En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.
Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.
Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.
Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.
Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.
Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.
Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
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Capítulo 16 | Alianzas silenciosas
No volví a tocar el reloj, no fue necesario.
La sensación que había dejado seguía ahí, persistente, como un eco que no terminaba de apagarse del todo. Podía ignorarlo si quería, podía distraerme con otras cosas, pero la verdad era simple: Ya no era un caso aislado.
Caminé por los pasillos del palacio con paso tranquilo, aunque mi mente no lo estaba. Las antorchas iluminaban las paredes con una luz cálida que contrastaba demasiado con lo que había sentido horas antes. Todo parecía en orden.
—Pensé que te encontraría aquí.
No me detuve.
—Entonces ya sabías dónde buscar.
Evan se apoyó contra la pared a unos pasos de distancia. Eiden estaba con él, en silencio, como siempre, observando más de lo que decía.
—Eiden me contó lo del objeto —dijo Evan.
—Entonces ya sabes que no es algo menor.
Evan no respondió de inmediato. Su mirada pasó de mí a su hermano, como si confirmara algo en silencio.
—No —dijo finalmente—. No lo es.
Eiden dio un paso adelante.
—Había residuo —añadió—. No fuerte, pero… claro. No es magia reciente.
—Lo sé.
—¿Cómo? —preguntó Evan.
Lo miré.
—Porque no es el primero —confesé.
Se hizo un silencio, no obstante, esta vez era más pesado y más real.
Evan dejó de apoyarse contra la pared.
—Eso cambia las cosas —dijo en voz baja.
—Las complica —corregí.
Eiden frunció levemente el ceño.
—¿Cuántos?
—Suficientes.
No necesitaban un número, no todavía. Evan exhaló lentamente, como si reorganizara la información.
—Esto no es algo que se pueda manejar desde afuera —dijo.
—No —coincidí—. Y tampoco es algo que se pueda ignorar.
Eiden me observó con más atención.
—Estás buscando algo.
No respondí de inmediato, porque esta era la parte importante, la que definía todo.
—Conocimiento —dije finalmente—. Preciso.
Evan inclinó la cabeza apenas.
—Eso suena más específico de lo que parece.
—Lo es.
Silencio otra vez. Los gemelos se miraron mutuamente, como si se estuvieran comunicando telepáticamente.
—Hay cosas que no se estudian fácilmente —continuó Eiden—. Algunas… tienen consecuencias.
—Ya lo sé —respondí.
Y no era una suposición, yo lo sabía mejor que nadie.
Evan cruzó los brazos, pensativo.
—Nuestro padre trabaja con ese tipo de cosas.
No fue una revelación, fue una prueba.
—Lo sé.
Ambos me miraron.
—Entonces esto no es casual —dijo Eiden.
—No —admití.
—¿Y qué quieres exactamente?
La pregunta quedó en el aire. Fue directa y peligrosa, si no se responde adecuadamente. Elegí las palabras con cuidado.
—Evitar cometer un error que no pueda corregirse.
Evan y Eiden intercambiaron una mirada breve, rápida, pero cargada de significado. Lo entendieron, no todo, pero sí lo necesario.
—Vamos a hablar con él —dijo Evan finalmente.
No fue una promesa completa, pero sí un paso.
Asentí apenas.
—Cuando sea el momento correcto —añadió Eiden.
—Lo será —respondí.
Y esta vez… no era una suposición.
No los escuché acercarse, pero su presencia fue imposible de ignorar.
—¿Interrumpimos algo?
La voz de Ian fue ligera, pero la tensión detrás de ella no lo era.
No me giré de inmediato, no hacía falta. Ya sabía quiénes estaban ahí.
Maxime.
Ian.
Alexei.
Y Kael.
Siempre Kael.
—No —respondí con calma—. Solo conversábamos.
—Eso parece —dijo Maxime.
Su tono no era acusador, aun así estaba muy cerca.
Evan no dijo nada y Eiden tampoco. Ambos se mantuvieron en silencio, observando, como si este tipo de situaciones no les resultara ajeno. Lo cual probablemente era cierto
.
—¿Y sobre qué? —preguntó Ian.
Ahora sí me giré, los miré a todos, uno por uno.
—Sobre cosas que no les conciernen.
El silencio fue inmediato. No por lo que dije, sino por cómo lo dije.
Maxime dio un paso adelante.
—Eso no es…
—Sí lo es —lo interrumpí.
Sin elevar la voz y sin cambiar el tono, pero sin dejar espacio a réplica.
—No todo tiene que pasar por ustedes.
Ian frunció el ceño.
—No estamos diciendo eso.
—Pero actúan como si fuera así.
Alexei me observaba con atención, más callado que los demás.
—No se trata de control —dijo.
—Entonces dejen de comportarse como si lo fuera.
La tensión se hizo presente, más densa que antes. Pero esta vez… yo no retrocedí.
Kael no intervino y eso fue importante, porque no lo necesitaba.
—Si tienen algo que decir —continué—, díganmelo a mí. No a otros.
Maxime apretó la mandíbula, Ian desvió la mirada un segundo y Alexei no se movió.
—No es tan simple —dijo finalmente.
—Lo es —respondí.
Evan soltó una leve risa, apenas audible.
—Interesante —murmuró.
No lo miré.
—Si no tienen nada más que decir —añadí—, esta conversación ya terminó.
El silencio se sostuvo unos segundos más. Luego, uno a uno se retiraron. No todos estuvieron conformes, pero ninguno insistió. Kael fue el último en irse, se detuvo apenas a mi lado.
—Después hablamos —dijo en voz baja.
Asentí.
No hacía falta más.
Cuando finalmente nos quedamos solos otra vez, Evan habló.
—No son precisamente sutiles —dijo con una sonrisa burlona.
—No lo necesitan —respondí.
Eiden me observó un momento más.
—Tú sí.
No lo negué.
—Entonces estamos de acuerdo —dijo Evan.
—En parte.
Eso bastaba.
Nos separamos sin necesidad de añadir más, porque lo importante ya estaba hecho. Había un camino, no completo, no seguro. Pero existente.
Y eso era suficiente… por ahora.
...****************...
Muy lejos de allí, donde la luz no llegaba y el aire parecía detenido en el tiempo, una figura permanecía en silencio.
Las paredes de piedra encerraban el espacio, eran frías e inmutables, marcadas por algo más que el paso de los años. No había ventanas. No había salida visible.
Solo oscuridad.
Y, sin embargo, no estaba sola.
Frente a ella, un objeto brillaba débilmente, suspendido en el aire. Su superficie reflejaba imágenes fragmentadas, distorsionadas, pero reconocibles.
El palacio.
Los pasillos.
Las figuras moviéndose.
Y entre ellas… estaba ella. La niña.
La persona observada con atención, con cuidado y con algo más.
Una sonrisa leve, apenas visible en la penumbra, se dibujó en su rostro.
—Bien… —susurró, con una voz suave pero firme—. Todo sigue su curso.
Sus dedos se cerraron lentamente alrededor del aire, como si sostuviera algo invisible.
—Solo un poco más…
La luz del objeto titiló.
Y luego… la oscuridad volvió a envolverlo todo.
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?