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Me Enamore De Mi Tia

Me Enamore De Mi Tia

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Romance
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Sinopsis: Enamorado de la mejor amiga de mi mamá

Kaleth Giraldo nunca imaginó que terminaría enamorándose de Estefanía Holguín, la mejor amiga de su mamá. Desde que era pequeño, la conocía como tía Estefanía, una mujer especial que siempre había estado presente en su vida. Sin embargo, los años pasaron y sus sentimientos comenzaron a cambiar, convirtiéndose en un amor que jamás pensó experimentar. Ahora, Kaleth tendrá que encontrar el valor para confesarle lo que siente, arriesgándose a cambiar la relación entre sus familias. Estefanía nunca imaginó que aquel niño que la llamaba tía crecería y la miraría con otros ojos. ¿Podrá el amor superar los prejuicios, las dudas y los secretos que amenazan con separarlos para siempre?

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: ¡Uy, ave María, se me armó!

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Narrado por Kaleth Giraldo

Llegué del colegio como a las dos de la tarde, con el uniforme medio desordenado y la camisa oliendo a humo. Ve, yo sabía que la había embarrado, pero tampoco pensé que se me fuera a formar semejante problema apenas cruzara la puerta de la casa.

Todo había empezado en el descanso, cuando Santiago, ese man que se cree la última Coca-Cola del desierto, sacó un cigarrillo y se puso a molestarme.

—¿Qué, Kaleth? ¿Vos sí sos capaz o te da miedo? —me dijo, soltando una risita.

—Dejá de joder, parce. Yo no tengo que demostrarte nada.

—Ay, no, este man es una mandarina. Todo juicioso, haciendo caso en la casa. ¿O qué, tu novia te tiene amarrado?

Los otros pelados se echaron a reír. Yo sabía que fumar no me hacía más hombre ni menos mandarina, pero me dio rabia que Santiago siguiera molestándome delante de todos.

—Dame esa vaina, pues —le dije.

Y ahí fue donde la embarré.

Fumé con ellos, aunque ni siquiera lo disfruté. Después me quedé hablando con Santiago un rato y me fui para la casa pensando que, si me echaba perfume , tal vez el olor se disimularía.

¡Qué va, parce! Yo no sabía la que me esperaba.

Cuando llegué, mi novia estaba en la cocina sirviendo el almuerzo. Karol todavía no había regresado del trabajo, así que estábamos los dos solitos.

—Hola, mi reina —le dije, acercándome para darle un beso.

Estefanía se giró hacia mí y, apenas me acerqué, frunció la nariz.

—Kaleth… ¿vos por qué olés así?

Yo me quedé quieto.

—¿Así cómo, mi amor?

Me olió la camisa y abrió los ojos.

—¡Uy, ave María! ¿Vos fumaste?

Juepucha, se me vino el mundo encima.

—Estefi, yo…

—¡No me digás que no! ¡Te estoy oliendo la camisa, Kaleth!

Dejó la cuchara sobre la mesa y me miró con una decepción que me hizo sentir peor que cuando la coordinadora me llamó la atención en el colegio.

—Fue una sola vez —solté, tratando de defenderme.

—¿Una sola vez? ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Vos no me habías prometido que ibas a dejar esa bobada?

—Sí, pero es que Santiago empezó a molestarme…

—¡Ay, no, Kaleth! —me interrumpió—. ¿Ahora resulta que tus amigos deciden por vos? ¿Si Santiago te dice que te tirés de un puente también lo vas a hacer para demostrar que sos muy hombre?

—¡No exagerés, ve!

—¡No me digás que no exagere! Yo te he hablado de esto un montón de veces.

Me pasé las manos por el cabello, desesperado.

—Es que me dijo que era un marica, que era una mandarina porque no fumaba. Todos se estaban burlando de mí.

Estefanía respiró profundamente, intentando calmarse.

—¿Y entonces? ¿Preferís hacer algo que te hace daño antes que soportar que un bobo se burle de vos? Kaleth, yo pensé que estabas aprendiendo a tomar tus propias decisiones.

Aquello me dolió, pero en lugar de reconocer que tenía razón, me puse a la defensiva.

—¡Pues perdón por no ser perfecto, Estefi! ¿Contenta?

Ella me miró como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.

—No necesito que seas perfecto. Necesito que seas responsable de lo que hacés.

—¡Pero me estás tratando como si fuera un niño!

—¡Porque estás actuando sin pensar en las consecuencias!

—¡Ya, dejá de regañarme! ¡No sos mi mamá!

Apenas pronuncié esas palabras, el ambiente cambió por completo.

Estefanía se quedó callada. Su expresión se endureció y yo supe que había cruzado una línea, pero mi orgullo no me permitió disculparme.

—Tenés razón, Kaleth —respondió finalmente—. No soy tu mamá. Pero tampoco voy a quedarme callada mientras veo que te hacés daño y después pretendés que todo está bien.

—Pues no te metás y listo.

—Perfecto. Si eso es lo que querés, no voy a discutir más con vos.

Agarró su plato y se sentó a la mesa. Yo me quedé parado en medio de la cocina, esperando que me mirara, que me preguntara algo más o que se acercara a decirme que no estaba enojada.

Pero no hizo nada de eso.

—¿No vas a almorzar? —preguntó sin mirarme.

—No tengo hambre.

—Bueno.

¡Ese «bueno» me cayó como una patada en el pecho!

Subí las escaleras y entré en mi habitación dando un portazo. Me quité la camisa del uniforme y la tiré sobre una silla. El olor a humo seguía ahí, recordándome la estupidez que había hecho.

Me senté en la cama y agarré el celular. Santiago me había escrito:

«JAJAJA, ¿viste que no era nada, marica?».

Me dieron ganas de responderle una grosería, pero no lo hice. Por su culpa había terminado discutiendo con Estefanía, aunque sabía que la decisión de fumar había sido mía.

A los pocos minutos escuché que ella subía las escaleras. Mi corazón se aceleró, creyendo que vendría a hablar conmigo.

Pero pasó de largo y entró en su habitación.

Ni siquiera tocó mi puerta.

Me quedé mirando el techo, con una rabia que poco a poco se convirtió en tristeza. Quería bajar y abrazarla, decirle que lo sentía, pero también seguía molesto por la forma en que me había hablado.

Así que no hice nada.

Esa tarde no volvimos a conversar. Cuando llegó la noche, cenamos en silencio y Estefanía apenas me dirigió la palabra.

No hubo disculpas, ni abrazos, ni besos para arreglar las cosas. Por primera vez desde que comenzamos nuestra relación, nos fuimos a dormir estando peleados.

Y mientras escuchaba cómo se cerraba la puerta de su habitación, entendí algo que me costaba aceptar: amar a alguien no significaba que siempre me diera la razón.

Pero esa noche, con el orgullo atravesado en la garganta, todavía no estaba dispuesto a reconocerlo.

1
Ana Rosario Angué Manga
me encanta pero me gustaría ver a ese kaleth y a su tía aunque solo una foto
🎀Betty Alejandra G🎗️
pues si , pero en el corazón no se manda 😊
🎀Betty Alejandra G🎗️
si se lo dijo 😊
🎀Betty Alejandra G🎗️
jajaja estás borracho 😅
🎀Betty Alejandra G🎗️
otra vez, bebiendo fumando noooo😟
🎀Betty Alejandra G🎗️
jajaja 😂
🎀Betty Alejandra G🎗️
😖😖😖😖😖😖
🎀Betty Alejandra G🎗️
cuéntale lo que te pasa , mijo 😖
🎀Betty Alejandra G🎗️
Yo digo que esto lo va a terminar acercando más a la tía🤭😂
🎀Betty Alejandra G🎗️
jajaja este muchacho 😅
🎀Betty Alejandra G🎗️
jajaja 😅😅
🎀Betty Alejandra G🎗️
pues no, no creo que eso te ayude olvidarla 😟
🎀Betty Alejandra G🎗️
Ay, Dios mío no debería fumar 😟
🎀Betty Alejandra G🎗️
muy linda 😍😍😍
🎀Betty Alejandra G🎗️
complicado pero vuelvo y digo en el cora no se manda 😟
🎀Betty Alejandra G🎗️
sisas he escuchado esa palabra 😅
🎀Betty Alejandra G🎗️
pero en el cora no se manda 😟
🎀Betty Alejandra G🎗️
será que siente algo por él /Hey/
🎀Betty Alejandra G🎗️
a los trece/Curse//Curse//Curse//Gosh/
🎀Betty Alejandra G🎗️
que bonita amistad.
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