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Vendida Al Rey De La Mafia

Vendida Al Rey De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Matrimonio arreglado
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: roxana ruiz

Entregada a un implacable líder de la mafia para saldar las deudas de su padre, elena debe firmar un matrimonio por contrato de un año sin imaginar que el peligro real será enamorarse de su comprador.

NovelToon tiene autorización de roxana ruiz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: La tormenta de la duda

Alexander irrumpió en la suite principal como una ráfaga de aire helado. La puerta doble se azotó contra la pared con un estruendo que hizo eco en todo el piso superior.

Elena, que descansaba en el borde de la cama rozando apenas su vientre con la punta de los dedos, dio un brinco aterrorizada. Al levantar la vista, el alma se le vino al suelo. Alexander no traía la mirada fría, pero distante a la que se había acostumbrado; sus ojos oscuros despedían una furia ciega, inyectados en sangre, y en su mano derecha sostenía con fuerza la empuñadura de su arma.

—¡Ponte de pie! —rugió Alexander, su voz retumbando en los rincones de la estancia con la violencia de un trueno.

—Al... Alexander... ¿Qué pasa? —balbuceó Elena, temblando de la cabeza a los pies mientras el pánico le oprimía el pecho—. ¿Qué sucede?

En dos zancadas, Alexander acortó la distancia. Sin darle tiempo a reaccionar, la tomó con brusquedad del brazo, obligándola a incorporarse. La fuerza de su agarre era implacable, ciego por el veneno que Marcus le había inyectado en la mente.

—¡Me engañaste! —escupió él, encarándola a escasos centímetros, sintiendo la rabia arder en sus venas—. ¿Pensaste que podías hacer un juego sucio en mi propia casa?

¿Creíste que me tragaría el cuento de tu inocencia mientras metías a otro hombre en mis dominios?

—¡No! ¡No sé de qué hablas! ¡Te lo juro por Dios, no he visto a nadie! —gritó Elena entre sollozos desesperados, intentando zafarse del agarre de hierro

—. ¡Alexander, por favor, me estás lastimando!

—¡Las fotos, Elena! ¡Los registros de las cámaras! —reclamó él, fuera de sí, arrojando el sobre amarillo sobre las sábanas—. Te vieron en la biblioteca... ¡te vieron con un desconocido durante mi ausencia! ¿De quién es ese hijo que llevas dentro? ¡Dímelo!

Elena miró el sobre con horror. De inmediato, la memoria la trasladó a aquella tarde nefasta en la biblioteca, el único día que se cruzó con Marcus, sus amenazas y su chantaje.

—¡Fue Marcus! ¡Fue él! —chilló Elena, las lágrimas cegándole la vista—. Él... él me acorraló ese día en la biblioteca cuando no estabas. Me amenazó con destruirme si decía algo... ¡Él montó todo esto, Alexander! ¡Es una mentira! ¡Ese bebé es tuyo, te lo juro!

La mención de su hombre de confianza no hizo más que avivar las sospechas de Alexander. Para su mente entrenada en el engaño y la traición, el argumento de Elena sonaba como la excusa desesperada de una culpable acorralada.

—¡No vuelvas a mentirme en la cara! —sentenció Alexander con un rugido ahogado.

Ciego de ira, soltó el brazo de Elena bruscamente.

El empujón la desestabilizó por completo. Elena perdió el equilibrio y cayó de golpe contra la madera dura del suelo. El impacto resonó seco en la habitación.

—¡Ah! —soltó Elena un grito agudo de dolor, doblándose sobre sí misma en el suelo.

De inmediato, una punzada lacerante y profunda le atravesó la parte baja del vientre, tan intensa que le cortó el aire de golpe. Elena se llevó ambas manos al abdomen, ahogando un gemido mientras el rostro se le cubría de un sudor frío y mortal.

—Mi... mi bebé... —susurró con un hilo de voz rota, retorciéndose en la alfombra mientras el dolor se extendía por sus caderas.

Alexander, de pie sobre ella con la pistola aún en la mano, se congeló. La furia en su rostro fluctuó por un milisegundo al ver la mueca de dolor genuino en la joven y la palidez cadavérica que cubrió su piel en cuestión de segundos.

Alexander permaneció de pie, impasible. Ni una sola fibra de su rostro se movió al ver a Elena retorcerse sobre la alfombra, abrazando su vientre entre sollozos ahogados. — Para él, el llanto de la joven y sus súplicas de dolor no eran más que ruido; no había un ápice de lástima o angustia en la mirada de piedra con la que la contemplaba.

Sin prisas, bajó el arma y la guardó con una tranquilidad escalofriante en la funda oculta bajo su saco.

—Si ese bebé se pierde —dijo Alexander con una voz helada, tan baja y rasposa que cortó el aire de la habitación—, significará simplemente que nunca fue digno de llevar la sangre de mi familia. Y tú habrás firmado tu sentencia esa misma noche.

Elena levantó la vista entre lágrimas, temblando de dolor, encontrándose con unos ojos oscuros desprovistos de cualquier rastro de humanidad.

Alexander no se inclinó para ayudarla, ni extendió la mano para amortiguar el sufrimiento de la mujer que llevaba a su hijo en las entrañas. Se limitó a pasar a su lado con paso firme, rozando apenas la tela de su vestido con la punta de sus zapatos.

Llegó a la puerta de la suite y la abrió de par en par. En el pasillo, Marcus y dos guardias esperaban en silencio.

—La mujer se está desangrando —ordenó Alexander, mirando a Marcus con una frialdad matemática, desprovista de urgencia—. Llama al doctor Ramírez. Si el feto sobrevive, la encierras bajo llave hasta que decida qué hacer con ella. Si muere, no te molestes en limpiar la habitación antes de avisarme.

Sin volver la vista atrás hacia Elena, que yacía quebrada en el suelo, Alexander ajustó los puños de su saco y caminó a paso lento por el pasillo, dejando tras de sí una orden despiadada y el destino de su heredero completamente a la suerte.

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Rosario Gallardo
muy buena pero con gusto a pocos autora super entretenida y dolorosa.💗👍
Rosario Gallardo
llore en este capitulo nunca vi tanta miseria humana😭😭😭😭
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