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Tres Veces 69

Tres Veces 69

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Mafia / Amor a primera vista / Romance de oficina / Romance oscuro / Harén Inverso / Completas
Popularitas:2
Nilai: 5
nombre de autor: Belly fla

“Para heredar el imperio de la mafia, Pedro necesita ser entrenado por los gemelos Danilo y Diogo. Pero las lecciones de poder pronto se convierten en juegos de deseo, donde el placer es el arma más peligrosa y el heredero se convierte en el premio.”

NovelToon tiene autorización de Belly fla para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Esta vez, las armas en el panel no eran las pistolas compactas del día anterior, sino escopetas y fusiles, piezas largas y pesadas que hablaban de un poder diferente, más brutal.

"Bien", comenzó Diogo, tomando un fusil táctico. "Hora de presentarte las herramientas de trabajo a gran escala".

Pedro miró el arma, sintiendo una mezcla de fascinación y aprehensión. "Parece... definitiva".

"Esa es la intención", comentó Danilo, recostado en una columna, observando. No estaba sosteniendo ninguna arma, pero su presencia era tan cargada como la de cualquiera de ellas. "No todo es discreción, princesa. A veces, se trata de enviar un mensaje. Ruidoso".

Diogo ignoró a su hermano y se acercó a Pedro. "El principio es el mismo. Postura, respiración, control. Solo que la escala es mayor, y el retroceso también". Le entregó el fusil a Pedro. "Siente el peso".

Pedro tomó el arma. Era sorprendentemente pesada, un tubo de metal frío e intención letal. Sus manos se ajustaron instintivamente al puño y al guardamanos.

"Bien", susurró Diogo, observando. "Ahora, encájala en el hombro. Firmemente. Esto no es una pistola que sostienes con los brazos extendidos. Tú y el arma necesitan ser uno".

Se movió detrás de Pedro, muy cerca, como había hecho el primer día. Sus manos encontraron las caderas de Pedro, ajustando ligeramente su posición. "Un poco más hacia adelante. Eso".

El toque era profesional, pero el calor del cuerpo de Diogo contra su espalda era una distracción potente. Pedro podía olerlo, una mezcla de algodón limpio y acero.

"Enfoca", la voz de Diogo era un susurro cálido en su oído. "Olvida todo. Solo eres tú, el arma y el objetivo".

Pedro lo intentó. Respiró hondo, sintiendo el peso del fusil convertirse en una extensión de su cuerpo. El mundo exterior desapareció.

"Parece tan fácil cuando es él quien enseña, ¿verdad?", la voz de Danilo cortó el hechizo, viniendo de algún lugar a su derecha. "Casi... íntimo".

Pedro no respondió, pero sintió un rubor subir por su cuello.

"Continúa", ordenó Diogo, su voz un poco más áspera. Sus manos se movieron hacia los brazos de Pedro, guiándolos a una posición más estable. "No dejes que te distraiga".

"¿Quién, yo?", Danilo fingió inocencia. "Solo estoy observando el método de enseñanza de mi hermano. Muy... práctico".

Diogo soltó un gruñido de irritación. "Danilo, cállate".

"Está bien, está bien". Danilo comenzó a caminar en círculos alrededor de ellos. "Solo creo que es curioso. Conmigo, solo gritas 'hazlo bien'. Con el chico, es todo tacto y susurro. Casi una... caricia".

La mano de Diogo en el brazo de Pedro apretó involuntariamente. Pedro sintió los dedos presionando su carne a través de la camisa.

"Es porque es nuevo", respondió Diogo, su voz tensa. "Y porque no es un idiota testarudo como tú".

"¿Ah, sí?", Danilo se detuvo directamente frente a ellos, bloqueando la visión del objetivo. Su sonrisa era una invitación al conflicto. "Parece más que te gusta la excusa para estar pegado a él".

Fue la gota que colmó el vaso. Diogo soltó a Pedro de repente y se giró para enfrentar a su hermano. "¿Qué quieres, Danilo? ¿Arruinar el entrenamiento?"

"¿Arruinar?", Danilo se rió. "Al contrario. Creo que se está volviendo muy interesante".

Mientras los dos hermanos se miraban fijamente, Pedro bajó el fusil, jadeando. La tensión sexual y competitiva en la sala era tan espesa como el humo de cordita. Se sintió como un premio siendo disputado.

"Paren", dijo Pedro, su voz saliendo más firme de lo que esperaba.

Los dos gemelos se giraron para mirarlo, sorprendidos.

"No soy un juguete para que ustedes peleen por", continuó, sintiendo una valentía nueva. "Si voy a aprender, enséñenme. Los dos. Sin ese juego de celos de patio de escuela".

Un silencio pesado cayó sobre la sala. Diogo parecía impresionado. Danilo, divertido.

Danilo silbó bajito. "El chico tiene personalidad. Me gusta eso".

Diogo estudió a Pedro por un largo momento, y entonces, algo en su expresión cambió. La frustración dio lugar a un respeto renovado. "Está bien", dijo, finalmente. "Tienes razón".

Dio un paso hacia atrás, creando espacio. "Danilo, toma otra escopeta. Vamos a mostrarle cómo se hace de verdad. Juntos".

Danilo arqueó una ceja, una sonrisa lenta formándose en sus labios. "Ahora estás hablando mi idioma".

Pedro observó a los dos hermanos posicionarse, uno a cada lado de él, una unidad perfecta de fuerza e intención. El aire todavía estaba cargado, pero ahora era diferente. Era enfocado. Electrizante.

Levantó el fusil nuevamente, sintiendo el peso familiar. Esta vez, cuando sus ojos encontraron los de Diogo, no había solo deseo. Había un entendimiento. Un acuerdo tácito.

El entrenamiento acababa de volverse mucho más interesante.

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