La perdida de un ser amado es difícil de superar; pero al final siempre llega una pequeña luz que comienza a iluminar nuestras vidas hasta cambiarlo todo.
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El pasado no puede arrebatarte lo que te pertenece.
Era una noche inusualmente tranquila para Violet, con un silencio casi excesivo. Ella había pasado el día ocupada, reorganizando documentos en casa para mantener su mente distraída. Estaba intentando evadir un pensamiento persistente que la había estado rondando desde la noche de películas, aunque en realidad, se había estado sintiendo así desde hacía un tiempo antes. Era una sensación ambigua, una mezcla de miedo, deseo y anhelo.
Se sentía involucrada en algo significativo, pero le costaba determinar si debía continuar o si era mejor retirarse antes de que todo terminara en sufrimiento. Justo en ese momento, su teléfono vibró con un mensaje de Emiliano.
“Amelie duerme. Yo no. ¿Puedes venir un momento? No es urgente… solo que a veces hablar es más fácil si se hace en voz baja.”
Violet vaciló por un instante, debatiéndose entre seguir adelante o retirarse a tiempo. No obstante, dejando atrás cualquier duda, se puso la chaqueta y salió. Al llegar, se detuvo un momento antes de entrar. Una vez dentro, fue directo a la cocina, allí encontró a Emiliano preparando té. Vestía una camiseta sencilla, tenía el cabello despeinado y esa expresión de calma que poco a poco le resultaba familiar.
— Gracias por venir. — Dijo sin sonar necesitado. — No tenía nada planeado. Solo… me pareció que hoy no era una noche para quedarse con preguntas en la cabeza.
— ¿Y tú tienes muchas? — Preguntó ella, apoyándose contra la barra.
— Algunas. — Respondió mirándola fijamente. — Pero sobre todo tengo certezas, y tal vez tú también.
Violet lo miró mientras tomaba la taza que él le ofrecía. El vapor tibio le rozó el rostro, pero no bastó para calmar el torbellino que se estaba formando dentro de ella.
— Puedes hablar. — Dijo ella suavemente.
— Está bien. — Él se apoyó con los brazos cruzados muy cerca de ella sin invadir su espacio. — No quiero que te sientas presionada. — Dijo tratando de que ella no se incomodara. — No quiero que sientas que lo que hemos estado haciendo ha sido forzado ni nada por el estilo. Pero realmente siento que estamos dentro de algo, y fingir que no pasa, no lo detiene, solo lo vuelve más confuso.
Violet apretó los labios entendiendo que esta era la respuesta a la confusión que había estado sintiendo últimamente. Sus ojos se nublaron por un segundo, pero luego respondió con esa sinceridad seca que la caracterizaba.
— Yo no soy una persona fácil de tratar, y no estoy orgullosa de ello. Pero en estos momentos solo soy lo que quedó después de que me rompieron en mil pedazos. Lo que tú y Amelie están haciendo conmigo no lo había vivido antes. — Dijo dejando salir un suspiro pesado. — Al menos no de esta manera; y por eso me asusta. Me hace pensar que, si me quedo, algún día esto se va a terminar y no sé si podré volver a juntar las piezas. — Confesó finalmente.
Emiliano se acercó sólo un poco. Pero esto fue lo suficiente para quedar más cerca de ella. sintiendo el aroma suave de su perfume.
— No te prometo que todo va a ser perfecto, Violet. Sí, van a haber momentos en los que sintamos que las cosas se salen de nuestras manos. Pero debes tener la seguridad de que no serás tú sola quien tenga que recoger los pedazos. — Afirmó èl con seguridad. — Porque si esto se rompe, lo arreglaremos juntos, y si avanza, también lo haremos juntos. No queremos una historia a medias contigo, queremos una historia completa.
Violet bajó la mirada, conteniendo las lágrimas que le quemaban los ojos. Se acercó a él, dejando la taza sobre la encimera. Y se detuvo justo enfrente, casi tocándolo.
— No puedo negar que tengo miedo. — Susurró. — Pero quiero quedarme, y por primera vez quiero intentarlo sin tener el control.
Emiliano no necesitó hablar. Simplemente elevó una mano y la posó con suavidad en la mejilla de ella, y con ese gesto sencillo, desprovisto de urgencia, de posesión o de promesas explícitas, Violet comprendió que ahora estaba en medio de algo a lo cual se le iba a ser imposible renunciar.
Sin embargo, esto no era un lazo anclado en el pasado, sino una conexión nacida de lo que eran en ese instante. Una verdad que ya existía, aunque no se lo hubieran dicho.
Esa noche, Violet no se fue de inmediato. Los dos decidieron quedarse en la sala, hablando, compartiendo pedazos de historia, de miedo, de esperanza. No fue una noche de confesiones grandilocuentes, fue una noche de certezas silenciosas.
Al día siguiente, la jornada laboral de Violet había sido tranquila, como de costumbre. Sin embargo, no todo podía concluir sin sobresaltos ni encuentros inesperados que rompieran su paz. Porque justo cuando salía de la empresa, una voz seca, familiar y fría la detuvo en el estacionamiento.
— Vaya… pensé que me evitarías para siempre.
Sus dedos se paralizaron sobre la manija del auto, mientras su mundo se detenía por completo. Pero a diferencia de lo que esperaba, solo le tomó dos segundos reaccionar, se giró, y entonces lo vio; Elliot.
Era el hombre que juró quedarse, quien la abandonó justo cuando una nueva vida crecía dentro de ella, y que jamás regresó ni siquiera a preguntar si estaba bien. Se veía igual que siempre; inmaculado, exitoso y vacío.
— ¿Qué haces aquí? — Preguntó Violet sin ninguna emoción. Como si su corazón hubiera hecho una armadura en un segundo.
— Me enteré de que trabajabas en esta empresa. Tenía una reunión con un inversor, pero no sabía que continuabas aquí. Me sorprendió verte, por eso me acerque a saludar. Te ves bien, diferente.
— Estoy bien, diferente. — Repitió ella con un tono cortante.
— Vi que siempre hay una niña contigo… ¿es tu hija? — Pregunto suavizando el tono de voz.
El estómago de Violet se contrajo al escuchar esas palabras. No creía que alguien como él se atreviera siquiera a preguntar algo como eso.
— Eso no es algo que deba importarte. — Respondió con seriedad.
— Violet, no estoy aquí para discutir. Solo… a veces pienso en lo que pasó… — Hablo fingiendo arrepentimiento. — En lo que perdimos…
Ella sonrió, pero su risa no denotaba alegría, sino incredulidad. Le resultaba inconcebible que alguien tan despreciable se atreviera a mostrar autocompasión, siendo él el único responsable de todo lo ocurrido.
— ¿Perdimos? ¡Yo lo perdí todo! — Dijo finalmente. — Tú simplemente eres el cobarde que huyó.
— Tuve miedo. — Intentó convencerla.
— ¡Yo también! — Dijo alzando la voz por primera vez. — Pero aun así, no lo usé como excusa para desaparecer. — Bajó el tono de voz gradualmente. — Perdí a mi familia al mismo tiempo que perdí a mi bebé, y tú, solo desapareciste sin importarte nada. Pero finalmente te lo agradezco; porque de esa manera pude conocer la clase de basura que eres.
El silencio que prosiguió después de eso, fue tenso. Pero ahora que finalmente se había desahogado, Violet sintió como si un gran peso se hubiera desprendido de ella. Y entonces, otra voz irrumpió con suavidad pero firme:
— ¿Todo bien aquí?
Emiliano había salido de la oficina buscando a Violet. Aunque le dijeron que se había ido, tenía la esperanza de poder alcanzarla en el estacionamiento. Pero lo que presenció no era lo que esperaba. Al verla perder el control de esa manera, se acercó, no para recriminarle ni por celos, sino simplemente para estar a su lado, sabiendo instintivamente cuál era su lugar.
Violet lo miró de inmediato; y sin esperarlo toda la tensión que sentía se deshizo por completo.
— Sí. — Dijo mirándolo. — Ya terminé aquí.
Elliot miró fijamente a Emiliano y supo inmediatamente de quién se trataba. Luego, su mirada se dirigió hacia ella, quien parecía verlo como a su salvador, lo que finalmente hizo que Elliot decidiera marcharse.
— De verdad lo siento, Violet.
Ella no respondió nada. Se dio la vuelta y se dirigió al coche de Emiliano, subiendo a él. Contrario a lo que esperaba, él no hizo ninguna pregunta; simplemente abrió la puerta y comenzó a conducir. El trayecto transcurrió en silencio, y como ella no había dicho nada, finalmente la llevó hasta su casa. Cuando se detuvieron, ella no le permitió bajarse, pues comenzó a hablar.
— ¿Sabes qué es lo más irónico de todo esto? — Dijo ella finalmente. — Pensé que si lo volvía a ver, me rompería de nuevo, y que todo se desmoronaría. Pero no fue así. ¿Y sabes por qué? — Él solo esperó que ella terminará. — Porque ya no tengo miedo de amar.
Emiliano trató de darle su espacio, pero Violet, por primera vez sin barreras, cruzó la distancia y lo abrazó fuerte. Fue algo verdadero, y doloroso. Pero también fue algo que había deseado hacer desde hace mucho tiempo.
— No quiero seguir fingiendo que no sé lo que siento. Amo a tu hija como nunca imagine hacerlo, y además… — Susurró contra su pecho.
Emiliano no dejo que terminará de hablar, y la abrazó de vuelta con una ternura intensa, sin pronunciar palabra. Él entendía mejor que nadie lo que significaba intentar ocultar las emociones abrumadoras, especialmente aquellas que revelan nuestra vulnerabilidad. Durante mucho tiempo, él había actuado de la misma manera; su relación con Bianca se caracterizó por ese secretismo mutuo sobre sus verdaderos sentimientos, y al final, eso los había distanciado.
Sin embargo, esta vez sería diferente. No podía negar la profunda atracción que sentía por Violet, una atracción que iba más allá de lo que se atrevía a admitir. No obstante, este sentimiento era distinto al que tuvo por Bianca; con ella no deseaba esconderlo; al contrario, anhelaba que ella conociera sus verdaderos sentimientos sin reservas. Además, y quizás lo más importante, ella amaba a su hija.
— Entonces, quédate. — Dijo él, finalmente. — Quédate sin sentir miedo. Porque el pasado ya no puede quitarte lo que ahora es tuyo.
Esa noche, Violet no volvió a su departamento. Finalmente había decidido dejar de huir y quedarse junto a él y a Amelie. Quien al verla no pudo evitar emocionarse agradeciendo a su padre por esa gran sorpresa.