de una casualidad paso a una historia completa
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capítulo 23
Después de lo que pasó con Luis, la familia sabía que necesitaba más información. El único que podía ayudarlos era Roberto —el ex voluntario que le había dado el pendrive a Sol en Oceanía. Pero no sabían dónde estaba.
—Roberto se fue de Australia después de ser despedido —dijo Mateo. —Los registros de la Red Estrella dicen que se fue a Chile. A una pequeña ciudad cerca de la selva valdiviana.
—Vamos a Chile —dijo Sol. —Es nuestra única oportunidad de encontrarle.
Al día siguiente, Sol, Luna y Mateo se dirigieron a Chile. Martín se quedó en Asunción con Camila para preparar la cascada —querían aumentar la seguridad y revisar todo antes del plan final.
El viaje a Chile fue largo, y todos estaban pensando en el mismo cosa: ¿podrán encontrar a Roberto? ¿Podrá ayudarlos a descubrir quién es La Sombra?
Cuando llegaron a la pequeña ciudad cerca de la selva valdiviana, preguntaron en los bares y tiendas por él. Nadie lo conocía —hasta que llegaron a un pequeño hostal en el borde de la ciudad. La dueña, una mujer de cincuenta años llamada Rosa, miró a Sol con atención cuando le mencionaron el nombre de Roberto.
—Roberto estuvo aquí hace dos meses —dijo ella, con voz baja, mirando hacia la puerta del hostal como si tuviera miedo. —Se alojó en la habitación 3. Era un hombre tranquilo, pero siempre estaba mirando por la ventana, como si le siguieran. Se fue de repente, sin pagar. Dejó algo en la habitación —dijo que si alguien venía preguntando por él, se lo diera.
Sol se emocionó. —¿Qué fue lo que dejó?
Rosa fue a la habitación 3 y volvió con una caja de madera pequeña. Se la dio a Sol con manos temblorosas. —No lo abrí —dijo ella. —Me dijo que solo lo pudiera abrir la persona que mencionara la "estrella que unió las selvas".
Sol miró a Luna y Mateo, luego abrió la caja. Dentro, había un diario, un pendrive y una foto antigua. La foto mostraba a un grupo de voluntarios de la Red Estrella —entre ellos, Martín, Camila y un hombre joven que no conocían. El hombre tenía el pelo negro y los ojos marrones, y llevaba una camiseta con el logo de la Red Estrella.
—¿Quién es ese hombre? —preguntó Sol, señalando.
Luna miró la foto con atención y se quedó muda. —Es... es Carlos —dijo ella, con voz temblorosa. —No, espera... no es el Carlos de Brasil. Es otro Carlos. Carlos Méndez. Fue uno de los primeros voluntarios de la Red Estrella. Trabajó con nosotros en la selva de Paraguay hace veinticinco años.
—¿Qué pasó con él? —preguntó Mateo.
—Se fue de repente —dijo Luna. —Decía que la Red Estrella no estaba haciendo lo suficiente, que debíamos usar métodos más "drásticos" para proteger la naturaleza. Martín lo despidió. Nunca lo volvimos a ver.
Sol abrió el diario. Era el de Roberto. Empezó a leer la primera página:
"15 de enero: Me encontré con Carlos Méndez en Australia. Me dijo que tenía un plan para "mejorar" la Red Estrella. No me gustó lo que escuché, pero me ofreció mucho dinero. Necesitaba el dinero para mi hija, que está enferma. Pero ahora me arrepiento. Lo que están haciendo es malo. Muy malo."
Seguía leyendo:
"20 de febrero: Carlos se hace llamar "La Sombra". Ha infiltrado a sus hombres en todas las reservas. El plan final es destruir la cascada de Paraguay —el símbolo de la Red Estrella— para demostrar que la organización es débil. Luego quieren tomar el control y usar las reservas para ganar dinero con la madera y el petróleo. No puedo permitirlo, pero me tienen atrapado. Si hablo, matarán a mi hija."
Sol se quedó helado. La Sombra era Carlos Méndez —el primer voluntario que Martín había despidido. El hombre que había ayudado a construir la Red Estrella, pero que ahora quería destruirla.
—Tiene una hija —dijo Sol. —Roberto lo hace por su hija. Tal vez podemos encontrarla y ayudarla. Así, Roberto nos ayudará.
Mateo miró el pendrive. —Vamos a ver lo que hay aquí —dijo él.
Lo conectaron a un portátil que llevaban consigo. Había un video. En él, se veía a Carlos Méndez —ya mayor, con el pelo canoso, pero con los mismos ojos marrones— hablando con un grupo de hombres:
"El plan final se llevará a cabo el 15 de marzo en la cascada de Paraguay. Destruiremos la roca donde se comprometieron Martín y Camila, donde tallaron sus nombres. Eso hará que la Red Estrella se derrumbe. Luego, tomaremos el control de todas las reservas. Nadie podrá pararnos."
El video terminó. El 15 de marzo —faltaban solo tres semanas.
—Tenemos que encontrar a Roberto y a su hija —dijo Sol. —Es nuestra única oportunidad de parar a La Sombra.
Rosa, que había estado escuchando desde la puerta, dijo: —Roberto me dijo que su hija estaba en un hospital de Santiago. Se llama Sofia. Tiene cáncer.
Sol se levantó de golpe. —Vamos a Santiago —dijo él. —Ahora mismo.
Mientras se preparaban para irse, Sol miró hacia la ventana. La estrella brillaba en el cielo, pero la sombra sobre ella era casi tan grande como la propia estrella. La Sombra estaba cerca —y el tiempo se acababa rápido.
El viaje a Santiago fue rápido. Llegaron al hospital en la tarde, y preguntaron por Sofia. La enfermera les dijo que estaba en la habitación 207, y que su padre estaba con ella.
Sol, Luna y Mateo se acercaron a la habitación y miraron por la puerta. Roberto estaba sentado al lado de la cama de una niña de diez años, que estaba dormida. Roberto tenía el rostro cansado y preocupado.
Sol entró en la habitación. Roberto se levantó de golpe, con miedo en los ojos. —¿Qué hacen aquí? —preguntó él, con voz baja. —La Sombra me verá.
—No te preocupes —dijo Sol. —Estamos aquí para ayudar. Hemos visto tu diario, tu pendrive. Sabemos quién es La Sombra. Sabemos que lo haces por Sofia.
Roberto se sentó de nuevo, con lágrimas en los ojos. —Mi hija necesita un tratamiento caro —dijo él. —La Sombra me ofreció el dinero, pero a cambio de trabajar para él. Me hice pasar por un traidor, pero lo único que quiero es salvar a mi hija.
—Te ayudaremos —dijo Luna, tocando su mano. —La Red Estrella pagará el tratamiento. Solo necesitamos que nos ayudes a parar a La Sombra.
Roberto miró a Sofia y luego a Sol. —Está bien —dijo él. —Te diré todo lo que sé.
Se sentó y empezó a hablar:
—La Sombra tiene un grupo de veinte hombres. Todos están entrenados. Han llegado a Paraguay ya, y se están escondiendo en la selva cerca de la cascada. Tienen explosivos —muchos explosivos. Quieren destruir la roca y la cascada entera el día 15 de marzo, cuando la Red Estrella celebra la fecha de su fundación. Saben que habrá mucha gente allí.
Todos se quedaron mudos. La Sombra no solo quería destruir el símbolo de la Red Estrella —quería matar a la gente que lo apoyaba.
—¿Hay algo más? —preguntó Sol.
—Sí —dijo Roberto. —La Sombra tiene otro traidor dentro de la Red Estrella. Alguien muy cerca de la familia. Más cerca de lo que creen.
Sol se inclinó hacia adelante, intrigado y preocupado. —¿Quién?
Roberto tomó una respiración honda. —No lo sé su nombre, pero me dijo que es alguien que trabajó con Martín y Camila desde el principio. Alguien que nunca ha dejado la organización. Alguien que tiene acceso a todos los planes.
Luna se puso pálida. —Alguien desde el principio... —repitió ella. —Doña Ana? Juan? No... no pueden ser.
—No lo sé —dijo Roberto. —Pero la Sombra me dijo que ese traidor le dará la señal para activar los explosivos.
Sol se levantó. —Tenemos que volver a Paraguay —dijo él. —Tener cuidado con todos. Y preparar la defensa de la cascada.
Roberto se levantó y le dio a Sol un papel. —Aquí está el mapa de donde la Sombra ha escondido los explosivos —dijo él. —Y el horario del plan. Solo espero que lleguen a tiempo.
Sol guardó el papel y abrazó a Roberto. —Gracias —dijo él. —Por tu valentía.
—Cuida de mi hija —dijo Roberto, con lágrimas en los ojos.
—Lo haremos —dijo Luna.
El viaje de regreso a Paraguay fue silencioso. Todos estaban pensando en lo que Roberto había dicho —había otro traidor, alguien muy cerca de la familia. ¿Quién podía ser?
Cuando llegaron a Asunción, Martín y Camila les esperaban en el aeropuerto. Sol le mostró el mapa y le contó lo que Roberto había dicho.
—Explosivos —dijo Martín, con voz seria. —Y un traidor dentro de la organización. Tenemos que revisar a todos. Todos.
Camila tocó su brazo. —Incluyéndonos a nosotros? —preguntó ella.
—Incluyéndonos a nosotros —dijo Martín.
Mientras se dirigían al apartamento, Sol miró hacia el cielo. La estrella brillaba, pero la sombra era tan grande que casi no se veía. El 15 de marzo estaba a solo dos semanas —y la verdad sobre el traidor aún estaba oculta.