En un mundo donde los dragones eligen a sus jinetes y los reinos se sostienen sobre alianzas forzadas. El amor es un lujo que nadie puede permitirse en tiempos de guerra. Elian Kovács siempre supo que su destino no le pertenecía al nacer enfermizo. Principe Omega del reino nórdico, y pieza clave en la guerra que se aproxima, su vida queda sellada cuando es prometido en matrimonio al heredero del poderoso Dominium Sárkányvér, un alfa al que jamás ha visto… y al que está destinado a obedecer como su futura esposa. Pelear en contra del clan del desierto. Pero ambos antes de rendirse al deber cometen un error. Lo que debía ser un escape sin consecuencias… Se convierte en un secreto imposible de ocultar. Porque semanas después, Elian descubre que lleva dentro algo más que culpa. Lleva un hijo concebido fuera del pacto. Una verdad que, de salir a la luz, podría significar la caída de su clan o su exterminio. Porque en un mundo donde el deber lo es todo. El amor puede ser la guerra más letal.
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Tinta de calamar
Mientras tanto, Elian cerró la puerta del baño apenas salió. Se apoyó contra su peinadora respirando profundo. Y miró su reflejo. El cabello plateado… ya no existía. Ahora mechones negros manchan gran parte de su cabeza gracias a aquella maldita tinta imperial.
—Perfecto… simplemente perfecto…
Momentos antes había abierto el grifo rápidamente y había comenzado a restregarse con desesperación.
Agua caliente.
Jabón.
Aceites.
Hierbas.
Nada cambiaba.
La tinta apenas se aclaraba un poco. Pero seguía viéndose malditamente negra.
—¡¿Qué demonios usan para teñir telas aquí?! Primero nazco con el pelo rubio como mi padre, luego por el vínculo con Nieve se me vuelve plateado según me contaron todos y ahora soy pelinegro.
Volvió a frotar frustrado con la toalla.
Hasta que su cuero cabelludo comenzó a arder.
Pero el negro seguía ahí.
El omega soltó un gemido cansado y terminó dejándose caer sentado sobre la cama.
—Ya ni modo…
Su reflejo parecía el de otra persona.
Y por alguna razón… eso lo hizo sentirse aún peor. Porque ahora sí parecía esconder algo. Su mano bajó lentamente hacia el vientre.
—Tú sí que sabes arruinarme la vida rápido… Si no hubiera salido nada de esto hubiera pasado.
Aunque lo dijo con una pequeña sonrisa triste.
A la mañana siguiente…
El castillo entero estaba despierto desde antes del amanecer. Sirvientes corriendo. Flores siendo acomodadas. Vestidos. Trajes. Armaduras ceremoniales. Músicos afinando instrumentos. Un banquete de primera.
La boda sería esa misma noche.
En la habitación del omega… la reina nórdica caminaba nerviosa de un lado a otro.
—¡¿Cómo que su cabello sigue negro?!
El doctor anciano acomodó sus lentes intentando mantener la calma.
—Majestad, la tinta imperial es extremadamente fuerte. Se saca de los calamares, se mezcla con algunos adictivos y se tiñe la tela. Luego esta es desechada. Por lo menos no estaba en su estado puro. Sino el principe sería de color negro hasta las uñas y nadie creería que es su hijo.
—¡Pero hoy es la boda de mi hijo!
Elian estaba sentado frente al espejo completamente agotado. Con ojeras horribles. Y una expresión de absoluta resignación.
—Madre… realmente no me importa el cabello ahora mismo. Ya lo he tenido rubio luego plateado. Negro no es la gran cosa. Además... No creo que al príncipe le importa como me vea.
La reina giró inmediatamente hacia él. Y frunció el ceño preocupada.
—Te ves pálido otra vez. Se supone que tú pelo rubio era por nacimiento y el plateado era una bendición por la unión del vínculo con Nieve. ¿Pero qué explicación le daremos a todos los que te conocen?
Soren Valkyr permanecía de pie cerca de la puerta. Con la cabeza ligeramente baja. Porque podía sentir perfectamente la mirada acusadora de la reina sobre él. Otra vez.
—¿Vez lo que sucede por alejarte un segundo de mi hijo? —preguntó ella fríamente.
Soren tensó la mandíbula.
—Su alteza solo quería ir al banquete por un momento ya que el principe no podía asistir debía informarle de lo que hablaron. No sabía que iba a salir de su habitación en cuanto yo diera la espalda.
—¿Y decidiste dejarlo caminar solo por el castillo lleno de extranjeros sin dejar a alguien cubriendo tu puesto?
El guerrero bajó un poco más la mirada.
—Fue un error. Acepto su castigo.
La reina suspiró molesta.
—Últimamente acumulas demasiados errores. Tanto así que estoy considerando poner a alguien más al lado de mi hijo.
Elian levantó inmediatamente la cabeza.
—No fue culpa suya, madre.
Todos voltearon hacia él. El omega se incorporó lentamente. Aunque el mareo casi lo hizo caer otra vez.
—Fue mi decisión salir un momento a la biblioteca. Necesitaba distraerme un poco.
La reina suavizó apenas su expresión al verlo tan agotado.
—Aun así no puedes andar solo por ahí.
— Estaré bien, ya escuchaste al doctor Cordero.
Si madre se acercó lentamente a él acomodándole parte del cabello oscuro detrás de la oreja.
—Especialmente antes de la boda no puedes andar por ahí. Y más con un enemigo al acecho.
Elian tragó saliva.
—Encima no puedes ver al príncipe antes de la ceremonia —continuó ella—. Es de mal augurio.
Soren sintió un escalofrío horrible recorrerle la espalda.
Porque ya era demasiado tarde para eso. Todo estaba mal antes del famoso augurio. Elian apartó rápidamente la mirada. Si la reina se entera que está embarazado de un forastero se le cae el circo.
—Lo sé, madre. Te juro que no me lo encontré — le dice cruzando los dedos en su espalda. Odiaba mentirle a su madre, pero era peor verla colapsar y a su padre asesinarlo para evitar la vergüenza.
La reina suspiró cansada.
—Solo necesito que esta boda salga bien. El castillo blanco está listo para ambos.
El omega sintió culpa atravesandole el pecho.
Si ella supiera.
El doctor Cordero se acercó nuevamente observando el cabello negro.
—No debe preocuparse. La tinta irá saliendo poco a poco con los baños.
La reina cruzó los brazos.
—Perfecto. Porque no pienso presentar a mi hijo como cuervo mojado frente a la nobleza húngara. Por suerte no hablamos de que por el vínculo tu pelo se volvió plateado. Creerían que mentimos.
Soren casi soltó una risa. Pero se contuvo al ver la mirada asesina de la reina. Elian simplemente dejó escapar un pequeño suspiro.
Y entonces… una fuerte náusea lo golpeó de repente. El omega se llevó rápidamente la mano a la boca. Soren reaccionó primero.
—¡Elian!
El príncipe se levantó apresuradamente y corrió hacia el baño.
La puerta se cerró de golpe.
Y segundos después… se escucharon arcadas. El silencio cayó en la habitación. La reina frunció lentamente el ceño.
—¿Otra vez? ¿Tanta náuseas le da el olor a calamar? ¿Hay alguna forma de eliminar las náuseas?
Soren sintió el corazón detenerse.