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Divorciémonos, me casaré con tu hermano

Divorciémonos, me casaré con tu hermano

Status: En proceso
Genre:Matrimonio contratado / Malentendidos / Amante arrepentido / Divorcio / Casada Con Mi Ex's Familiar
Popularitas:121.7k
Nilai: 5
nombre de autor: MeriGrei

A pocos meses de haberse casado con Diego Alcázar, Valeria descubre que este, le es infiel con Camila, el supuesto amor de Diego. Ante tal descubrimiento, Valeria sale huyendo del hotel y es atropellada.
Al despertar descubre que ni su esposo, ni la familia de este, han ido a verla, y que fue un extraño quien la llevo al hospital y pago sus gastos. Tras el alta y al volver a casa descubre que su suegra ya ha sacado todas sus cosas y asegura que Camila es la mujer que si acepta para su hijo.
Es en ese momento de desesperación, le llega un mensaje y termina encontrándose con el hombre que la llevo al hospital, Santiago Alcázar, el medio hermano de Diego, quien le propone casarse con él a cambio de no cobrarle los gastos médicos que él pagó. ¿Cuáles son las intenciones de Santiago al pedirle matrimonio?

NovelToon tiene autorización de MeriGrei para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16

Morir juntos

Teresa miró a Camila como si días antes no la hubiera llevado a mi departamento a gritar que ella sí era su nuera.

—Quiero decir que mi hijo no tiene por qué cargar con tus arrebatos —dijo—. Diego vino a su recepción familiar. Tú hiciste la escena.

Camila tembló.

Era casi impresionante ver a una alianza romperse tan rápido.

Hacía nada, Teresa y Camila habían entrado juntas a mi casa, una llamándola hija, la otra llamándola mamá con voz dulce y falsa. Ahora, frente a un salón lleno de gente, Teresa la entregaba como si fuera basura para proteger a Diego.

—Ustedes... —Camila no podía terminar la frase—. Ustedes me usaron.

Diego bajó la voz.

—Camila, vete. Hablamos después.

—¿Después? —Las lágrimas le rodaron por la cara—. Perdí todo por ti.

Roberto no quería drama sentimental; quería recuperar el control.

—Diego —ordenó—. Discúlpate con la señorita Andrade.

Diego caminó hacia nosotras con la cara dura. No miró a Lucía. Me miró a mí.

—Valeria, ganas esta vez.

—No era una competencia —respondí.

—Contigo siempre lo es.

Antes de que pudiera decir más, una copa de vino tinto le cayó en plena cara.

El salón entero contuvo el aliento.

Lorena sostenía la copa vacía.

Luego la dejó caer al piso, donde se rompió con un sonido limpio.

—Valeria, toma a Lucía. Nos vamos.

Roberto dio un paso.

—Señora Del Río...

—No, don Roberto. Ya le puse la salida en bandeja y ni así supieron bajarse del escenario. Dígale a su hijo que aprenda a pedir perdón antes de que alguien con menos paciencia le enseñe a golpes.

Tomó a Lucía de una mano y a mí de la otra.

—Los Andrade no vuelven a una mesa donde se humilla a mi hija.

Mientras nos arrastraba hacia la salida, alcancé a ver a Matías. Seguía de pie, serio, con la mirada fija en Lucía. Había duda en sus ojos. Tal vez preocupación. Tal vez una memoria que no terminaba de formarse.

Lucía no miró atrás.

En la camioneta de Lorena, el silencio duró menos de diez segundos.

—¿Qué les pasa a ustedes dos? —estalló ella—. ¿Dos contra una y aun así terminan llorando? ¿Para qué se ponen vestidos caros si no saben defenderse?

Lucía cerró los ojos. Las lágrimas seguían bajándole, calladas.

—Tía Lorena, por favor —dije.

—No me digas por favor. Mi hija queda como una idiota frente a medio salón y tú quieres que hable bajito.

No era consuelo. Era rabia. Y vergüenza. Y ese tipo de protección que también lastima.

—Si te humillan, contestas —le dijo a Lucía—. Si te golpean, golpeas. Eres Andrade, aunque a algunos les arda. ¿O quieres seguir siendo la niña escondida?

Lucía se encogió.

Quise intervenir otra vez, pero ella me tocó apenas la mano. No quería más pelea.

La camioneta olía a cuero, perfume fuerte y la furia de Lorena. Afuera, la ciudad seguía su noche de viernes: parejas entrando a restaurantes, coches tocando el claxon, vendedores recogiendo puestos. Adentro, Lucía respiraba como si cada inhalación tuviera que pedir permiso.

Yo pensé en Matías. En su mano sujetando a Camila. En la forma en que miró a Lucía sin reconocerla. Para cualquiera habría sido una escena menor dentro del desastre del Hyatt. Para Lucía, había sido una segunda adolescencia rompiéndose en público.

—No fue culpa de ella —dije al fin.

Lorena me miró por el espejo.

—Claro que no. Pero si el mundo te pisa, no le ayudas acostándote en el suelo.

No supe qué contestar. Porque la frase era cruel, pero también revelaba una vida entera de Lorena peleando con uñas, voz y belleza por un lugar que nadie quiso darle gratis.

Al llegar al departamento, entró directo a su cuarto y cerró con llave.

Me quedé frente a la puerta.

—Lu...

Nada.

Esa noche nadie había ganado.

Me senté en el sofá con el vestido todavía puesto y los pies adoloridos. La chaqueta de Santiago olía levemente a la boutique, a tela nueva, a dinero perdido. Saqué el celular.

Escribí a Diego:

Mañana, nueve. Registro Civil. Divorcio.

La respuesta llegó rápido.

Ni lo sueñes.

No me sorprendió.

Diego quería divorciarse cuando pensaba que podía humillarme y quedarse con beneficios. Ahora que la historia se había ensuciado, prefería arrastrarme con él. Si yo demandaba el divorcio, habría escándalo. Si él se negaba, también. Todo era un pantano.

Abrí el chat varias veces. Escribí insultos. Los borré. Escribí amenazas legales. Las borré también. Al final entendí que Diego no merecía más de mis palabras esa noche. Su “Ni lo sueñes” decía suficiente: no quería matrimonio, quería control.

Apagué la pantalla y me quedé escuchando el silencio del cuarto de Lucía.

Hubiera querido tocar otra vez, obligarla a abrir, abrazarla aunque me empujara. Pero cada persona tiene una forma distinta de sobrevivir a la vergüenza. La mía era hablar hasta quedarme sin saliva. La de Lucía era encerrarse para que nadie la viera desarmarse.

Pero por primera vez no sentí miedo.

Sentí cansancio.

Y una claridad dura: iba a sacarlo de mi vida aunque tuviera que hacerlo con abogados, titulares y cada documento necesario.

Dormí mal.

A la mañana siguiente, Carmen me llamó como si el edificio se estuviera incendiando.

—Valeria Salcedo, ven ahora mismo a Naranja. Ahora. No en una hora, no después del café. Ahora.

—¿Qué pasó?

—¿Cuántas cosas nos ocultaste?

Colgué con el estómago apretado.

Antes de irme, pedí comida para Lucía y le mandé un mensaje: Come algo, aunque sea por odio.

No respondió.

En Naranja, apenas entré, Carmen me lanzó un paquete de periódicos y capturas impresas sobre la mesa de juntas.

—Explícame esto.

Levanté una hoja.

El titular me golpeó:

La reportera que acusó a Camila Duarte es la esposa secreta de Diego Alcázar.

Otro:

Guerra de ricos: esposa, amante y hermanos Alcázar detrás del escándalo de El Encanto.

Otro más:

¿Víctima o manipuladora? El matrimonio oculto de Valeria Salcedo.

Habían publicado incluso una copia de nuestra acta de matrimonio.

Eso no lo conseguía cualquiera.

Diego quería morir conmigo.

O alguien quería hacerlo parecer así.

Carmen cruzó los brazos.

—Te defendí, Valeria. Te puse el equipo, te di tiempo, frené rumores. ¿Y ahora me entero por periódicos de que estás casada con el tipo que está metido hasta el cuello en el escándalo?

No tenía fuerzas para enojarme con ella.

—Vamos a la sala chica —dije—. Te lo voy a contar todo.

Le conté desde el principio. El matrimonio, el viaje de Diego, la foto anónima, el hotel, Camila, el accidente, Santiago, Teresa, la trampa del anillo, la recepción, la negativa de Diego a divorciarse.

Carmen escuchó sin interrumpir. Cuando terminé, se quedó callada.

Ese silencio suyo me puso más nerviosa que cualquier regaño. Carmen podía gritar como mercado en sábado, pero cuando callaba era porque estaba pensando en daño real: anunciantes, contactos, editores, abogados, la reputación de Naranja Media y la mía.

—No voy a mentirte —dijo al fin—. Esto nos complica.

—Lo sé.

—Pero tampoco voy a dejar que te conviertan en villana para vender periódicos. Dame documentos, horarios, nombres. Todo lo que tengas.

Asentí. Por primera vez en la mañana, sentí que podía respirar sin romperme.

Carmen fue por otra taza de café y me dio una a mí, aunque me temblaban tanto las manos que casi la derramé. Me hizo enumerar los hechos en orden, como si estuviéramos armando una nota: fecha de la boda, viaje de Diego, foto anónima, accidente, declaración pública de Santiago, recepción del Hyatt. Poner mi vida en formato de cronología fue humillante, pero útil. El caos empezó a parecer una carpeta, no un monstruo.

—No publiques nada por impulso —me advirtió—. Ni stories, ni mensajes indirectos, ni frases de mujer dolida.

—¿Me cree capaz?

—Te creo capaz de muchas cosas cuando te provocan.

Tenía razón.

Carmen tamborileó los dedos sobre la mesa.

—A menos que no lo haya publicado él.

La idea ya me había rozado, pero oírla en voz alta la volvió más inquietante.

—¿Teresa?

—O Camila. O alguien de Roberto. O alguien que quiera que ustedes se despedacen mientras mira desde fuera.

La lista era demasiado larga. Eso era lo peor de meterse con familias poderosas: siempre había más manos que huellas.

—Por eso no vas a moverte sola —añadió Carmen—. Si hablas con Santiago, bien. Si vas con tu familia, mejor. Pero no te encierres a pelear por WhatsApp con un hombre que ya decidió jugar sucio.

Asentí, aunque la idea de depender de Santiago me incomodaba. Depender de cualquiera me incomodaba.

Pero ya no podía permitirme confundir independencia con aislamiento suicida.

No después de comprobar que mis enemigos sí sabían trabajar en equipo cuando querían hundirme.

—Mi única meta ahora es divorciarme —dije—. Pero Diego no quiere firmar. Ayer hubo otra discusión. Y esto... esto no tiene sentido. Publicar el matrimonio nos destruye a los dos. Él queda como infiel. Yo quedo como parte de una novela sucia. Para su pelea por el apellido Alcázar, tampoco ayuda.

Miré los periódicos otra vez.

—No entiendo qué gana.

1
Mar Sol
Valeria, con todo que es adoptada y que la han querido sinceramente los Salcedo, siempre está solita, si no es con sus compañeros de trabajo, es con su abuelo o tíos.
Mar Sol
Un gran error de Valeria, beber y dormir tan confiada como si estuviera en su casa y no en casa donde hay extraños y malas personas.
Mar Sol
Igual Teresa tuvo que ver en la desaparición de Valeria, dado a que ella odiaba a Emilia, quizás estaba enamorada de él hombre con el que Emilia tenía una relación.
Mar Sol
Camila no deja de molestar, nadie más que ella es responsable de sus actos y quiere que Valeria sea quien resuelva sus equivocaciones.
Mar Sol
Los padres de Valeria le demuestran mucho cariño, sincero.
bruja de la imaginación 👿😇
se q ella no quiere disque preocupar a su madre 🙄Pero lo q no me gusta se ha casado y hasta embarazada y no los ha tomado en cuenta horita se enteran cuando ya el bebé tenga dos años
Mar Sol
¿Que hay detrás de esa familia Medina? preguntas sin respuesta por el momento, quizás más adelante, se resuelva ese suceso.
Mar Sol
Será que Valeria ¿es adoptada? por que su mamá o papá no podían concebir y no quisieron saber de dónde provenía la bebé.
Mar Sol
Es entendible ahora, por que Paula se enoja, que quieran y cuiden de Valeria, existe la posibilidad de que no sea una Saucedo.
Mar Sol
Esa señora Lorena es una salvaje, si Lucia hubiera abierto la puerta, la mata, por una parte que bueno que fue Valeria, aún que ni aguantó.
Adela Vergara
para mí que me gusta leer novelas, está me gusta mucha ,pero meda bronca cuando se trata mucho de ricos que todos son ambiciosos
Mar Sol
Renata es una alimaña con cara de oveja.
Mar Sol
Esa Renata es una arribista , calculadora, venenosa y al ver a Valeria allí, se hará la víctima y no tardará en volver las noticias amarillistas entorno.
Mar Sol
Seguramente Renata, y la madre de Diego son las que están detrás de esa publicación, todo para seguir perjudicando a Valeria.
Mar Sol
Muy acertado lo que manifestó el abuelo de Valeria.
Mar Sol
Quizás Diego tiene culpa de lo que le pasó a Clara, por ambición expuso a su propia hermana a una situación en la que fue atacada, después se puso a buscar culpables.
Mar Sol
¡Vaya reacción de Diego! los ataques de violencia que muestra es algo que viene arrastrando, quizás tuvo una vivencia, que no lo dejó expresar lo que vió o hizo.
Mar Sol
Valeria tiene carácter, no se deja impresionar tan fácilmente, pelea con uñas y dientes.
Mar Sol
Diego es detestable, cobarde y tiene mamitis, la madre toda loca, metiche, opinando, como si fuera la gran cosa; continúo con esta lectura, parece emocionante.
Leonela Soledad Trejo
autora ya pasaron dos semanas que no actualizas 😭😭😭
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