿Cómo podría ser…?— dijo sin añadir nada más, solo… miro a su hijo que seguía a su lado.
Mientras tanto, Alice permanecía de pie, pérdida en sus pensamientos.
y si como dijeron los secuestradores el emperador es tan tonto sabiendo en el peligro que está su familia no les a proporcionado seguridad 😡
unnn algo no cuadra con el hermano🤔
ojalá esta vez lo plane vien