Un compromiso a ciegas, muchos secretos y mentiras, que harán de la vida de Sophie un caos. Mientras que Sophie busca la felicidad y lucha por su libertad, no todos están de acuerdo con eso.
Sin nadie en quien confiar, saliendo de un infierno y entrando a otro, sin esperanzas de escapar de ese demonio que la persigue, ¿Qué futuro le puede esperar? ¿En quién podrá confiar ahora? ¿Será que Sophie pueda encontrar la verdadera felicidad?
NovelToon tiene autorización de Natalïa Dïaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
16
Advertencia: El siguiente contenido puede causar disconformidad, leer bajo su propio riesgo.
Por alguna razón no correspondió mi beso y llevó su mano a mi cuello.
—¡No juegues conmigo, perra! Vuelves a poner tus sucios labios en los míos, y voy a matarte— su rostro se veía rojo y noté que estaba sudando.
Se levantó de la **** tropezando casi con todo y abrió la puerta de la habitación con unas llaves que tenía en el bolsillo, luego la tiró de golpe y cerró la puerta por fuera. No sé qué demonios le pasó, pero se veía muy molesto. Entonces ¿Él sí tiene derecho de besarme cuando se le plazca? Miré hacia el suelo y vi que había dejado la cuchilla. Quizás esta es la oportunidad que estaba esperando.
Damián
Me di varios golpes en el pecho por la presión que estaba sintiendo y bajé a la cocina a tomarme las medicinas. El sabor amargo de ella, me hizo toser y tomarme el vaso de agua. No toleraba tener ese sabor en mi paladar y corrí al estudio a servirme un trago de Jack Daniels para que se me quitara. Sé que no debo mezclar el alcohol con las medicinas, pero no soporto ese asqueroso sabor. Me senté en la silla tratando de recobrar el aliento y poder sentir mejoría. La ansiedad se podía notar en mis manos y en las gotas de sudor que por mi cuello bajaban. ¿Cómo se atrevió a besarme de esa manera? Maldito sucio de mierda.
7 de agosto de 1992 - [20 años atrás] 8:30 PM
Faltaban solo treinta minutos para que mamá me recogiera para llevarme a la casa. Mi padre estaba cansado del trabajo y decidió irse a *** más temprano; aunque en realidad nunca le gusta recibir a mamá. Luego de que se separaron, por razones desconocidas, la comunicación entre ellos era menos. Mamá a veces llegaba un poco antes, dependiendo de cuánto trabajo tuviera. Todos los fines de semana esperaba con emoción frente a la puerta con mi mochila y mi osito Pebbles. Hoy prometía ser un buen día, ya que mamá me había prometido que íbamos a jugar algo divertido, más que me daría una sorpresa de cumpleaños, que al caer día en semana no podríamos vernos. Al verla llegar corrí hacia ella y la abracé, mientras que ella solo acariciaba mi mejilla y me despeinaba, con la misma sonrisa radiante de siempre. Me llevó a la casa a la cual estaba emocionado de llegar. Por fin iba a poder divertirme con ella, ya que con mi papá es muy poco el tiempo que lo veo y no le gusta jugar conmigo. Dice que soy un niño grande y que los niños grandes no juegan con muñecos.
—Ve a la ducha, mi ****. Iré a bañarme también. Muy pronto llegará la sorpresa— ante el pedido de mamá, corrí hacia el baño. Quería darme prisa porque no podía esperar más.
Luego de salir de bañarme, ella me estaba esperando acostada en la ****. Al entrar con ella y arroparme, pude ver que al parecer no le había dado tiempo a vestirse.
—Ya me he bañado, mamá.
—He conseguido un dulce para ti, pero deberás adivinar qué sabor es antes de comerlo. No puedes mirar, así que cierra los ojos y te avisaré cuando podrás abrirlos, ¿Te parece? — asentí con mi cabeza y cerré los ojos.
Estuve con los ojos cerrados por un tiempo, hasta que ella me dijo.
—Abre la boca, mi cielo— abrí la boca como ella dijo, y sentí algo extraño. Pensé que sería alguna especie de envoltura del mismo dulce lo que estaba lamiendo, pero era muy suave para serlo. Efectivamente sabía a cereza, pero no era lo que esperaba. Escuché su respiración agitada, algo que me hizo abrir los ojos de inmediato pensando que le estaba ocurriendo algo. Al ver que lo que tenía en mi boca era su seno, me senté en la ****.
—Mamá...
—¿Qué pasa, mi ****? Ven aquí.
—¿Por qué has hecho eso?
—Es algo sumamente normal. ¿No recuerdas que cuando más pequeño hacías lo mismo?
—¿Lo hacía?
—Sí, ven— me extendió sus manos y me acerqué.
—Ahora que estás un poco más grande, debe hacerte sentir algo, ¿Verdad? — me tocó el brazo y bajó su mano por la camisilla de dormir.
—Cosquilla, mamá.
—¿Y dónde?
—En el pecho.
—¿Solo ahí?
—Sí— mi respuesta pareció molestarle, y me dio una bofetada. Ella jamás me había golpeado.
Tan pronto estallé en llanto del dolor y la sorpresa, ella se subió sobre mí. Me quitó la camisilla, el pantalón y los calzones. Tenía mis manos en la cara porque me dolía mucho.
—Ya, mi ****. Cierra los ojos. Mamá terminará pronto.
No sé lo que hizo, pero mi cuerpo se sentía extraño. No quería ver, porque dolía tener su peso sobre mi y porque esa persona que tenía encima, no parecía a mí mamá. Mis partes estaban doliendo, al igual que los pellizcos que me estaba haciendo en los brazos. A pesar de estar llorando, no dejó de hacer lo que hacía.
—Este juego no me gusta, mamá— era lo que repetía en llanto, pero ella no me escuchaba, o más bien me ignoraba.
No sé cuánto tiempo pasó, cuando el timbre de la puerta sonó. Ella se detuvo y fue cuando la vi salir del cuarto ***. Pensé que era mi papá quien de alguna manera vino a llevarme a casa, por tal razón corrí hacia la puerta, pero un hombre alto, vestido de negro y un tatuaje de un trebol en la cara fue quien entró.
—Mi ****, te presento a tu papá.
—Él no es papá— negué con mi cabeza y sequé mis lágrimas.
—Que niño tan malcriado este— al ver la mirada que me dedicó, sentí mucho miedo y corrí hacia la habitación y me metí debajo de la ****.
Vi sus piernas por debajo de la y tapé mi boca para no emitir ningún sonido, pero de nada sirvió. Al momento que ambos se bajaron, lograron sacarme a la fuerza de ahí. Me tiraron a la y mi mamá se fue por arriba de mi cabeza. Mi cuerpo aún estaba desnudo, al igual que el de mi madre. Ella me tapó la boca y se mantuvo sujetando mis manos, mientras que ese hombre se quitaba el pantalón. Al ver la correa cuando la levantó y la dejó caer sobre mi barriga, quise gritar, pero mis gritos se ahogaban en la mano de mi madre. Fueron varios golpes que me dio, y mi voz no salía. Todo mi cuerpo estaba ardiendo y dolía mucho, más de lo que pudiera describirlo.
Cuando se detuvo, lo vi quitarse el bóxer y se colocó justo debajo de mi. Estaba tirando patadas, pero no le hacían nada. Él solo abrió mis piernas y el dolor que recorrió mi pequeño cuerpo, fue indescriptible. Una presión en mis partes podía sentir, pensé que explotarían en cada movimiento que hacía. Pensé que moriría ahí, pensé que eso no se acabaría nunca.
No sé cuánto lo estuvo haciendo, solo sé que mi cuerpo se sentía muy cansado y adolorido. No podía gritar, y respiraba con dificultad.
Cuando pensé que todo acabaría, mi madre volvió a subirse sobre mi, pero no me quedaban fuerzas para gritar o quitarla de encima.
—¿Por qué, mamá? — musité, mientras que lágrimas recorrían mi mejilla.
—Porque eres un niño muy lindo— besó mis labios con brusquedad y lo mordió.
Todo el tiempo besaba mis labios mientras se mantenía encima de mi. El fin de semana que deseaba que llegara, y que pensé que sería el más grandioso, terminó convirtiéndose en una pesadilla. Quería que se acabara. Quería regresar a casa con papá.
Recuerdo estar amarrado a esa **** por varios días, sin agua, sin comida, solo siendo un juguete con el que se satisfacían los dos. Mi padre ni cuenta se había dado de que no había regresado. Debía estar más pendiente a su trabajo que a hacerse cargo de mi.
Me dejaron abandonado luego. En esa habitación oscura, sin esperanza de salir, viendo cómo los insectos se posaban sobre mí ante el hediondo olor que emergía de mi pequeño cuerpo. Ante el hambre, la sed, la perdida de sangre, perdía y recobraba el conocimiento cada cierto tiempo.
Recuerdo una noche ver unas luces intermitentes por la ventana, no sabía qué sucedía, solo sé que varias personas entraron y quitaron la cinta que esos enfermos llegaron a poner en mi boca para que no gritara.
Jamás volví a ser el mismo desde ese día. Las pesadillas me invaden la gran parte de las noches, haciendo que no pueda dormir. Aún recuerdo el rostro de ambos, como si hubiera sido ayer. Desde ese suceso, jamás he permitido que una mujer me bese en los labios, a no ser que sea yo quien lo haga.
Ya no soy ese juguete que fui en aquel entonces, ya no soy ese débil y patético niño, que tenía miedo de todo el mundo. Ahora yo decido cómo se hacen las cosas, porque solo yo tengo el poder de hacerlo. El control siempre será mío, de nadie más.
Gracias 😌 querida escritora Natalia Díaz sigamos apoyando con me gusta publicidad comentarios y regalos ☺️
Gracias 😌 querida escritora Natalia Díaz sigamos apoyando con me gusta publicidad comentarios y regalos 🙂
Gracias 😌 querida escritora Natalia Díaz por está novela ❤️ sigamos apoyando con me gusta publicidad comentarios y regalos ☺️