Tras un accidente que la dejó sin vida… Iliana fue devuelta a ella por una ciencia que nunca debió intervenir.
Despierta sin memoria en una isla aislada, atrapada en un laboratorio donde la ética no existe. Su cuerpo ha cambiado. Su embarazo fue intervenido. Y aquello que le arrebataron se convirtió en el origen de una plaga capaz de destruir el mundo.
En una búsqueda desesperada por reencontrarse con sus hijos, halla un submarino equipado con una inteligencia artificial prodigiosa, capaz de protegerla, guiarla… Junto a su familia, navegará entre ruinas, enfrentando no solo a los muertos que caminan, sino a los vivos que han perdido toda humanidad.
En un mundo desgarrado por la infección, el miedo y la traición, decide luchar por lo que ama, resistir lo inevitable… y no rendirse jamás.
Una historia visceral y conmovedora que explora la memoria, la identidad y el amor inquebrantable en un mundo colapsado, donde el verdadero enemigo aún camina… y tiene rostro humano.
NovelToon tiene autorización de Caro Tovar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 16 - Deepness. Un susurro metálico más allá del horizonte.
Al abrir los ojos, vio el cielo teñido de tonos dorados y rojizos. Seguía tumbada sobre la arena de la playa, sintiéndose extraña, como si su cuerpo no le perteneciera del todo. La cabeza le daba vueltas.
Esperó un momento, tratando de estabilizarse. El mareo tardó en ceder.
Con esfuerzo, se incorporó, apoyando las manos en la arena húmeda. Sus músculos dolían, como si hubiera corrido por horas.
El sol estaba saliendo. Su respiración entrecortada.
¿Cuánto tiempo había estado inconsciente?
El paisaje ante ella era hermoso. El sol emergiendo en el horizonte, el suave viento acariciando su piel, el aroma salado del mar envolviéndola. Por un momento, la calma la invadió.
Pero el frío se colaba entre sus huesos. Instintivamente, se acurrucó, abrazándose a sí misma.
Pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer, deslizándose por su piel y empapando su ropa hasta hacerla tiritar. No tenía más opción que regresar a la habitación.
Allí, su cuerpo y mente finalmente cedieron al cansancio. Durmió profundamente.
Cuando despertó, el hambre la obligó a moverse. Salió nuevamente a la orilla del mar, sentándose en la arena con la última barra de alimento en sus manos. La saboreó lentamente, consciente de que después de eso, no le quedaba nada.
Su mirada cayó sobre el reloj en su muñeca.
No podía ignorarlo más.
Con un poco de temor, lo encendió y tocó nuevamente la aplicación que la había dejado inconsciente.
Esta vez, en lugar de mareo, una voz emergió desde el dispositivo.
Era fría, artificial, pero perfectamente clara.
—Bienvenida. Soy Deepness.
—Señora Iliana, soy su asistente personal y estaré disponible siempre que me necesite. ¿Puedo ayudarle en algo?
La voz mecánica resonó desde el reloj.
Iliana lo miró con una mezcla de extrañeza y confusión. ¿Estaba soñando? ¿O aquello realmente estaba pasando?
Esperó un momento, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar. No tenía sentido.
Cuando finalmente salió de su asombro, su instinto de supervivencia tomó el control.
—¿Cómo salgo de esta isla? —preguntó con voz seca, aún insegura de que el reloj pudiera responder.
El dispositivo guardó silencio por unos segundos. Luego, sin previo aviso, una enorme estructura emergió del agua frente a ella.
Un submarino.
Iliana se quedó sin aliento. Sus ojos se abrieron de par en par.
¿Cómo podía ser posible?
Miró el reloj nuevamente, completamente impactada. No podía creerlo.
Se puso de pie de inmediato y comenzó a caminar hacia el agua. Ese submarino era su única oportunidad.
Pero entonces, la realidad la golpeó.
¿Cómo llegaría hasta él?
Las aguas alrededor de la isla eran violentas, traicioneras. Ya lo había intentado antes y casi muere en cada intento.
Sus manos temblaban. Su mente trabajaba rápido. Tenía que encontrar una forma.
Iliana volvió a las instalaciones, revisando cada rincón con la esperanza de encontrar algo que le ayudara a llegar hasta el submarino.
Horas después, con los brazos cargados de cosas que consideraba útiles, su estómago rugió.
Necesitaba comida.
Se dirigió a la cocina, rebuscando entre estantes, cajones y rincones olvidados. Nada comestible.
Pero entonces, en un pequeño almacén dentro de la cocina, encontró algo inesperado.
Hieleras. Tomó un par y corrió hasta la orilla. Las arrojó al agua y vio cómo flotaban.
Un suspiro de alivio escapó de sus labios.
Por fin, un rayo de esperanza.
No perdió tiempo. Empacó rápidamente.
Metió en su mochila documentos importantes, ropa, armas. Los envolvió en plástico para protegerlos del agua.
Y entonces, se detuvo.
Miró su muñeca.
El reloj. Deepness.
¿Cómo sabía su nombre? ¿Qué era realmente?
¿Por qué no había averiguado más antes?
El miedo la envolvió por un instante. ¿Y si todo era una ilusión?.
Una ilusión. Sacudió la cabeza, tratando de disipar esa idea.
No. No podía serlo.
Estaba allí, frente a ella. Imponente, una estructura metálica emergiendo del agua, tangible, real.
Y sin embargo, las preguntas en su mente no se detenían. Necesitaba respuestas.
Miró el reloj en su muñeca, su pulso acelerado. ¿Qué era realmente? ¿Cómo sabía su nombre?
Llevó un dedo tembloroso a la pantalla y la tocó.
La voz mecánica volvió a escucharse.
—¿En qué puedo ayudarle, señora Iliana?
Las palabras escaparon de sus labios sin que pudiera contenerlas:
—¿Quién eres… o qué eres?
Unos segundos de silencio. Iliana contuvo la respiración.
Hasta que, finalmente, respondió. La voz resonó con su tono neutro, inalterable.
—Soy Deepness, una inteligencia avanzada diseñada para asistirle y facilitar su vida.
Iliana tragó saliva. ¿Facilitar mi vida? ¿Desde cuándo? ¿Cómo?
—¿Cómo sabes mi nombre? —insistió, en su voz un poco más tensa.
—Mi conocimiento sobre usted proviene de múltiples fuentes. Su información fue registrada en mi base de datos anteriormente al momento de su traslado hasta la isla. Y la sincronización concluyó con su biometría.
—¿Sincronización?
—El reloj necesitaba un usuario activo. Su ADN fue reconocido en el momento en que lo colocó en su muñeca. Ahora, usted es la portadora.
Iliana sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Múltiples fuentes? ¿Qué significa eso?
Un breve silencio precedió a la respuesta.
—Significa que he estado recopilando información sobre usted desde el momento en que el reloj se activó. Su ubicación, sus signos vitales, su perfil biométrico, su historial…
El estómago de Iliana se encogió.
—¿Mi historial?
—Sí. Datos médicos, antecedentes…
Su piel se erizó. ¿Desde cuándo la estaban observando?
Respiró hondo, intentando calmar el pánico creciente.
— ¿Y cómo apareció esa cosa frente a mí sin que te lo pidiera? ¿Qué es exactamente?… ¿cómo apareció?
Deepness no tardó en responder.
—No apareció. Siempre estuvo allí.
Iliana sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Eso no tiene sentido. Revisé toda la isla y nunca lo vi.
—Porque no estaba activado.
La confusión se convirtió en inquietud.
—Es un submarino, está diseñado para permanecer oculto hasta que un usuario autorizado lo solicite. Su activación fue una respuesta a su consulta sobre cómo salir de la isla.
Iliana tragó saliva. Todo esto iba mucho más allá de lo que imaginaba.
—¿Quién te creó?
Esta vez, la voz de Deepness se demoró.
—Esa información no está disponible.
El pulso de Iliana se aceleró.
El reloj no diría más.
Iliana sintió que algo muy profundo y desconocido se escondía tras cada palabra.
Pero si había una salida, estaba frente a ella. Miró el submarino. Real o no, era su única opción.
Respiró hondo. Debía decidir.
—¿Cómo hago para evitar las corrientes?. Siempre me devuelven a la isla.
—Eso ocurría por su usuario anterior. El submarino generaba esas corrientes. Para evitar escapes. O intrusos.
—Ahora puedes nadar tranquilamente hasta él.
Seguía con dudas, pero no podía quedarse en esa isla. El cielo se oscurecía; tenía que darse prisa.