El día de nuestra boda había llegado, ahora era la señora Lennox, a Travis Lennox no le importaba que su madre la gran señora Renata Lennox no me aceptara para ser la esposa de su único hijo, y el heredero del imperio INNÓVATE SOLUTIONS, heredado por su padre, pero para guardar toda apariencia quedó en acuerdo, la peor pesadilla que pude tener durante poco más de cinco años, después de que Travis tenía que irse al extranjero, ahí empezó mi verdadero calvario.
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En busca de indicios
Travis lo acompañó a una de las habitaciones que habían sido destinadas para los empleados. Sacó ropa limpia de su armario y se la entregó. Ignacio comió con ganas la comida que su jefe había ordenado a domicilio.
Después tomó una ducha, se rasuró, pasada una hora, se sentía el mismo de antes.
— Debiste quedarte a dormir en la habitación. No debiste arriesgarte en los garajes.
— Señor tenía miedo que las mismas personas que me atacaron volvieran y acabaran conmigo. — ¿Sabe lo que le hicieron a Ray? - le hizo la pregunta, intentaron matarlo tres veces. El accidente que sufrió, fue planeado, y después en el hospital, lo intentaron de nuevo dos veces más.
— Él no tenía enemigos, lo único que supe fue que la policía dijo que era un ajuste de cuentas. Eso supusieron, pero la señora no lo creía.
Travis se quedó observándolo por breves instantes.
— Ignacio, ¿sabes si mi madre vino a la mansión, en alguna ocasión?… digo cuando yo estaba en el extranjero.
Ignacio parecía estar haciendo memoria, al final respondió.
— Si yo mismo la vi entrando, la señora al parecer le atendió. Pero no supe de qué fue la reunión. Pero sí vi a la señora un poco alterada.
— ¿Sabes algo de Ray? — preguntó recordando lo que decían los documentos que el investigador había reunido. Habían visto a su madre en ocasiones reunida con hombres de aspecto normal, no había mucha evidencia sobre ella, pero de Amara si pudieron encontrar más información. Seguido se encontraba con Renata. Fue cuando empezaron los accidentes. Ray sabía mucho por eso habían intentado callarle.
El investigador había dicho que Ray había huido, debido a los ataques que había sufrido. Pero no había encontrado su paradero, había huido antes de hablar con Kenda.
— Solo recuerdo que mandó llamar a la señora, precisamente fue el día que me atacaron a mí, a Ray no lo volví a ver. Ni a la señora. No sé qué pudo haber pasado.
Ignacio no sabía mucho.
Más tarde le mando un mensaje Wen para avisarle que le había mandado cuatro guardaespaldas, más un hombre que conocía de jardinería, y cuatro mujeres que se encargarían de mantener la casa limpia, más una cocinera y ayudante.
Travis por el momento no iba a trabajar en la empresa, tenía que pasar primero al hospital para escuchar lo que había dicho la policía y averiguar lo que sabían de Ray.
Reincorporo a Ignacio a su trabajo de inmediato, para que lo llevara como principio al hospital, se llevó a dos de sus guardias con ellos.
— Ignacio, ¿cuando renunció el jardinero? - indagó sobre él.
— Poco después de que Ray tuviera el accidente. - ¿usted cree que tuvo algo que ver con todo lo sucedido? — le preguntó mirándolo de vez en cuando por el espejo retrovisor.
— No lo sé, todo es muy confuso. - respondió quebrandose la cabeza tratando de adivinar que fue exactamente lo que ocurrió. hay más preguntas que respuestas, pero un investigador está dispuesto a resolver este asunto, lo malo es que al parecer toda la información está bloqueada.
— ¿Pero sabe jefe? un día Ray estuvo regañando a Héctor, no supe cuál fue el problema, pero la señora de la cocina dijo un día que no había sido la primera vez.
— ¿De dónde salió ese jardinero? ¿Quien lo contrató?
— No sé, pero creo que fue el que remplazó a don Carlos. Eso fue lo que una vez escuché, yo no entraba con frecuencia a la casa, me quedaba en la casita que me dijo, hasta ahí me llevaban los alimentos.
— ¿Y porque no te quedaste ahí?
— El día que me golpearon me quitaron todo lo que traía, incluyendo mi cartera y el llavero, gracias al código del auto pude manejarlo hasta la mansión. Jefe me comí la comida qué quedaba, me la descueta de mi salario. - agregó avergonzado.
Travis levantó la cabeza de lo que estaba haciendo.
— Ignacio, eso no es relevante en nada para mí. Y siento mucho por lo que tuviste que pasar.
Se quedó pensativo por unos breves segundos.
— Ahora lo que me preocupa es encontrar a mi mujer.
Ignacio entendía, el mismo quería saberlo.
— Llegamos al hospital señor. - anunció viendo estacionarse también la van de los guardaespaldas.
— Vienes conmigo Ignacio.
El hombre se bajó al momento, siguiéndolo.
Al entrar a recepción, pidió hablar con el jefe de guardia de ese día.
— Me mandó llamar, - lo miró reconociéndole al instante. — señor Lennox ¿que lo trae por aquí?
Le explicó lo que buscaba.
— Si claro, como iba a olvidar ese suceso, - el señor Hanson posó días críticos aquí.
— ¿Dígame doctor sabe dónde se encuentra? ¿Adonde huyó?
— No tengo idea, pero quizás el médico de turno de noche sepa algo. - le escribió el nombre en una tarjeta entregándosela, tuvo más contacto con él. Está noche tiene guardia, debería echarse una vuelta, quizás encuentre lo que necesita.
Travis le agradeció retirándose.
— Llévame al estacionamiento donde te atacaron.
Ignacio asintió, aunque no entendía para qué, ya había investigado la policía, pero no iba a cuestionarlo, simplemente obedeció.
— Me estacioné lo más cerca posible, no había otro estacionamiento en la zona frontal, pero quería que me viera cuando saliera del elevador.
Se estacionó en el mismo lugar.
— Aquí me quedé esperándola. Pero ya no la vi desperté en el hospital.
Travis se bajó mirando cada espacio, o escenario que le diera algún indicio.
— Recorran cada lugar. - les ordenó a los dos guardias, Ignacio también se ofreció.
— Este lugar lleva al callejón, quizás podríamos encontrar ahí alguna pista, o algo. - les señaló uno de los guardias.
Recorrieron cada pulgada minuciosamente.
— Señor aquí hay algo. - la señora tenía esto en el cabello.
Era un pequeño pasador con un pequeño corazón de oro, en el centro. Travis lo reconoció enseguida, lo usaba como accesorio en su cabello. Lo apuño con fuerza. Al momento le llegaron miles escenarios posibles. Ahí permaneció sentado por mucho tiempo, y el accesorio en el interior de su puño. Tenía los ojos húmedos, nadie se atrevió a decir nada.
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