Esta es la historia de un hermoso hombre doncel que quiere ser papá.
UNIVERSO ALTERNO > M-PREG
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CAPÍTULO 16
...~NATHAN~...
Abrí una botella de vino en cuanto desataba el nudo de mi corbata. Para mí, la noche aún no había acabado.
El camino de regreso a casa fue más largo de lo que recordaba.
Arrastré mis pies por la sala y dejé caer mi trasero sobre el sofá. La copa de vino por poco se me resbala de las manos, en cuanto maniobraba con la botella en mi mano derecha.
Me sentía un poco mareado, debo admitirlo, y quizás beber más no mejoraría mi estado de ánimo, pero no encontraba otra manera de continuar sintiéndome miserable y adormecido a la vez.
Espero que Lucas se encuentre bien. No debí dejarlo con Jude en esa fiesta.
De repente, tuve la sensación de que había olvidado algo. Algo que llevé conmigo a ese evento social del que salí huyendo.
Agité mi cabeza en un intento de recuperar la lucidez.
Nada.
El timbre sonó: Una, dos, tres veces…
Genial, que inoportuna era la persona que venía a llamar a mi puerta a estas horas de la noche y conmigo en un estado tan deplorable.
Me puse de pie y me tambaleé hasta la puerta, no sin antes revisar el monitor que la compañía de seguridad instaló junto a la entrada, en él podía ver a la persona que tocaba mi timbre sin correr el peligro de que me disparara en la cara en cuanto le abriera la puerta.
La persona que vi a través del monitor hizo que me movilizara a la velocidad de un rayo. Dos segundos después, la puerta estaba abierta, relevando a Lucas de pie frente a mí.
—¿Cómo llegaste aquí? —pregunté, impulsándome hasta el porche para observar a los alrededores. No traía su auto.
—Tomé un taxi. Rob me pasó tu dirección GPS —sonrió de medio lado, en cuanto guardaba su móvil en el bolsillo de su saco.
—¡Rayos! ¿Dónde está Rob? Olvidé que estaba conmigo en el evento.
—Él está bien, tomó un taxi a su casa, pero ahora… ¿me dejarás pasar?
—Claro, discúlpame —dije, apartándome del camino.
Estaba tan conmocionado por la inesperada visita de Lucas, que ni siquiera fui capaz de guiarlo hasta la sala.
Él recorrió por su cuenta mi espacio como si fuera el dueño y señor del lugar.
Él podía hacerlo todo el tiempo que quisiera.
Lucas recorrió con la mirada la sala con decoración estéril, hasta que sus ojos se fijaron en la copa de vino vacía y la botella a su lado.
—Ibas a continuar la fiesta por tu cuenta, ¿eh?
—Me ayuda a conciliar el sueño —le mentí.
Lucas me dedicó una mirada repleta de suspicacia. Él parecía ver a través de mí, y, quizá, ese fue el motivo por el que sentí la necesidad de escapar del evento esta noche.
—No deberías tomar más, de hecho, te necesito sobrio.
Lucas caminó hasta la cocina, revisó mi refrigerador y colocó una botella de zumo de naranja sobre la encimera.
No tardó mucho tiempo en encontrar los vasos de vidrio. Con un gesto de su mano, me indicó que tomara asiento frente a él y así lo hice.
Bebí de un trago todo el zumo. Solo hasta ese momento reconocí cuan sediento me sentía. Mi cerebro deshidratado comenzó a tomar forma una vez más.
—¿Cómo te sientes? —Preguntó luego de beber un pequeño trago—. Me preocupó que te marcharas de ese modo... y… supongo que fue mi culpa.
—No pienses eso…
Lucas se apoyó sobre la encimera de mi cocina. Sus ojos me miraron con afecto.
—Quiero disculparme de todos modos.
—No, no… ¿por qué? No hiciste nada.
Lucas dejó atrás el zumo de naranja y rodeó la isla de mi cocina. Pronto, lo tuve frente a mí. Una de sus manos acarició el costado de mi rostro.
—Soy muy orgulloso.
Asentí con una sonrisa. Vaya que lo era.
—Además de terco y un tanto egoísta —continuó, mientras sus dedos se deslizaban sobre mi barbilla—. No es sencillo para mí confiar en los demás… a pesar de que sé que no soy la única persona en el mundo en sentirse de esta manera, no deseo arriesgarme y arruinar todo lo que he conseguido hasta ahora.
Llevé mi mano sobre la suya, acunándola con delicadeza.
—Lo sé, lamento haberte hecho sentir abrumado… no mereces el peso que pongo sobre ti…
Lucas apartó su mano para ofrecerme algo mejor que eso. Él envolvió sus brazos a mí alrededor, en un abrazo apretado.
Envolví los míos alrededor de su cintura abultada. Desde la altura en la que me encontraba, podía presionar mi rostro contra su pancita, y así lo hice.
Él no protestó ante el gesto. De hecho, Lucas enredó sus dedos en mi cabello, acariciando mi cabeza con el inconfundible calor de su tacto.
Por un largo minuto, ninguno de los dos sentimos la necesidad de hablar.
Hablar arruinaría el momento.
Las manos de Lucas tomaron mi rostro y lo elevaron lo suficiente para que pudiera mirarlo a la cara. Él besó mi frente.
Justo ahora, no podría encontrarme más lúcido.
Dios… estoy tan enamorado.