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Renaci Con Mi Peor Enemigo

Renaci Con Mi Peor Enemigo

Status: Terminada
Genre:Escuela / Reencarnación / Amor-odio / Completas
Popularitas:6k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ellos son enemigos mortales en la escuela tras morir juntos en un accidente renacen en una novela dónde son los villanos

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 16

—Alma…

Xie Lang señaló sus labios con el dedo índice, mirándola con unos ojos tan brillantes que parecía un cachorro esperando una recompensa.

Alma contempló aquel rostro apuesto.

Luego miró el documento que certificaba que su esposo había obtenido el primer puesto en los exámenes imperiales.

Después volvió a mirar sus labios.

—¿Qué?

—Mi beso.

—¿Tu qué?

—Mi beso de recompensa. —Xie Lang inclinó la cabeza—. Estudié durante meses, aprobé los exámenes y conseguí el primer puesto. Incluso soporté que me hicieras memorizar textos hasta que sentía que mi cerebro iba a explotar. Creo que merezco una recompensa.

Alma apretó los dientes.

¡Maldito sinvergüenza!

¿Quién habría imaginado que el antiguo enemigo que solía discutir con ella por cualquier tontería se convertiría en un hombre capaz de pedir besos con tanta desvergüenza?

—Te prometí un beso si aprobabas —respondió ella, levantando la barbilla—. Pero nunca especificamos cuándo te lo daría.

Xie Lang se quedó inmóvil.

—¿Estás intentando engañarme?

—¡Por supuesto que no! Soy una mujer honorable.

Loto, que estaba detrás de ellos, bajó la cabeza para ocultar su sonrisa.

La duquesa se llevó una mano a los labios, intentando contener la risa.

—Querida, creo que mi hijo tiene razón. Hiciste una promesa y deberías cumplirla.

Alma giró lentamente la cabeza hacia su suegra.

—Madre, ¿también va a ponerse de su lado?

—No me pongo del lado de nadie. Simplemente creo que los esposos deben cumplir sus promesas.

—¡Exactamente! —exclamó Xie Lang, recuperando el ánimo—. ¡Madre es una mujer sabia!

—Tú cállate.

El joven marqués cerró la boca inmediatamente.

La duquesa observó a su hijo con asombro.

¡Qué maravilla!

Antes de casarse, Xie Lang habría discutido incluso con el emperador si alguien intentaba obligarlo a hacer algo que no quería. Sin embargo, ahora su esposa solo necesitaba mirarlo para que se quedara callado.

La duquesa decidió que, si su nuera conseguía mantener a su hijo por aquel camino, estaba dispuesta a darle cualquier cosa que necesitara.

Incluso otras tierras, si hacía falta.

Alma, por su parte, no tenía idea de que acababa de ganarse una aliada tan generosa.

Estaba demasiado ocupada buscando una salida.

—Está bien —dijo de pronto.

Xie Lang levantó la cabeza.

—¿De verdad?

—Sí. Ven aquí.

Él se acercó tan rápido que Alma tuvo que contener las ganas de retroceder.

—Cierra los ojos —ordenó ella.

Xie Lang obedeció.

Sus pestañas descendieron sobre sus mejillas. El hombre que acababa de superar a los mejores eruditos del imperio parecía incapaz de pensar en otra cosa que no fuera el beso que estaba a punto de recibir.

Alma se puso de puntillas.

Se acercó a su rostro.

Y le dio un beso en la frente.

—Listo. Recompensa entregada.

Xie Lang abrió los ojos.

Silencio.

Un silencio profundo, devastador.

—¿En la frente? —preguntó.

—¿Tienes algún problema con mi técnica?

—¡Me prometiste un beso!

—¡Y te di uno!

—¡Pero yo quería aquí!

Se señaló los labios con desesperación.

Alma cruzó los brazos.

—Deberías haber especificado el lugar en el contrato.

Xie Lang la miró como si acabara de descubrir una conspiración internacional.

—¡Eres una estafadora!

—¡Y tú eres un marido demasiado exigente!

—¡Voy a presentar una queja!

—¡Preséntala! ¡A ver si el emperador te concede una audiencia para reclamar un beso de tu esposa!

Loto soltó una carcajada.

La duquesa ya no intentó disimular la suya.

Xie Lang se llevó una mano al pecho, fingiendo estar profundamente herido.

—Madre, ¿has visto cómo me trata?

—La he visto darte un beso —respondió ella con serenidad—. Creo que deberías estar satisfecho.

—¡Pero no fue donde yo quería!

—Entonces tendrás que esforzarte más para ganarte otro.

La expresión de Xie Lang cambió al instante.

Miró a su madre.

Después miró a Alma.

Y una sonrisa peligrosamente radiante apareció en su rostro.

—Tienes razón.

Alma sintió un escalofrío.

—¿Por qué sonríes así?

—Nada, esposa mía. Solo estoy pensando en mis próximos objetivos.

—¿Qué objetivos?

—El segundo puesto en el próximo examen no será suficiente. Tendré que conseguir algo todavía más impresionante.

—¿Para qué?

Xie Lang se inclinó hacia ella y susurró:

—Para conseguir que me beses en los labios.

Alma lo empujó por la cara.

—¡Estudia por tu cuenta, pervertido!

Aquella tarde, Alma regresó a sus habitaciones acompañada por Loto.

Apenas cruzó la puerta, se dejó caer sobre un diván.

—Estoy agotada.

—Pero, señora, hoy el joven marqués obtuvo el primer puesto y la duquesa está muy contenta. Además, usted ha conseguido que su esposo vuelva a estudiar. ¿No debería estar feliz?

Alma levantó una mano.

—Estoy feliz por las tierras.

—Por supuesto.

—Y porque Mino aprobó.

—Naturalmente.

—Y porque no tendremos que vivir huyendo de la familia imperial por culpa de sus malas decisiones.

—Eso también es importante.

Alma se incorporó y miró a su sirvienta.

—¿Por qué siento que te estás burlando de mí?

Loto bajó la cabeza.

—Jamás me atrevería.

—¡Estás sonriendo!

—Es que… el joven marqués parece muy feliz cuando usted lo felicita.

Alma guardó silencio durante un instante.

Recordó la expresión de Mino cuando ella saltó a sus brazos al descubrir que había quedado en primer lugar.

Él se había sonrojado.

Había intentado fingir que le avergonzaba que los demás los miraran, pero sus brazos la habían sujetado con fuerza y no parecía tener ninguna intención de soltarla.

También recordó cómo se había quedado mirándola después de que ella le diera aquel beso en la frente.

Qué extraño.

En su vida anterior, Mino siempre la provocaba. Discutían por las calificaciones, por los trabajos escolares, por cualquier estupidez que se les cruzara por delante.

Ella estaba convencida de que él disfrutaba arruinándole el día.

Jamás habría imaginado que aquel mismo muchacho pudiera mirarla como si fuera la persona más importante del mundo.

Alma frunció el ceño.

—Loto, ¿crees que Mino está enfermo?

La sirvienta parpadeó.

—¿Enfermo?

—Sí. Tal vez tiene fiebre o algo parecido. Se comporta de una manera muy extraña.

—Señora, el joven marqués lleva meses comportándose así.

—¡Precisamente! ¡Eso es lo preocupante!

Loto se tapó la boca.

Alma volvió a recostarse.

No podía permitirse distraerse con semejantes tonterías. Tenía asuntos mucho más importantes que atender.

Necesitaba conseguir sus tierras, establecer una fuente de ingresos independiente y descubrir cómo evitar el destino fatal de Juner en la novela original.

Y, sobre todo, debía impedir que Xie Lang se enamorara de la princesa perdida.

Porque si Mino seguía la trama original y se convertía en un hombre dispuesto a cometer traición por una mujer, ambos terminarían condenados.

No voy a morir por culpa de una historia romántica absurda.

Alma se incorporó de golpe.

—¡Loto!

—¡Sí, señora!

—Prepara papel y tinta.

—¿Va a escribir una carta?

—No. Voy a redactar un contrato matrimonial.

Loto inclinó la cabeza, confundida.

—¿Un contrato matrimonial? Pero usted ya está casada.

—¡Lo sé! ¡Ese es precisamente el problema!

Cuando Xie Lang regresó por la noche, encontró a su esposa sentada frente a una mesa, rodeada de hojas.

Al verla tan concentrada, sonrió.

—¿Qué haces, esposa mía?

Alma levantó una hoja.

—Un documento que mejorará nuestras vidas.

Él se sentó a su lado.

—¿Es una carta de amor?

—Es un contrato.

—Ah.

Su sonrisa desapareció un poco.

Alma le entregó el documento.

—Léelo.

Xie Lang lo tomó con entusiasmo. Sin embargo, a medida que avanzaba por las líneas, su expresión se volvió cada vez más extraña.

—¿Qué significa esto?

—Es sencillo. Como estamos casados, debemos establecer ciertas normas para convivir sin matarnos.

—¿Por qué hay una cláusula que dice que no puedo pedir besos fuera de las recompensas acordadas?

—Porque eres un aprovechado.

—¿Y por qué dice que no puedo abrazarte sin autorización?

—Porque te cuelgas de mí como un koala.

—¡Pero soy tu esposo!

—Y yo soy tu esposa, no tu almohada.

Xie Lang apretó el documento.

Había otras cláusulas.

No podía seguirla a todas partes.

No podía interrumpir sus siestas.

No podía usar su posición de esposo para obligarla a participar en actividades románticas.

Y, por encima de todo, debía respetar su derecho a pedir el divorcio cuando lo considerara necesario.

Xie Lang dejó de leer.

—Esta última cláusula no la voy a aceptar.

—No te estoy preguntando si la aceptas. Te estoy informando.

—¡Entonces yo también añadiré una cláusula!

Alma lo miró con desconfianza.

—¿Cuál?

Él tomó el pincel.

Escribió con una caligrafía impecable:

«La esposa deberá reconocer, al menos una vez al día, que su marido es un hombre extraordinario, apuesto, inteligente y digno de ser amado».

Alma leyó la frase.

Después levantó lentamente la cabeza.

—¿Estás loco?

—También añadiré una sanción por incumplimiento.

—¡Ni se te ocurra!

Xie Lang sonrió y escribió una segunda línea.

«Por cada día de incumplimiento, la esposa deberá conceder un beso adicional».

Alma se quedó mirándolo.

Él la miró a ella.

Durante tres segundos, ninguno dijo nada.

Entonces Alma agarró el documento, lo hizo una bola y se lo lanzó a la cara.

—¡¡¡MUÉRETE, MINO!!!

Xie Lang atrapó el papel antes de que cayera al suelo.

—¡No puedes asesinar a tu marido por proponer una negociación razonable!

—¡Eso no era una negociación! ¡Era una trampa!

—¡El amor requiere sacrificios!

—¡PUES SACRIFÍCATE TÚ!

Las risas de Loto se escucharon desde el exterior de la habitación.

Xie Lang contempló a su esposa, que estaba roja de indignación, y no pudo evitar sonreír.

Seguía siendo la misma Alma de siempre.

La chica que lo insultaba, lo golpeaba cuando se pasaba de la raya y se negaba a reconocer que podía tener buen corazón.

Pero ahora estaba allí.

Bajo el mismo techo que él.

Era su esposa.

Y, aunque ella todavía no lo comprendiera, Xie Lang no necesitaba que lo amara de inmediato.

Podía esperar.

Después de todo, había pasado años enamorado de ella sin atreverse a decirlo.

¿Qué importaban unos meses más?

Alma, entretanto, le arrebató el documento de las manos y lo rompió en cuatro pedazos.

—¡Se acabó! ¡No habrá más contratos!

Xie Lang asintió obedientemente.

—Está bien, esposa mía.

Ella entrecerró los ojos.

—¿Por qué estás tan tranquilo?

—Porque mañana volveré a estudiar.

—¿Y eso qué tiene que ver?

Él sonrió con dulzura.

—Quiero ganarme otro beso.

Alma agarró el cojín del diván.

Xie Lang salió corriendo antes de que pudiera golpearlo.

—¡TE VOY A DIVORCIAR!

—¡TE AMO TAMBIÉN!

—¡¡¡NO TE HE DICHO QUE TE AMO!!!

La puerta se cerró de golpe.

Xie Lang se quedó en el pasillo, abrazando los pedazos del contrato contra su pecho.

Su esposa acababa de amenazarlo por quinta vez aquel día.

Sonrió.

Definitivamente, el matrimonio era maravilloso.

Y dentro de la habitación, Alma se cubrió la cara con ambas manos.

—Estoy casada con un idiota…

Hizo una pausa.

—Un idiota que sacó el primer puesto en los exámenes imperiales.

Otra pausa.

—¡MALDITA SEA! ¡ENCIMA ES INTELIGENTE!

1
Taurel
capítulos atrás dijeron que el emperador era su padre, y que la apreciaba mucho, ya aquí hay incoherencia
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Taurel
hasta el momento me cae fatal se me hace miro mucho para ella
Taurel
hay ya mejor porque no madura está vieja que actitud tan horrible
Bea Ro
hermosa novela
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Nena
muy interesante
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
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