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La Última Mujer Vampiro

La Última Mujer Vampiro

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Dominación / Amor prohibido / Mujer poderosa
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Edgar Romero

Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.

NovelToon tiene autorización de Edgar Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Ese viernes ocurrió un asalto frustrado a una joyería con toma de rehenes. Yo dirigía la detención de un sujeto que se dedicaba a hackear cuentas bancarias. El hecho correspondía a la división cibernética y era un caso mediático que atraía a la opinión pública porque el tipo ese había amasado una fortuna vaciando muchísimos depósitos  y cuentas de diferentes bancos del país y del exterior. Fue justo que me llamó la teniente Jones. -Problemas, capitana-, me dijo refiriéndose al asalto. Ella es mi brazo derecho en la comandancia.

    Se trataba de tres sujetos bien armados que pretendieron robar una joyería, pero la alarma sonó, fueron rodeados por efectivos del sector y tomaron en rehenes a empleados de la tienda y clientes, doce personas en total.

   El teniente Shatner estaba a cargo del operativo, cuando llegué. -Los sujetos tienen armas largas y explosivos, capitana-, me informó. -Matarán a un rehén cada veinte minutos si no los dejan irse. Han advertido que dispararán a otro y otro más, hasta que les permitamos su fuga-, me detalló.

    Las calles ya estaban acordonadas aunque habían miles de curiosos amontonados en las esquinas y más allá un centenar de periodistas pendientes de la resolución del problema. Llamé a la unidad de armas tácticas. -Solo hay una puerta de acceso-, me detalló Shatner muy preocupado.

  Le pedí el megáfono.- -Soy la capitana Dumitrache, ¿Podemos hablar?-, intenté ganar tiempo antes de un operativo de rescate que podría ser sangriento.

   -Su teniente ya sabe de nuestras exigencias-, me respondieron los hampones.

   Me saqué la cartuchera. -¿Qué vas hacer, Claudia?-, se preocupó aún más Shatner.

   -Ganar tiempo-, le guiñé un ojo a mi teniente y salí con los brazos en alto. -¡¡¡No llevo armas!!! ¡¡¡Solo quiero hablar!!!-, dije avanzando lentamente.

   -¡¡¡No queremos hablar,  capitana, solo tiene quince minutos para que nos dejen ir o se muere un rehén!!!-, me respondieron los ladrones empero no hice caso y seguí avanzando desafiándolos.

    -Hablemos-, insistí sin detenerme hasta llegar a la puerta. Aquella era una gran mampara de vidrio y vi a los rehenes amontonados en un rincón, apuntados por un tipo con una ametralladora.  Otro sujeto custodiaba una ventana y el que hablaba estaba a cargo de la puerta. Todos los hampones tenían pasamontañas y era evidente que estaban nerviosos y desesperados porque el asalto les había salido mal.

   -¡¡¡Váyase!!! ¡¡¡Váyase!!!-, me decía el tipo de la mampara, apuntándome con la metralleta, pero no le hice caso y abrí la puerta y me metí.

    -Te voy a volar la cabeza, estúpida-, me resondró el sujeto, echando humo de las narices.

   -Hablemos-, le insistí.

  -Un auto y nos vamos, es así de simple-, remarcó el tipo.

  -Yo he venido con mi carro si quieren los llevo-, sonreí muy coqueta, entreabriendo mi boquita tan deliciosa.

  Fue en ese milésimo de segundo que descubrí algo nuevo en mí. ¡¡¡Soy demasiado cautivante!!! No lo sabía, en realidad. El fulano ese quedó embobado con mi risita. Recién en ese instante me daba cuenta por qué tantos hombres convulsionaban mi vida.  ¡¡¡Era mi poder de mujer vampiro!!! El ser humano encuentra irresistible, cautivante,  demasiado seductora, a la mujer vampiro. Lo excita hasta quedar eclipsado y obnubilado por completo. Creo que es la mirada hipnótica, la risa pícara y traviesa, el rostro empalidecido y los pelos oscuros resbalando sobre los hombros como cascadas que nos hacen irresistibles, exóticas, diferentes y provocativas a las mujeres vampiro. A través de la historia, los seres humanos se han rendido al encanto de las mujeres vampiros, cayendo de rodillas a sus pies. Eso explica por qué es tan fácil morderles el cuello y beber su sangre. Igual, por supuesto,  nos ocurre a las mujeres. Las chicas no nos resistimos a un vampiro. Nos doblegamos a su virilidad, al peligro de una mordida, al deseo excelso de ser poseída por uno de esos vampiros tan hermosos y cautivantes.

   Es lo que había ocurrido con mi madre. Ella se enamoró perdidamente de mi padre que, como saben, era un músico muy discreto, borrachín y mujeriego, pero mamá estaba siempre  prendada de papá, tanto que lo veneraba, lo idolatraba y lo tenía en un pedestal. Y eso ocurría simplemente porque mi padre era un vampiro y ejercía una atracción y seducción devastadora que rendía a mi madre hasta hacerla sumisa y tenerla a sus pies.

   En el internet leí que las mujeres se entregan porque los vampiros pertenecen a una era de galantería, poesía y romance, de corceles brillantes, hombres con capa y florete y misterio de noches muy oscuras, sin luces, callejones baldíos, techos y balcones intensos y envuelto en permanente peligro. Y en el caso de ellos con respecto a nosotras se rinden y se entregan porque nosotras somos muy sexys y extremadamente sensuales.

  Los rehenes fueron recuperados sin sufrir ningún rasguño, los ladrones fueron detenidos por mis efectivos y todo se solucionó sin disparo alguno. Cuando salí de la joyería, satisfecha del éxito,  los periodistas me rodearon y me ametrallaron a preguntas.

   -Simplemente conversamos, les hice ver que matar a una persona ales agravaría una condena y que es mejor cinco o seis años que la cadena perpetua-, sonreí y haciendo una venia súper coqueta los dejé a los reporteros, dándose empellones para conseguir más declaraciones mías.

   En la noche, tumbada en mi casa, después  de cumplir mi turno en la comandancia, echada a mis anchas en la cama, con mi pijama ya puesto, veía en la televisión a mi amiga Esther Garret del canal Cometa. Ella había logrado entrevistar a uno de los rehenes rescatados del asalto a la joyería. El hombre abanicaba sus ojos admirado y estaba entre turbado y sorprendido, relatando los hechos ocurridos dentro de la tienda.

   -La chica policía les habló a los ladrones con mucha naturalidad y encanto, les sonrió incluso y los convenció a entregarse, no sé qué poder tenía esa mujer que hasta yo estaba hipnotizado a ella, viéndola tan convincente y elocuente-, decía el tipo admirado tratando de dibujar lo que pasó en la joyería.

   Riéndome de buena gana, dije mirando el techo y moviendo un hombro y mi carita, -hombresssss-, y luego de apagar el televisor, me dormí como una princesa de cuento de hadas.

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