Chiara, es contratada para asesinar a Andrew Fiore, el líder de Cosa Nostra y es justo cuando sus vidas quedan atadas.
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Maratón 2/5
Con solo dieciocho años, dieciocho que cumplí el día en que mamá murió y sin un familiar o amigo a quien recurrir, era quedarme ahí y soportar sus maltratos o salir y exponerme a los peligros de la calle, erróneamente consideré que lo segundo era lo peor que me podía pasar, nada más lejos de la realidad.
— Deja de holgazanear y ven a atenderme, tengo hambre. — Me dice él corriendo la cortina que se supone es la puerta de mi habitación, desde que mamá murió lo hacía frecuentemente sin importar que pudiera verme desnuda, por ello había optado por permanecer todo el tiempo con jeans; incluso para dormir y me bañaba cuando él no estaba, de igual forma me cambiaba en el baño. Hice a un lado la foto de mi madre y me puse en pie manteniendo la distancia esperando a que se quitara para poder pasar. — ¡¿Qué demonios esperas?! — me gritó y no pude evitar dar un pequeño salto ante su actitud, sin otra opción caminé cerca a él para poder salir rumbo a la cocina. Cuando lo hice me dio una fuerte nalgada que a pesar de la gruesa tela de mi pantalón me dejó ardiendo la piel, mis manos se hacieron puños, pero al sentir el olor a alcohol que siempre ha sido habitual en él, recuerdo la violencia con que trataba a mamá
De pie frente al pequeño mesón improvisado con troncos y maderas me apresuré a servir, mi cuerpo se tensa cuando siento sus brazos rodear mi cintura.
— ¿Qué... que hace? — Pregunté nerviosa.
— Necesito a una mujer y, ya que tu madre no está ¿Quién mejor que tú para ocupar su lugar? — Dice pegándose más a mí.
— No... por favor. — Hace caso omiso a mi súplica y me gira para que quede frente a él. — Déjeme ir...
— Al único sitio que irás será mi cama. — En ese momento pesaba solo cuarenta y nueve kilos, contra un hombre grande y de unos 110 kilos, no le resultó difícil someterme y apoderarse de mi boca, por más que me resistía no podía contra él, por instinto mordí fuerte su labio hasta hacerlo sangrar.
— Eres una perra. — Dijo en un quejido mientras llevaba una de sus manos a la herida en su labio, pero con la otra me sostenía, en cuanto pude levanté la rodilla y golpee su entrepierna, corrí a la puerta de la salida, pero estaba cerrada con una cadena que solíamos usar y un candado. — ¡Maldita, me las vas a pagar! — Lo escuché gritar furioso y corrí al baño, aunque no era muy seguro al menos tenía puerta, una que cerraba por dentro con un pequeño y oxidado pasador, cuyos tornillos estaban a punto de caer. Miré en todas las direcciones, pero no había un mueble o algo que pudiese bloquear la puerta, de modo que me recosté tratando de hacer la mayor presión posible y poder evitar que ingresara. Pasaron alrededor de dos horas hasta que escuché la puerta de la calle abrirse, me dejé caer sobre el piso y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas, pero rápidamente las sequé y me levanté al escuchar la voz de una mujer, de inmediato me levanté, era la oportunidad de salir de esa casa; no lo pensé más y corrí hacia la dueña de dicha voz.
— ¡Por favor! ¡Por favor ayúdeme! — Aún sin conocerla me abracé a ella como si fuese mi tabla de salvación.
— ¿Qué te sucede pequeña? — Pregunta con una sonrisa cálida como esas que solía brindarme mamá y por un momento me reconfortó, más cuando su físico se parecía mucho al de ella, era rubia de ojos claros, pero a diferencia de mamá, estaba muy arreglada, olía a perfume fino, sus labios eran de un carmín intenso.
— Quiere hacerme daño... — En cuanto dije esas palabras derrame las lágrimas que había contenido minutos atrás.
— ¿Trataste de tomarla? — Le preguntó mientras lo miraba con una mezcla de incredulidad y rabia. Espero que no la hayas dañado, de lo contrario...
— No, está intacta... — Hasta ese momento yo no sabía que esas palabras eran mi sentencia.
— Vamos pequeña. — La mujer volvió a hablarme con mucha dulzura, ahora estarás conmigo, le sonreí en señal de agradecimiento; por fin la vida se apiadaba de mí.
Al salir de aquel rancho que fue mi hogar, mi verdadero hogar mientras mamá estuvo viva, pero que se había transformado en un infierno, sentí que dejaba atrás lo que me hacía daño... pero lo peor estaba muy cerca de llegar.
Un par de hombres nos esperaban junto a una camioneta negra de vidrios polarizados, uno de ellos abrió la puerta para nosotras, ambas subimos y posteriormente lo hicieron ellos uno como conductor y otro como copiloto. Miré por última vez aquella casa que en el exterior tenía grafitis hechos por algún drogadicto y una velocidad lenta nos alejamos de aquella calle.
El viaje empezó y por primera vez en mucho tiempo sentía deseos de dormir, en este momento no tenía miedo, de modo que así lo hice, me rendí ante el cansancio.
Cuando desperté me encontraba en una habitación donde había más de quince camarotes, yo era la única en ese lugar. Me senté y detallé todo, aun así sonreí, no había nadie gritando o amenazando con hacerme daño, ¿acaso estaba en un refugio? Mi suerte empesaba a cambiar, abracé la almohada y reí mientras lloraba, lloraba de felicidad.
— Veo que has despertado, escucho la voz de una chica un par de años mayor que yo, o tal vez era el maquillaje que usaba el que la hacía lucir mayor.
— Hola, no sabía que estabas aquí. — Saludo algo tímida.
— Acabo de entrar. Supongo que eres la nueva.
— Sí, eso creo. — Respondí tímida.
— ¿Ya sabes cómo funciona? — Niego con la cabeza ante su pregunta. — Te lo explico, no toques mis cosas ni las de las otras, cada quien vela por lo suyo, los clientes importantes para otras no se miran, no se tocan, no se desean. — Frunzo el ceño al escucharla.
Nota Autora:
Hola, en vista de que estuve ausente por cinco días, trabajo para subir una maratón de cinco capítulos el día de hoy. Comenten, voten o den me gusta. Nos leemos más tarde. ☺️
💯 recomendada 😉👌🏼
🤭
al fín !!!! 🥳🎊🎉🎆🎆
Alessandro podría volverse una amenaza para su hrno....nada es descartable 🤔