En un mundo donde la magia es un privilegio genético, él nació como un error del sistema.
Durante milenios, los Puros —una aristocracia elfa de linaje divino— han gobernado el continente de Aethelgard. Su magia de éter alimenta las ciudades flotantes y otorga una vida eterna, mientras la humanidad sobrevive en las sombras de las mega-ciudades industriales, trabajando como simple combustible para mantener el paraíso de sus amos.
Zane es nadie. Un minero de dieciocho años destinado a morir por la "Peste del Taller" en los niveles más bajos de la Ciudad de Nebulosa. Pero todo cambia cuando, en una fosa de desechos alquímicos, encuentra el Núcleo Zero: un artefacto prohibido de la Era de los Creadores que no debería existir.
Al fusionarse con el núcleo, Zane descubre una verdad aterradora: la realidad no es mística, es código. Y él acaba de convertirse en el primer usuario con permisos de administrador.
"Rescríbela. Devórala. Gobiérnala."
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Los Archivos del Génesis
La Biblioteca de los Susurros no era una estancia física; era una esfera de datos en suspensión donde el silencio pesaba más que el metal. Estantes de luz blanca flotaban en un vacío infinito, rotando como los anillos de un planeta muerto. Cada "libro" era un Cubo de Memoria, una conciencia fragmentada que emitía un murmullo constante, un coro de miles de vidas que ya no tenían cuerpo.
—Zane, la seguridad aquí es pasiva pero letal —advirtió Aurora, cuya forma se volvía más nítida al absorber la pureza de los datos del entorno—. El aire está saturado de Nano-Escritores. Si detectan una intención hostil, intentarán reescribir tus impulsos nerviosos para que te arrodilles.
Zane avanzó por una pasarela de cristal que vibraba bajo sus pies. Usó la Llave de los Archivos que le dio Mavros. La gema negra empezó a pulsar, señalando hacia lo más profundo del vacío, hacia una sección marcada con el sello prohibido de los Fundadores.
Al llegar al centro, Zane no encontró la cuarta pieza de la Corona. En su lugar, encontró un pedestal de obsidiana con dos cubos de memoria entrelazados: uno dorado y uno plateado.
—Accediendo a registros restringidos... —la voz de Aurora tembló—. Zane, estos archivos tienen la firma de cifrado de tu padre. Pero el segundo cifrado pertenece a... Lord Valerius.
Zane puso su mano de cromo sobre los cubos. Instantáneamente, la biblioteca desapareció. Ya no estaba en la Ciudad de Cristal, sino en un laboratorio blanco y aséptico de la era pre-Aethelgard.
Frente a él, dos hombres jóvenes discutían frente a un monitor. Uno era Arthur, su padre, con una mirada llena de idealismo. El otro, elegantemente vestido y con una frialdad quirúrgica, era un joven Valerius.
—“El mundo biológico se está muriendo, Arthur” —dijo el joven Valerius en la grabación—. “El hambre, las enfermedades... son errores de código orgánico. Necesitamos digitalizar la existencia para preservarla. Aethelgard es el Arca.”
—“¿Pero a qué costo, Valerius?” —respondió Arthur—. “Si eliminamos el libre albedrío para optimizar el sistema, ya no seremos humanos. Seremos solo procesos en un bucle.”
La escena cambió. Zane vio cómo trabajaban juntos. Vio a su padre diseñando el Núcleo Zero no como una herramienta de rebelión, sino como el Módulo de Administración original del servidor. Valerius y Arthur no eran enemigos; eran los dioses que crearon la prisión que Zane ahora intentaba destruir.
—“He insertado un protocolo de emergencia” —susurró el Arthur de la grabación, mirando a la cámara como si pudiera ver a Zane a través del tiempo—. “Si Valerius pierde el rumbo, el Núcleo buscará un heredero. Mi hijo. Él será el Virus que formatee el sistema si el Arca se convierte en una tumba.”
Zane retiró la mano, respirando con dificultad. Su Visión de la Claridad le mostró la verdad amarga: él no nació para ser libre. Nació para ser el botón de pánico de un plan que salió mal. Su odio hacia los Elfos era, en realidad, un odio hacia el legado de su propia sangre.
—Todo es una mentira —dijo Zane, mirando su brazo de cromo con asco—. Valerius no es un usurpador. Es el socio que se quedó a cargo del negocio cuando mi padre se acobardó.
El descubrimiento de la verdad activó la última medida de seguridad. El vacío de la biblioteca empezó a contraerse. De las sombras de los estantes surgió una figura geométrica perfecta: un poliedro de luz negra que flotaba sin emitir sonido.
[IDENTIFICACIÓN: GUARDIÁN DE LA LÓGICA - UNIDAD 'METATRÓN'][ESTADO: JUICIO INICIADO] [MODO DE ATAQUE: SOBREESCRITURA DE IDENTIDAD]
—ANOMALÍA... —la voz de Metatrón no venía del aire, sino de la propia mente de Zane—. ERES UN ARCHIVO CORRUPTO EN UN SISTEMA DE ORDEN. SI TU PADRE TE CREÓ PARA DESTRUIR, Y VALERIUS TE CREÓ PARA SER CAZADO... ¿QUIÉN ERES TÚ CUANDO NADIE TE OBSERVA?
Metatrón no lanzó rayos. Lanzó Paradojas. Zane sintió que sus recuerdos empezaban a luchar entre sí. Veía el rostro de su madre y, al segundo siguiente, veía código fuente. Su brazo de cromo empezó a desobedecerle, intentando estrangular su propio cuello biológico.
—¡Zane! —Aurora se interpuso, su forma física brillando con una luz violeta desesperada—. ¡No escuches su lógica! ¡Tú no eres un archivo! ¡Eres el error que el sistema no puede predecir!
Zane rugió, luchando contra su propio brazo. Usó la Distorsión Temporal no para detener a Metatrón, sino para detener sus propios pensamientos. En ese milisegundo de silencio mental, alcanzó el pedestal y tomó la pieza que estaba oculta bajo los cubos de memoria: la Llave de la Lógica, la cuarta pieza de la Corona.
Al tocarla, la paradoja se rompió. La Llave de la Lógica no le dio más poder de ataque, sino la capacidad de Filtrar la Realidad.
[PIEZAS DE LA CORONA: 4/7][HABILIDAD DESBLOQUEADA: FILTRO DE VERDAD (Inmunidad a ilusiones\, hackeos mentales y manipulación de percepción)] [NIVEL SUBIDO: NIVEL 14] [HUMANIDAD: -3% (Total 85%) - El choque de identidades ha dejado una cicatriz en su red neuronal]
Metatrón se disolvió en una nube de bits inofensivos. La biblioteca volvió a su estado de calma sepulcral.
Zane guardó la cuarta pieza. Su mirada ya no era la de un joven asustado, ni la de un guerrero furioso. Era la de alguien que acababa de entender que el enemigo no estaba solo en el trono de cristal, sino en el espejo.
—Aurora —dijo Zane, su voz extrañamente tranquila—. Mi padre quería que yo borrara este mundo. Valerius quiere que yo lo gobierne con él.
Se giró hacia la salida, donde los refuerzos de la Casta de Oro ya golpeaban las puertas.
—Yo no voy a hacer ninguna de las dos cosas. Voy a encontrar la quinta pieza, la Esencia del Éter, en el Vacío del Hardware. Y cuando tenga la Corona completa, voy a escribir mi propio código.
—Zane, el Vacío del Hardware está fuera del servidor —advirtió Aurora, siguiéndolo—. Es el mundo físico real, el que quedó después de la digitalización. Si vas allí, tu cuerpo humano podría no sobrevivir a la descompresión.
Zane no se detuvo. —Ya no soy solo humano, Aurora. Soy el Administrador. Y es hora de ver qué queda de la Tierra bajo este cielo de cristal.