Amelia es una joven que sufre una discapacidad visual; por la cuál, está perdiendo gradualmente la visión. Debido a su condición, y a su posición social, sufre acoso escolar por parte de sus compañeros; pero eso cambiará cuando conozca a Jaden, el nuevo estudiante que logra revolucionar la vida de Amelia y de los demás alumnos debido a su extenso prontuario delictivo. Ambos comenzarán una extraña e inocente amistad que los llevará a descubrir el amor; pero lamentablemente no todos son cuentos de hadas, porque la vida les tiene deparado la prueba más difícil que tendrán que enfrentar...
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Una respuesta
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El sábado por la mañana desperté mucho más animada que de costumbre, desayuné todo lo que papá preparó y luego pasé varios minutos probándome ropa frente al espejo, buscando algún atuendo que se me viera bien ya que al ser tan delgada mi figura no resalta como las de otras chicas de mi edad.
Mi buen humor obviamente se debía a qué iba a pasar tiempo junto a Jaden y también conocería a sus pequeños hermanos, pero había una parte de mi que se sentía un poco nerviosa por aquello que me había dicho en su casa el día anterior.
Después de arreglarme me senté frente al reloj de la sala a esperar que viniera por mi. Últimamente me he dado cuenta que paso gran parte del día pensando en Jaden, tanto consciente o inconsciente mi mente me lleva de una forma u otra hacia él y a pesar de que aún no entienda bien estos sentimientos, solo puedo decir que es lo más bonito que he sentido en mi vida.
No es cómo el amor que se le tiene a un familiar, ni el cariño que sientes por un amigo, esto es más fuerte y profundo, incluso hace que mi cuerpo reaccione de maneras extrañas porque cuando estoy con él siento que mi corazón se acelera, mi estómago cosquillea y mi rostro se sonroja...
Mientras esperaba sentada en la sala oí el sonido de su motocicleta afuera y entonces ésas sensaciones se hicieron presentes de manera instantánea mientras una gran sonrisa se dibujaba en mi rostro.
Corrí hasta la entrada casi tropezando con los muebles que habían en el camino y apenas abrí la puerta, lo ví apoyado de la motocicleta mientras me regalaba una gran sonrisa que profundizaba los hoyuelos de sus mejillas.
—Hola... —me dijo.
—Hola... —respondí mientras le sonreía.
De pronto sentí una presencia sombría detrás de mí, logrando que un escalofrío recorriera mi espina dorsal de punta a punta.
—¿No estarás pensando subirte a esa cosa? —mí padre murmuró a mis espaldas.
—Pero papá, tú me diste permiso para salir con Jaden —me giré para poder mirarlo a los ojos.
—Nunca me mencionaste que irían en motocicleta. No voy a dejar que mi hija se suba a un vehículo tan peligroso como ese.
Si supiera que me he subido incontables veces a esa motocicleta, creo que me castigaría por el resto de mi vida.
—Por favor, papito. Ya le dije que lo acompañaría a ver a sus hermanos —le rogué con los dedos entrelazados.
—Y yo dije que no irás en eso —negó rotundamente.
—No puedo ir caminando, es demasiado lejos —me crucé de brazos.
Al parecer Jaden se dió cuenta que mi padre estaba discutiendo conmigo y por eso se acercó hacia nosotros.
—Buen día, Señor Anderson —le extendió la mano y papá correspondió dándole un fuerte apretón.
—¿Como estás, muchacho? ¿Ya te recuperaste?
—Si, señor. Ya me siento bien —Jaden me miró y luego volvió la vista hacia mí padre —. No sé si Amelia le comentó que me va acompañar a ver a mis hermanos.
—Me lo dijo y yo le di permiso de ir, pero no dejaré que la lleves en esa cosa —señaló la motocicleta —. Es muy peligroso.
—Pero papá —hice un mohín con mis labios mientras lo miraba molesta.
Él comenzó a rebuscar en los bolsillos de su abrigo mientras yo hacía berrinche como una niña pequeña, hasta que sorpresivamente extrajo la llave de su vehículo y la extendió frente a Jaden.
—¿Sabes conducir un automóvil? —le preguntó con la ceja levantada.
—Si, señor —Jaden fue a tomar la llave pero mí padre se la quitó.
—Más te vale traer de vuelta a mi hija y al automóvil sin un solo rasguño, o si no, eres hombre muerto.
Yo rodé los ojos molesta mientras que Jaden asentía levemente a las amenazas de mi padre.
—No se preocupe, los traeré de vuelta sanos y salvos —murmuró un poco asustado.
—No vuelvan tarde —finalmente le entregó la llave y luego nos encaminamos hacia el auto —. Conduzcan con cuidado...
—Si, papá —respondí antes de subirme.
Después de salir de casa, Jaden condujo a una velocidad moderada por las calles de la ciudad. Yo aún no podía creer que mi padre le haya confiado su adorado vehículo a alguien más, porque para ser sinceros, a veces lo cuida mejor que a mí.
Mientras él conducía, yo busqué una canción en la radio hasta que encontré una que nos gustaba a ambos y entonces Jaden comenzó a moverse en un intento de baile que yo también reproduje mientras nos reíamos a carcajadas.
Al llegar a la casa donde viven actualmente sus hermanos, él se adelantó para hablar con las personas que están al cuidado de los pequeños mientras yo lo esperaba junto al automóvil.
Luego de un momento noté que aquel matrimonio lo invitaba a pasar y fue entonces que él se acercó hacia mí para tomarme de la mano.
—Ven conmigo —me pidió, a lo cuál, yo asentí de inmediato.
Ambos caminamos tomados de la mano detrás de los dueños de casa mientras estos nos conducían hacia donde estaban los niños que en cuanto vieron a su hermano mayor corrieron a recibirlo.
Los tres se fundieron en una gran abrazo que hizo conmover a todos los que estábamos mirando.
Después de que Jaden los llenara de besos, les pregunto cómo estaban a lo cual sus hermanos respondieron que allí los estaban cuidando muy bien, pero a pesar de la alegría que tenían de ver a su hermano mayor, los niños no dejaban de mirarme.
—¿Quién es ella? —preguntó el varón.
—¿Es tu novia? —agregó la niña mientras abría sus ojos muy grande.
Él no respondió a esa pregunta, solo sonrió y luego me extendió su mano para que me acercara a ellos.
—Ella es alguien muy especial para mí —en cuanto dijo eso sentí como un calor se depositó sobre mis mejillas —. Su nombre es Amelia.
—Hola pequeños. Me alegra mucho poder conocerlos —les dije sonriendo.
—Eres muy linda —me contestó la niña mientras apoyaba sus manos sobre mi rostro.
—Gracias, pero tú eres mucho más hermosa —le respondí, consiguiendo que me sonriera.
—Entonces, ¿es tu novia o no? —el niño se cruzó de brazos esperando una respuesta.
—No, no. Nosotros so–solo somos a... —estaba tan nerviosa que comencé a tartamudear sin razón.
—Solo falta que ella acepte —Jaden me interrumpió sin dejarme terminar.
—Oh, ¿y tú quieres a mi hermano? —me preguntó la niña.
Estaba muy avergonzada y no sabía que contestar. No sé como dos pequeños niños habían logrado ponerme en una situación tan comprometedora con solo una pregunta.
—Déjenla en paz o la van a asustar —Jaden los regañó.
—¡Qué desilusión! Ni siquiera puedes conquistar a una chica. Si yo estuviera en tu lugar, ella ya sería mi novia —le dijo el niño logrando que todos comenzáramos a reírnos.
Después de que nos invitaran a almorzar pasamos casi toda la tarde jugando con los pequeños, también los ayudamos con sus deberes de la escuela y cuando comenzó a atardecer nos despedimos de ellos.
En cuanto nos subimos al automóvil para regresar a casa yo recordé lo que él les había dicho a sus hermanos y entonces la vergüenza se apoderó de mi una vez más tornando mi rostro de un notorio color rojo.
Durante el camino de vuelta ambos íbamos en silencio, yo ni siquiera me atrevía a mirarlo y al parecer él tampoco sabía que decir.
Estaba tan distraída pensando en lo que había pasado horas antes, que no me había dado cuenta que no estábamos yendo en dirección a mi casa hasta que vi que se detuvo junto a la vera del río.
—¿Por qué nos detuvimos aquí? —él se desabrochó el cinturón de seguridad y luego se giró hacia mí.
—Quiero que demos un paseo.
Se bajó del vehículo y después de dar la vuelta, abrió la puerta del acompañante y me extendió la mano para ayudarme a bajar.
Comenzamos a caminar por la orilla del río que era teñido por los tonos anaranjados del atardecer, a lo lejos se podía ver cómo el sol se iba ocultando lentamente detrás de los edificios de la ciudad mientras la temperatura iba descendiendo poco a poco.
Caminamos hasta alejarnos un par de metros del vehículo y cuando llegamos a una banca de madera él me pidió que nos sentáramos allí.
Jaden me tomó de la mano sin mirarme, parecía como si quisiera decirme algo pero al mismo tiempo no se atrevía a hacerlo.
—¿Qué ocurre? —le pregunté, logrando que me mirase a los ojos.
—Am, yo... —soltó un suspiro pesado —. Creí que sería más fácil decir ésto, pero tengo miedo que tú respuesta no sea lo que estoy esperando.
—¿Respuesta? —pregunté sin entender a qué se refería.
—Quizás esto te parezca muy repentino porque hace apenas dos meses que nos conocemos, pero quiero que sepas que yo realmente te tengo mucho cariño y como dije antes, tu eres muy especial para mí.
—Tú también eres importante para mí. Eres mi mejor amigo, Jaden —apoyé mi mano sobre la suya.
—El problema es que yo no te veo como a una amiga —de repente mí corazón comenzó a latir cada vez más rápido —. Tú me gustas, Am. Me gustas mucho y no quiero ser solo un amigo para ti.
Después de oír su confesión me quedé inmóvil, estaba tan sorprendida que no supe cómo reaccionar. Era la primera vez que alguien me confesaba sus sentimientos y lo más extraño de todo era que esos sentimientos se correspondían a los míos.
—¡Qué vergüenza! —me soltó la mano y luego se cubrió el rostro —. Sabía que ésto podía pasar, pero como un idiota guardaba la esperanza de que tú sintieras lo mismo que yo.
Se levantó abruptamente del asiento dándome la espalda.
—Jaden... —susurré.
—Mejor olvida lo que dije y regresemos al auto —retomó el camino de regreso sin siquiera esperarme.
—Jaden, espera.
Tuve que apresurarme para poder alcanzarlo pero en el camino tropecé con algo que no alcancé a ver y debido a eso caí de rodillas al piso.
—¡Ay! —apenas oyó mi quejido regresó corriendo a mi lado.
—¿Estás bien? —me ayudó a levantarme —. Lo siento. Soy un idiota. No debería haberte dejado atrás.
—Estoy bien. No te preocupes —él se veía apenado y evitaba mirarme a la cara —. Jaden... —lo tomé del rostro para que me mirase a los ojos —. ¿Por qué no me haces la pregunta? ¿Acaso no querías una respuesta?
—Ya no tiene sentido que la haga. Mejor dejémoslo así.
—¿Estás seguro? —asintió mientras miraba a un costado —. Entonces, ¿vas a rendirte sin siquiera intentar? —volvió la vista hacia mí de inmediato.
—Tú ya sabés lo que voy a preguntarte, aún así ¿quieres que lo haga? —yo lo miré profundamente y luego asentí decidida.
Lo ví soltar un suspiro de resignación para luego notar como sus mejillas tomaban un suave color rosado, entonces, me tomó de las manos y luego me miró a los ojos mientras las últimas luces del atardecer iluminaban tenuemente nuestros cuerpos.
—Amelia... ¿quieres ser mi novia? —me preguntó con su rostro totalmente sonrojado mientras una amplia sonrisa se dibujaba sobre el mío.
—Por supuesto que sí...—le respondí con timidez.
Continuará...
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