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Cuando Regresa El Pasado

Cuando Regresa El Pasado

Status: Terminada
Genre:Mafia / Madre soltera / Completas
Popularitas:114
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

Nina se enamoró de un hombre que nunca existió.
Él mintió sobre su nombre. Sobre su vida. Sobre quién era en realidad.
Y cuando desapareció, se llevó la verdad con él.
Embarazada, lo buscó incansablemente — pero el hombre que amó parecía no haber dejado huellas.
Cinco años después, su hijo enferma.
La única esperanza es encontrar al padre del niño.
Lo que Nina no imagina es que el hombre que la engañó es Marco Lombardi — brazo derecho de la mafia italiana, leal a la familia y demasiado peligroso para ser amado.
Cuando el pasado regresa, no pide permiso.
Cambia destinos.
Y puede costarle todo.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Nina

Estamos de camino a la maternidad. El trayecto lo hacemos todo en silencio.

El cielo aún está medio gris, como si el día estuviera despertando junto conmigo.

Valentina y Gio parecen más nerviosas que yo.

En la habitación del hospital Gio me ajusta mi gorro quirúrgico.

— Amiga, tu cabello está todo torcido aquí — dice, concentrada como si estuviera arreglando a una novia.

Valentina saca el celular y apunta hacia mí.

— Haz una pose. Última foto de Mateo dentro de la barriga.

Yo río.

Una risa nerviosa, pero sincera.

Sujeto la barriga enorme, hago un puchero exagerado. Ellas registran el momento como si fuera un evento histórico.

Y lo es.

Minutos después en la habitación, el equipo médico entra.

Todo se vuelve rápido.

Frío.

Organizado.

Me acuesto en la camilla y siento el corazón acelerarse mientras me llevan por el pasillo iluminado demasiado.

Valentina camina a mi lado, sujetando firme mi mano.

Ella va a asistir al parto.

Gio se quedó afuera, prometiendo que va a orar por nosotras.

Cuando llega la hora de la anestesia, tiemblo.

No de dolor.

De miedo.

Miedo a lo desconocido.

Miedo a que algo salga mal.

Miedo… de estar haciendo esto sin él.

Mientras el anestesista habla conmigo, intentando distraerme, yo solo consigo pensar que él debería estar aquí.

Debería estar sujetando mi mano.

Debería estar nervioso.

Debería estar esperando oír el llanto del hijo.

Una lágrima se desliza.

Después otra.

Yo respiro hondo.

Valentina aprieta mi mano con fuerza.

— No estás sola.

Yo la miro.

Y lo creo.

Los minutos resuenan.

Siento presión en la barriga.

No es dolor.

Es extraño. Fuerte.

Mi corazón se dispara.

Y entonces…

Un llanto.

Alto.

Fuerte.

Potente.

El sonido más lindo que yo he oído en mi vida.

Mi cuerpo entero tiembla.

La médica lo levanta para que yo vea.

Mateo.

Mi hijo.

Rojito. Pequeño. Perfecto.

Yo empiezo a llorar sin conseguir parar.

Lo colocan por algunos minutos en mi pecho.

La piel de él es caliente.

El llanto es alto, desesperado.

Los labios tiemblan mientras él llora de ojos cerrados.

Yo lo abrazo.

Beso la cabecita húmeda.

— Mamá está aquí, mi amor… está aquí…

Mi voz sale fallida.

Pero él escucha.

El llanto disminuye.

Se convierte en refunfuños pequeños.

Él se calma en mi pecho.

Como si reconociera mi olor.

Mi corazón.

Mi amor.

La médica se aproxima.

— Él necesita ser examinado ahora, mamá. Ya lo traigo de vuelta.

Yo dejo, mismo con ganas de sujetarlo para siempre.

Él es llevado.

Valentina está llorando a mi lado.

Llorando como si fuera de ella también.

Y tal vez lo sea.

Yo miro para el techo, aún sintiendo el calor de mi hijo en la piel.

Yo hice eso.

Sola… sin él.

Y cuando Mateo vuelva para mis brazos, nada más en el mundo va a importar.

Nada.

Porque ahora yo no soy solo Nina.

Yo soy madre.

Y eso cambia todo.

Yo vuelvo para la habitación aún medio anestesiada, medio flotando.

Pero cuando cruzo la puerta…

Él está allá.

Mateo ya está en la cuna, y Gio está al lado de él como una guardaespaldas emocionada.

Valentina continúa conmigo, sujetando mi mano hasta que me acomodan en la cama.

Ella se inclina y besa mi rostro.

— Fuiste increíble. Una madre increíble.

Yo sonrío débil.

Aún estoy absorbiendo todo.

Ellos posicionan mi cama al lado de la cuna.

Y allí está él.

Durmiendo.

Pequeño.

Perfecto.

Yo no consigo parpadear.

Me quedo observando el pecho de él subir y bajar despacio.

Respirar.

Vivir.

Mi hijo.

Pero entonces…

Mi corazón aprieta.

Él es la copia del padre.

Moreno.

Los cabellos oscuros ya dibujan la cabeza pequeña.

La nariz.

La boca.

Es imposible no ver.

Yo solo lo vi de ojos cerrados en la sala de parto, pero mismo así… el formato del rostro es el mismo.

Mi pecho se llena de una mezcla extraña de amor y dolor.

Gio se aproxima de la cama con el celular en la mano.

— Yo tomé fotos — dice, sonriendo.

Ella me muestra.

Y entonces yo veo.

Mateo de ojos abiertos.

Ojos verdes.

Exactamente el mismo tono.

Yo siento el aire fallar por un segundo.

Hasta eso él sacó del padre.

Gio continúa pasando las fotos, encantada.

Valentina aprieta mi mano discretamente, como si supiera lo que está pasando por mi cabeza.

Yo trago el nudo en la garganta.

No es tristeza.

No es arrepentimiento.

Es añoranza mezclada con algo que no tiene nombre.

— Él es lindo — yo digo, la voz baja.

Y lo es.

Perfecto demasiado.

Mi corazón desborda amor por ese sercito que mal llegó al mundo y ya ocupa todo dentro de mí.

Yo extiendo la mano y toco de leve los deditos de él.

Él se mueve un poco, pero continúa durmiendo.

— Tú eres mío, ¿tá? — susurro. — Solo mío.

Y no importa lo cuanto él se parezca con el padre.

No importa el pasado.

No importa el hombre que se fue.

Mateo está aquí.

En mis brazos.

Respirando.

Vivo.

Y yo prometo, en silencio, mirando aquel rostito tan familiar…

Que nunca va a faltar amor.

Nunca.

Mismo que falte alguien.

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