Eleonor Ribas, una joven de 25 años, pasó la vida luchando por sobrevivir, marcada por un pasado de abandono y dolor. Cuando lo pierde todo de una sola vez, trabajo, hogar y estabilidad, el destino la conduce hasta Dante Bianchi, un mafioso temido, frío e implacable, diez años mayor que ella. Pero es en los hijos de él donde encuentra un nuevo propósito, especialmente en Matteo, un niño autista que solo logra calmarse con su presencia.
Al aceptar trabajar como niñera de los niños, Eleonor se adentra en un mundo peligroso de secretos, traiciones y conspiraciones. Mientras se gana el cariño de los pequeños y resquebraja las murallas de Dante, fuerzas ocultas conspiran desde las sombras. Cuando la verdad sobre su pasado salga a la luz, ¿podrá confiar en el hombre que juró no volver a apegarse? ¿O ya será demasiado tarde?
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Capítulo 14
Eleonor se despertó con el sonido insoportable del timbre. Se levantó lentamente, con los ojos semicerrados y la cabeza aún dando vueltas por el torbellino emocional de las últimas 24 horas. El día anterior había sido uno de los más difíciles de su vida. Sarah, con su arrogancia y poder, parecía haber logrado alcanzar un punto débil en Eleonor, acorralándola de una manera que jamás imaginó posible. Amenazas, humillaciones, todo parecía ser parte de un juego cruel para Sarah. Pero por más que lo intentara, Eleonor no podía dejar que eso la derrumbara. No esta vez.
Arrastró los pies hasta la puerta, intentando alejar los pensamientos pesados, y al abrir, se topó con sus dos mejores amigas: Camily y Sophia, ambas con sonrisas enormes en el rostro y bolsas de helado en las manos.
—¡Sorpresa! —exclamó Camily con entusiasmo, empujando a Eleonor hacia dentro de casa y asegurándose de entrar primero.
Sophia la siguió, con la energía de siempre, animada y llena de disposición. Encendió la música a todo volumen, con el ritmo energético que siempre ayudaba a aliviar cualquier tensión. Mientras tanto, Camily colocó las bolsas en la mesa, sacando los potes de helado con cara de quien estaba trayendo una verdadera cura para el día de Eleonor.
—¡Hoy te vas a olvidar de todos los problemas, Eleonor! Nada de pensar en Sarah, en la discoteca o en cualquier cosa que te haga mal. ¡Solo helado y risas, chica! —dijo Sophia, bailando de manera torpe alrededor de la sala.
Eleonor sintió el corazón apretarse un poco, pero no pudo evitar sonreír. La presencia de sus amigas siempre la hacía sentirse más ligera. Pero la verdad era que, por más que intentara, no lograba alejar la sensación de angustia que venía con el nombre de Sarah.
—No sé qué hacer, chicas… Sarah me va a perjudicar, donde quiera que vaya. Yo… yo solo no sé cómo lidiar con esto —se dejó caer en el sofá, mirando sus manos que aún temblaban un poco, como si la agitación emocional no hubiera terminado, incluso después de un día entero.
Camily y Sophia se miraron, como si la frase de Eleonor fuera algo que ya esperaban. Habían visto la preocupación de Eleonor crecer en los últimos días, y sabían lo mucho que se sentía derrotada. Pero no eran amigas para dejarla hundir.
Camily se sentó al lado de Eleonor, colocando un brazo sobre sus hombros de manera protectora.
—Sarah puede hasta intentarlo, pero no vas a caer en esa trampa. Eres mucho más fuerte que ella —dijo Camily con convicción—. Ella solo tiene la ventaja del apellido, del dinero y de las conexiones. Pero tú tienes algo que ella jamás va a tener, Eleonor… tienes carácter, tienes coraje y tienes una fuerza de voluntad que no se encuentra en cualquier lugar.
Sophia, que estaba más animada con el helado que con cualquier otra cosa, se detuvo por un segundo y miró a Eleonor con una sonrisa traviesa.
—Y tienes algo más, ¿no? Tienes una forma muy especial de lidiar con la vida. Sarah debe estar tan enfadada con su perfección, que no sabe cómo lidiar con alguien real como tú —hizo una pausa, como si estuviera esperando la reacción de Eleonor, y luego soltó una risa baja—. La vida de ella debe ser la definición de "privilegiada". No debe saber ni lo que es un día común de trabajo, con clientes molestos y presupuestos ajustados. Ya tú, querida, tú eres como una heroína de la vida real.
Eleonor no pudo evitar reír, sintiendo la presión en su pecho disminuir un poco. El sarcasmo de Sophia, mezclado con la ligereza de Camily, fue como un bálsamo para ella. Pero aun así, el problema de Sarah persistía en su mente, como una nube oscura que no se alejaba fácilmente.
—Lo sé, lo sé… Pero ella tiene tanto poder, tanto… —Eleonor comenzó, pero fue interrumpida por Camily, que la miró con una sonrisa traviesa.
—¿Poder? ¿Crees que ella tiene poder? ¡Quien tiene poder eres tú! Eres la única persona aquí que tiene la capacidad de hacer que las cosas sucedan a tu manera. Y si Sarah no lo acepta, que se joda. La verdad es que, en el fondo, ella sabe que no es más fuerte que tú, por más que intente hacerse la dueña de la situación.
Sophia, siempre irreverente, levantó el vaso de helado en un brindis improvisado.
—¡Por la salud mental de Eleonor! ¡Que sea más fuerte que cualquier idiota que intente atravesarse en su camino! —hizo un gesto exagerado con el brazo, como si fuera una verdadera ceremonia de brindis. Camily levantó su vaso también, y las dos miraron a Eleonor, que, poco a poco, fue sintiendo el peso disiparse.
—Sarah es solo un obstáculo. Nada que no puedas superar —Camily sonrió—. Ahora vamos, ¡mírame! Tienes ese uniforme de trabajo más elegante que cualquier cosa que Sarah tenga en el armario. ¡Vamos a celebrar lo que tenemos de bueno!
Eleonor sonrió, y las tres comenzaron a reír juntas. Era imposible no sentirse más ligera en la presencia de sus amigas. La diversión, la energía de ellas, la forma en que siempre lograban hacerla ver las cosas de una manera diferente, hacía que todo fuera más fácil de enfrentar. Lo que estaba sucediendo con Sarah, al fin y al cabo, no era tan importante como la fuerza de Eleonor para seguir adelante.
—Gracias, chicas. No sé qué haría sin ustedes —dijo, con la voz más suave, pero genuina.
Camily tomó más helado y levantó una ceja, con una sonrisa llena de malicia.
—No tengo duda de que Sarah se va a joder al final. Pero, por ahora, vamos a disfrutar nuestro momento. Vas a seguir trabajando donde bien te parezca, y Sarah que se las arregle con sus propios problemas.
Sophia continuó haciendo un movimiento danzante, como si fuera la coreografía más animada del mundo. Miró a Eleonor con los ojos brillando.
—Y, si ella continúa intentando humillarte, mándale que venga a hablar conmigo. ¡Voy a dar unas clases de "cómo ser una persona normal", y voy a enseñarle a no tratar a los demás como basura!
Las palabras de Sophia arrancaron una risa sincera de Eleonor, que sintió una ola de gratitud por esas dos. No estaban solo siendo amigas, estaban siendo el ancla que ella necesitaba para mantenerse firme. Si fuera por ellas, nada podría destruirla.
El resto de la tarde pasó con risas y conversaciones ligeras. Las tres hablaron sobre todo, menos sobre Sarah. Eleonor se olvidó de todos los problemas y se entregó completamente a la compañía de Camily y Sophia, y al sabor dulce del helado. En el fondo, ella sabía que enfrentaría lo que fuera necesario, pero con esas dos a su lado, se sentía capaz de salir adelante, sin necesidad de ceder al miedo.
A medida que el día llegaba a su fin, Eleonor se sintió más fuerte. Aun sabiendo que Sarah aún podría intentar perjudicarla, ella sabía que tenía algo más importante que la venganza o las amenazas: ella tenía a las personas que amaba, y con ellas a su lado, nada podría derribarla. Ella tenía una red de apoyo y, más que eso, ella tenía coraje. Y, con su coraje y sus amigas a su lado, estaba lista para enfrentar cualquier cosa que viniera a continuación.