El Hospital Bernet siempre ha sido un lugar de segundas oportunidades… pero también de secretos que nunca sanaron.
Después de años lejos, Claudia Borges regresa para trabajar como interina, acompañada de su pequeña hija. Todos creen que la niña es hija de Agustín Murillo, su novio fallecido en un accidente.
Todos… menos alguien.
El doctor Osmán Bernet, hermano gemelo de Agustín, carga con un estigma que no merece: fue señalado como el villano de la historia, el que “arruinó” la relación de su hermano, el que siempre estuvo un paso detrás. Pero solo él conoce la verdad… o parte de ella.
Porque aquella noche en que Agustín la abandonó enferma, fue Osmán quien la cuidó.
Fue Osmán quien la sostuvo bajo el agua tibia.
Fue Osmán quien escuchó su llanto, su fiebre, su ruego…
Y fue a él a quien Claudia entregó su cuerpo sin saber que no era Agustín.
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Hermanos?
Claudia y Raquel tenían mucho de que hablar. La primera aún no le cuenta un gran secreto que ha guardado.
—¿Aún piensas en tu novio muerto? —la pregunta cayó pesada entre ellas. Parecía un tema tabú.
Claudia tragó saliva.
—Hoy más que nunca… No sabes lo que ocurrió, te comenté algo por teléfono. De hecho, traje mi laptop porque necesito averiguar algo. No puedo hacerlo delante de papá. Él cree que ya olvidé a Agustín, no le gusta verme triste.
Claudia sacó la computadora, la puso sobre la mesa y, mientras encendía, comenzó a hablar:
—Hoy vi a un joven idéntico a Agustín. También es doctor… se llama Osmán, pero no sé su apellido.
—Ay amiga, con eso no hacemos nada —respondió Raquel, encogiéndose de hombros.
Ambas buscaron en redes sociales “doctor Osmán”, pero no encontraron ningún resultado. Y es que con eso no hacían mucho.
—No puede ser… debe haber algo que nos lleve a él.
Las dos suspiraron, decepcionadas.
Entonces Claudia hizo algo que jamás se había atrevido a hacer: escribió en el buscador de Google el nombre de Agustín Bernet. Y en segundos, toda la información apareció ante ellas.
—El joven Agustín Bernet era el futuro sucesor de la familia Bernet —leyó Raquel—, pero sufrió un accidente donde perdió la vida. Ahora la familia está entre la espada y la pared. El futuro del hospital está en juego, ya que su único heredero es el joven Osmán Bernet.
—¿Qué…? Esto no puede ser... ¿Son familia? —Claudia abrió los ojos de par en par—. Con razón se parecen tanto.
—Sigue leyendo, esto es interesante. —Raquel parecía muy interesada y es que el chisme la entretiene.
—“El hermano gemelo de Agustín no es apto para dirigir a la familia Bernet. Puede que el hospital tenga su final escrito.
Se dice que Osmán Bernet prefiere las fiestas, se ha visto envuelto en riñas y no toma en serio sus estudios.”
—Raquel dejó escapar un soplido—.
— Bueno, si Agustín nunca te lo dijo, no lo culpes. ¿Quién se enorgullece de tener un hermano así? Hasta a mí me daría vergüenza tener a alguien así en mi familia.
Claudia se pasó una mano por el rostro, confundida.
—Es hermano de Agustín… tenía un gemelo y nunca me lo contó. No tuvo esa confianza conmigo.
—Esto es noticia vieja, es de hace tres años.
—dijo Claudia—. No creo que haya cambiado. Aunque… yo lo vi muy centrado en su trabajo.
Claudia sonrió con nostalgia.
—Si lo hubieras visto… por la tardé, entró a Pediatría a visitar a los bebés. Y les habló como si ellos entendieran: “Mis pequeños, hoy muchos se irán a casa. Espero no volver a verlos aquí; sean fuertes, pórtense bien con sus mamás y que Dios los acompañe.”
—Amiga, no te creo —rió Raquel—. Ese hombre es de Júpiter o de otro mundo. Eso es muy tierno, tiene un buen corazón.
—Es hermano de mi amor —susurró Claudia—. Debe tener el mismo corazón bondadoso.
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Lejos de ellas, Osmán se detuvo en la cima de una montaña. El sol iluminaba sus ojos, dándoles un destello amarillento.
—No sé por qué hoy te sentí cerca de mí, Agustín… —murmuró—. Ya déjame en paz. Siempre fui tu sombra. Todos te amaban más por ser el mayor, pero tu talento fue gracias a mí. Tus tareas las hacía yo… tu tesis la pasaste porque te cambié el examen. No podíamos defraudar a papá. Él siempre esperaba que ese cuatro fuera mío.
Afligido, miró al horizonte, estaba solo como siempre, con el viento golpeando su chaqueta.
—Hoy te recordé… y no sé por qué. Donde quiera que estés… descansa. Y ya déjame en paz.
Osmán, hablaba solo en medio de la nada, como siempre lo hacía cuando quería vaciar el alma. Intentaba dejar atrás el pasado… sin saber que el pasado acababa de abrir los ojos.
Su vida está por dar un giro.
No sé imagina que la doctora sacará su ego, su soberbia, su lado más cruel… pero también el más noble. Y lo obligaría a vivir un amor que él consideraría imposible.
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Semanas después.
—¡Buen día, chicos! —saludó la doctora con una sonrisa brillante antes de ir a cambiarse.
—Doctora Borges, qué bueno que la veo —dijo Alicia mientras corría para también cambiar su uniforme.
—Siempre llegas tarde —bromeó Claudia—. Anda, date prisa. Ya sabes que nuestro jefe es muy estricto.
Se referían, por supuesto, a Osmán, quien estaba a cargo de todo el personal médico.
—Doctora… —Alicia la detuvo—. Desde ayer tengo un mensaje para usted. Vino a buscarla un joven llamado… Emanuel, o Manuel, no recuerdo bien.
—Hubieras comenzado por ahí —Claudia se colgó el estetoscopio—. Le preguntaste ¿Qué quería?
—Dijo algo así, como que hoy se verían. No entendí muy bien —respondió la enfermera mientras se acomodaba el pantalón lleno de caricaturas.
—Me gusta ese —sonrió Claudia—. A los niños les encanta. Ahora me voy, no vaya a ser que el gruñón ya esté enojado. Ya lo conoces.
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En la sala de urgencias, Osmán revisaba una emergencia.
—Ella es Emily —informó una enfermera—. Viene con síntomas de apendicitis.
—Bien. Ordenaré exámenes y me encargaré de la operación.
Osmán se giró para irse, pero su colega lo detuvo.
—Doc… el problema es que esa paciente es de escasos recursos. Sus padres no pueden costear los exámenes, mucho menos la cirugía.
Osmán apretó la hoja entre los dedos, y miró el ventanal. Luego, a la pequeña niña asustada.
—No puedo dejar que muera, pero…
Se veía indeciso, atrapado entre lo que debía hacer y lo que necesitaba hacer.
—Buenos días, doctor… —Claudia apareció en el cubículo—. Cindy, estaré en consulta hoy. Si hay alguna emergencia no dudes en llamarme. Sabes que siempre estoy en alerta y dispuesta a saber vidas.
Osmán estaba a su lado cuando de repente le agarró el brazo y le entregó el expediente de la niña.
—Doctora Borges, ¿puede llevar a esta niña a la radiografía? Espéreme ahí, y no hagas nada más hasta que yo llegue.
los padres nunca deben tener favoritos 😭😭😭😭😭😭