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Una Duquesa Para El Márquez

Una Duquesa Para El Márquez

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Romance / Reencuentro
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luisa Galli

La alta sociedad aveces pasa por momentos de locura, al igual que está historia que está llena de momentos locos nuestra historia estará llena de aventuras, dramas y mucha pasión.

NovelToon tiene autorización de Luisa Galli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cuatro Dias

El frío de la mañana aún se aferraba a los corredores de piedra cuando Eleonor despertó. Aquella había sido la primera noche sin noticias de Frederick desde su partida abrupta, y aun si intentaba convencerse de que la indiferencia era lo mejor, una punzada incómoda le atravesó el pecho cada vez que recordaba su expresión al marcharse.

Pero no podía permitirse distraerse con él, no después de la conversación con el rey y de la presión que, ahora más que nunca, recaía sobre sus hombros.

Se arregló con esmero moderado y salió al corredor que conducía a las estancias privadas de la reina. Dos guardias abrieron la puerta en cuanto la vieron acercarse; dentro, el aroma suave a lavanda la envolvió. La reina estaba sentada frente a su tocador, con la mirada perdida en el espejo.

Eleonor lo notó al instante. Esa expresión apenas velada de inquietud.

—Majestad… —saludó con una leve inclinación—. ¿Se encuentra bien?

La reina parpadeó, como retornando desde algún lugar lejano, y esbozó una sonrisa que no llegó del todo a sus ojos.

—Entra, Eleonor. Necesito hablar contigo.

Eleonor cerró la puerta detrás de sí y se acercó con pasos lentos, esperando a que la reina hablara cuando se sintiera preparada. Ella suspiró, se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro, inquieta como pocas veces la había visto.

—Eleonor… —musitó finalmente—. Creo que estoy embarazada.

Eleonor contuvo el aliento. La revelación cayó en la habitación como un susurro poderoso, cargado de miedo y esperanza.

—¿Está segura, majestad? —preguntó con tono suave.

—No. —La reina negó con la cabeza, llevándose una mano al vientre—. No completamente. Pero… siento los mismos síntomas que antes. Y tú sabes que ya… —Su voz se quebró apenas—. Ya he perdido dos.

Eleonor avanzó sin pensarlo, tomándole las manos con cuidado.

—Majestad, no tiene por qué enfrentar esto sola.

La reina sonrió con tristeza.

—Estoy aterrada, Eleonor… Si lo pierdo otra vez… —Un silencio tenso se extendió—. Y si alguien lo sospecha ahora… —Frunció el ceño y se frotó la sien—. Sería un escándalo. No quiero soportar rumores. No otra vez.

Eleonor sintió un vuelco en el pecho. Conocía ese dolor. Lo había visto consumirse en su amiga durante años. Tomó aire y habló con la suavidad de quien revela un secreto muy preciado.

—Majestad… en Londres hay un médico. Aquel que me ayudó durante… —No terminó la frase; el recuerdo de su difunto esposo seguía siendo un filo afilado—. Él podría ayudarla a usted también.

La reina entreabrió los labios sorprendida.

—¿Ese médico? ¿El que te ayudó a intentar concebir?

Eleonor asintió.

—Es el mejor en problemas de fertilidad. Y es discreto. Me atendió a mí sin que nadie lo supiera, ni siquiera mi tío hasta mucho tiempo después.

La reina se hundió en la silla, pensativa.

—No puedo presentarme allí, Eleonor. Si viajo a Londres sola, todos hablarán. Si llevo escolta, aún más. Sería noticia en horas.

Eleonor se quedó en silencio unos segundos. Y entonces una idea tomó forma.

—¿Y si…? —Se inclinó un poco hacia adelante—. ¿Y si yo solicito la cita? Mi posible compromiso con ese duque extranjero ha despertado los comentarios de media corte. Si supuestamente deseo asegurarme de que puedo engendrar hijos antes de proceder… nadie se sorprendería de que visite a un médico en Londres.

La reina abrió mucho los ojos.

—¿Harías eso por mí?

Eleonor sonrió con suavidad.

—Majestad… usted sabe que sí. Que lo haría sin pensarlo dos veces. No solo porque es mi reina, sino porque es mi amiga. Lo haré encantada.

La reina sintió cómo se le humedecían los ojos y, sin importar el protocolo, estrechó a Eleonor en un abrazo cálido y tembloroso.

—No sé qué haría sin ti… —susurró contra su hombro.

—No tiene nada que temer —respondió ella, acariciándole la espalda—. Lo resolveremos juntas.

Tras unos segundos, se separaron. La reina se secó las lágrimas y respiró hondo, recuperando su compostura habitual.

—Bien. —Se enderezó—. Entonces escribirás la carta hoy mismo. Pero asegúrate de que parezca convincente… Si alguien llega a verla, no deben sospechar nada.

—Lo haré, majestad.

Eleonor se inclinó en señal de respeto y salió de la habitación. Pero al cerrar la puerta, apoyó la espalda en la madera por un instante.

Un embarazo real era una celebración… o un riesgo enorme.

Se dirigió a su habitación con paso decidido. Si debía viajar, si debía mentir públicamente para proteger a su amiga, lo haría sin vacilar. Tenía un título recién obtenido, poder, influencia… pero nada de eso importaba tanto como la lealtad.

Sentada ante su escritorio, abrió la caja de escritura y tomó una hoja de buen papel. Su pluma se deslizó con firmeza, pero cada palabra la hacía consciente del peso de su deber.

“Estimado doctor Wharton:

Por recomendación familiar, me encuentro en la necesidad de solicitar una cita…”

Escribió la misiva con precisión, manteniendo el tono exacto de una duquesa que busca certezas antes de un matrimonio ventajoso.

Cuando terminó, selló la carta con la cera de su insignia recién adquirida: el símbolo de su nueva casa.

Envió el mensaje de inmediato.

Los días siguientes fueron largos. La corte seguía alterada por los rumores del compromiso del que Eleonor se negaba a hablar. Frederick no había regresado, ni enviado carta alguna. Y aunque Eleonor se repetía que así era mejor, cada vez que subía al salón principal esperaba, ver su figura.

Pero no llegaba.

Tres días después, un mensajero pidió verla de urgencia. Eleonor recibió el sobre con un ligero temblor en los dedos. La reina estaba a su lado cuando rompió el sello.

Leyó.

Levantó la vista.

—Majestad… —susurró—. Tenemos una cita en cuatro días.

La reina dejó escapar un suspiro entre alivio y miedo. Eleonor tomó su mano.

—Todo saldrá bien —aseguró—. Le prometo que lo haré posible.

La reina asintió, apretando su mano con fuerza. Eleonor se preparaba para un viaje que cambiaría el destino de ambas.

Un viaje que, sin saberlo cambiaría todo.

1
inuyasha/ Tomoe🦊
me jode tanto lo q ella hace, elije eso y no lucha no va entra de nada, simplemente deja q todos decidan pro ella es molesto. ni siquiera lucha por su felicidad
Ada Rodriguez
me gusta
Laura Aguado
Está muy interesante ❤️❤️❤️
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