A veces los sentimientos llegan cuando menos deberían.
Una noche cualquiera, una convivencia inesperada y una conexión que nunca estuvo en los planes.
Esta no es una historia perfecta, es real, intensa y llena de decisiones que marcan para siempre.
Porque hay amores que no se buscan… simplemente pasan.
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Capítulo 15: El tiempo no cura lo que se oculta
1 mes después......
Todo se sentía distinto… pero no necesariamente más claro.
La rutina había cambiado sin que nos diéramos cuenta. Ya no eran solo mensajes constantes ni noches compartidas en silencio. Ahora había pausas, espacios raros, momentos donde el “te escribo luego” se alargaba más de la cuenta.
Yo estaba sentada en la cama, con el celular entre las manos, mirando la pantalla apagada como si de ahí fuera a salir alguna respuesta que calmara lo que sentía en el pecho. Alejandro estaba en el trabajo, lo sabía, pero aun así la ausencia pesaba diferente.
Cuando el celular vibró, mi corazón dio un pequeño salto.
Alejandro: Mor, hoy salgo un poco tarde… no sé si llego con ánimos.
Melani: Está bien, amor. Yo te espero.
Mentí.
No estaba bien, pero tampoco quería presionarlo.
Esa noche llegó cerca de las once. Escuché la puerta, los pasos conocidos, el sonido del bolso dejándose caer en una silla. No salí de inmediato. Me quedé quieta, esperando que fuera él quien entrara.
La puerta del cuarto se abrió despacio.
Alejandro: ¿Estás despierta mor?
Melani: Sí…
Se acercó y se sentó a mi lado. No me besó de inmediato, y eso me dolió más de lo que hubiera querido admitir.
Alejandro: Perdón… he estado raro últimamente.
Melani: Lo sé.
Lo miré. Sus ojos estaban cansados, pero había algo más… algo que no sabía cómo descifrar.
Melani: ¿Te pasa algo conmigo?
Alejandro suspiró largo, apoyando los codos sobre sus rodillas.
Alejandro: No es contigo… es con todo esto.
Melani: ¿Con “esto” o conmigo?
Me miró entonces, de verdad.
Alejandro: Contigo es lo único que se siente real… y eso es lo que me asusta.
Sentí un nudo formarse en la garganta.
Melani: A mí también me da miedo, Ale… pero no quiero sentir que te pierdo estando aquí.
Se acercó y tomó mi mano con fuerza.
Alejandro: No te estoy soltando, mor. Solo… no sé cómo sostenerte sin que duela después.
Apoyé la frente en su hombro. Su olor seguía siendo el mismo, pero la calma ya no.
Melani: Un mes atrás no pensábamos tanto.
Alejandro (con una sonrisa triste): Un mes atrás solo sentíamos.
Nos quedamos en silencio. No era incómodo, pero sí pesado. Como si ambos supiéramos que algo estaba cambiando, aunque ninguno se atreviera a decir qué.
Alejandro pasó su brazo por mis hombros y me atrajo hacia él.
Alejandro: Ven… quédate aquí.
Me acomodé contra su pecho. Su mano acariciaba mi espalda de forma automática, como siempre, pero esta vez yo estaba demasiado consciente del gesto.
Melani: Prométeme algo…
Alejandro: Dime.
Melani: Que si esto empieza a romperse, que dejas de sentir algo por mi… me lo digas. No me dejes adivinarlo sola.
Su respiración se volvió más lenta.
Alejandro: Te lo prometo princesa.
No sabía si creerle del todo, pero cerré los ojos igual. Porque a veces amar también es eso: quedarse, aun cuando empiezas a notar las grietas.
Y mientras el reloj avanzaba en silencio, entendí que ese mes no nos había acercado más…
nos había puesto frente a lo que ninguno quería enfrentar todavía.