●Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Para Bahir, la vida es tan pacífica como la tienda de flores y té de su abuelo beta, la cual cuida con esmero. A sus veintiún años, es un omega puro, inocente y con un dulce aroma a duraznos frescos que cautiva a cualquiera. Sin embargo, su corazón ya tiene dueño: Louie, un alfa dominante, imponente y protector que ha logrado ganarse su amor y, finalmente, un anillo de compromiso.
Bahir cree que ha encontrado a su príncipe azul. Lo que no sabe es que detrás de la fachada del prometido perfecto se esconde un acosador obsesivo, un alfa sádico y egocéntrico que lleva meses vigilando cada uno de sus pasos desde las sombras. Ahora que el compromiso es oficial, Louie está extasiado; el juego de la seducción ha terminado, y es hora de que el inocente omeguita descubra quién es realmente el dueño de su destino.
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Capítulo 15: Amanecer de seda y posesión
Capítulo 15: Amanecer de seda y posesión
Novela: Tu Guardián Sádico.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
El sol de la mañana siguiente se filtró con suavidad a través de los inmensos ventanales de la residencia en los Hamptons, disipando la neblina marina y bañando la habitación con una luz cálida y dorada. Sin embargo, el aroma en el ambiente seguía perteneciendo por completo a la noche anterior. La madera ahumada y el cuero de Louie se habían impregnado en cada rincón, envolviendo como un manto pesado y asfixiante el dulce aroma a durazno de Bahir, que ahora llevaba el matiz inconfundible de un omega recién enlazado y reclamado.
Louie, con la energía inagotable de un Alfa Dominante, no se había detenido tras la primera unión en el nido. Fiel a su naturaleza egocéntrica y sádica, había aprovechado la madrugada para volver a tomar a su omega una y otra vez, deleitándose con la sumisión absoluta y somnolienta de Bahir, quien se entregaba entre suspiros y caricias cada vez que los colmillos del alfa rozaban su glándula. Louie no estaba dispuesto a desperdiciar un solo segundo de su mes a solas en los Hamptons; cada instante era una oportunidad para recordarle al cuerpo de Bahir a quién le pertenecía.
A las nueve de la mañana, Bahir comenzó a remover sutilmente las sábanas de seda. Abrió los ojos despacio, sintiendo el cuerpo extrañamente pesado, cálido y adolorido de una manera profundamente placentera. Al intentar incorporarse, la bata de seda blanca se deslizó por su hombro, revelando el mapa de la posesión de Louie: su piel, antes inmaculada, estaba completamente cubierta de chupetones oscuros, marcas de dientes en las clavículas y, por supuesto, la imponente y fresca marca del lazo en su cuello, que ya había dejado de sangrar pero palpitaba con fuerza.
Un delicioso olor a pan tostado, café recién hecho y frutas cortadas llamó su atención.
Al mirar hacia el final de la cama, Bahir se encontró con una escena que le derritió el corazón. Louie estaba de pie junto a la mesa de noche, vistiendo únicamente un pantalón de pijama negro. El alfa dominante, el hombre más temido y respetado de la alta sociedad, se había tomado el tiempo de preparar el desayuno para su omega y lo traía personalmente en una elegante bandeja de plata.
—Buenos días, mi hermoso esposo —dijo Louie con esa voz grave y aterciopelada que causaba escalofríos de placer en Bahir.
Louie dejó la bandeja sobre la cama y se sentó al borde, atrapando de inmediato la cintura del omega para pegarlo a su torso desnudo. Al ver a Bahir tan somnoliento, con los ojitos entrecerrados, el cabello revuelto y el cuerpo completamente marcado por su crueldad y deseo de la noche anterior, el egocentrismo de Louie alcanzó un punto máximo de éxtasis. Le fascinaba ver el rastro de su dominio en la piel del chico.
—Louie... —susurró Bahir con voz ronca, escondiendo el rostro en el pecho del alfa, buscando instintivamente su calor—. Estoy muy cansado... no debiste molestarte con el desayuno.
—Para mí es un placer atender a mi omega —respondió el alfa con una sonrisa de medio lado, besando la coronilla de Bahir mientras sus grandes manos acariciaban con fingida delicadeza uno de los chupetones de su hombro—. Necesitas recuperar fuerzas. Anoche fuiste un omega muy obediente, mi vida.
Bahir se sonrojó intensamente, recordando los eventos de la madrugada, y asintió con timidez. A pesar de estar sumamente somnoliento y con los músculos fatigados, el instinto de complacer a su alfa lo mantuvo despierto.
Con la ayuda de Louie, quien se encargó de acomodarle los almohadones en la espalda y de alimentarlo a la boca con trozos de durazno fresco y fresas, Bahir comenzó a desayunar. Cada vez que el omega saboreaba la comida, Louie lo observaba con una fijeza obsesiva, deleitándose con la absoluta dependencia que Bahir mostraba hacia él en la intimidad del nido.
—El té blanco que preparaste quedó delicioso, amor —dijo Bahir con una sonrisa tierna tras dar un sorbo a su taza, sintiendo cómo el calor de la bebida le devolvía la energía—. Sabe exactamente como el de la tienda de Manhattan... me hace extrañar un poquito al abuelo.
Al escuchar la mención del abuelo y de Manhattan, los ojos de Louie destellaron con una frialdad posesiva que Bahir, concentrado en su comida, no logró notar. El alfa dominante no quería que nada ni nadie distrajera a su omega durante este mes. Sin embargo, manteniendo su máscara perfecta de esposo ideal, Louie le acarició la mejilla con ternura.
—No te preocupes por eso ahora, mi cielo. Recuerda que mis padres se están encargando de todo en la ciudad. Tu abuelo está perfectamente cuidado y la tienda está bajo estricta seguridad —le aseguró Louie, sellando sus palabras con un beso lento en los labios de Bahir—. Este mes es solo para nosotros dos. Quiero que te concentres únicamente en descansar, en disfrutar de nuestro nido... y en mí.
Bahir sonrió, completamente conmovido por las palabras y las atenciones de su alfa. Dejó la taza a un lado y se acurrucó nuevamente en los brazos de Louie, permitiendo que las feromonas de madera ahumada lo arrullaran una vez más.
Bahir se sentía el omega más bendecido y protegido del universo, disfrutando de la paz de su mañana de bodas al lado del hombre que amaba. No tenía la menor idea de que, mientras él desayunaba felizmente, la mente calculadora de Louie ya estaba planeando cómo volver a tomarlo en cuanto terminaran de comer, ansioso por seguir marcando su territorio en la hermosa y perfecta jaula de cristal de los Hamptons.