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Pensamientos A Un Amor Prohibido

Pensamientos A Un Amor Prohibido

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor eterno
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Nuñez

Esta es una intensa novela psicológica y dramática para adultos que explora la compleja y prohibida transición emocional entre dos hermanastros que, tras años de convivencia, deben enfrentarse a sus crecientes deseos en medio de una tensión familiar ineludible

NovelToon tiene autorización de Paula Nuñez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La máscara del engaño

​El mundo se paralizó en un segundo de pánico absoluto. El sonido de la puerta principal cerrándose abajo fue el aviso de que el tiempo se había terminado. Hana y Ji-hoon se miraron, sus ojos reflejando el mismo terror compartido, un relámpago de realidad que los golpeó en pleno éxtasis. Ji-hoon, con una destreza que solo el miedo podía otorgar, se levantó de un salto, cubriendo a Hana hasta el cuello con las sábanas para ocultar cualquier rastro de la piel desnuda que hacía instantes estaba bajo su control. En un movimiento frenético, se puso una polera y, con el corazón galopando contra sus costillas, recogió la ropa de Hana del suelo y la escondió bajo su propia cama, justo antes de que los pasos de sus padres comenzaran a subir la escalera.

​Cuando sus padres entraron en la habitación, Hana sentía que su mente estaba a punto de estallar; el calor acumulado en su cuerpo seguía presente, y sus piernas, ocultas bajo el edredón, no dejaban de temblar por la adrenalina residual.

​—¿Qué pasa aquí? —preguntó su padre, observando la escena con confusión.

​Ji-hoon, sin pestañear, soltó una mentira magistral, su rostro una máscara de calma imperturbable.

—Hana se sentía mal en la fiesta, así que fui a buscarla —explicó, mirando a sus padres con total naturalidad—. Está con fiebre, así que la traje a mi cama para cuidarla mejor, es más grande y podía vigilarla —.

​Ji-hoon rápidamente tomó el control de la situación y preguntó por qué habían vuelto antes, ya que su viaje a Miami estaba programado. El padre, sin pizca de sospecha, explicó que el cliente había pospuesto la sesión para la próxima semana, una noticia que los padres dieron con total confianza hacia su hijo, sin imaginar jamás lo que realmente ocurría en aquella habitación. La madre, preocupada, se acercó y puso su mano en la frente de Hana.

​—Estás hirviendo, hija —murmuró su madre, llena de compasión.

​Hana, al borde de la risa nerviosa, sabía bien que el calor no era por ninguna enfermedad, sino por el momento de pasión desenfrenada que había sido truncado de manera tan abrupta. Mientras su madre se movía rápidamente para buscar medicamentos y prepararle alimentos, Hana observó a Ji-hoon desde lejos, notando cómo él mantenía una sonrisa apenas marcada, un cómplice en su secreto compartido. Cuando Ji-hoon se ofreció a cuidarla durante la noche, sus padres le prohibieron terminantemente, temiendo que se contagiara de la "enfermedad" que ambos habían inventado en un arrebato de desesperación.

​Cuando finalmente salieron de la habitación, Hana quedó sola, sumida en el rastro del aroma de Ji-hoon que aún impregnaba las sábanas. El deseo, lejos de disiparse, invadió su cuerpo con una fuerza renovada. Con los dedos temblorosos, bajó sus manos hacia su intimidad, encontrándose a sí misma acariciándose mientras revivía el recuerdo de lo que pudo ser, dejándose llevar por la intensidad del momento anterior.

​A la mañana siguiente, la rutina intentó imponerse. Hana se vistió con su uniforme y bajó a la cocina, donde Ji-hoon ya estaba sentado, papá leyendo el periódico mientras su madre preparaba el almuerzo. Hana se sentó a su lado, intentando mantener la compostura, pero el peligro volvía a acechar. Mientras su madre les servía el desayuno, Ji-hoon, con una audacia que rozaba la locura, dejó caer su mano bajo la mesa, posándola sobre el muslo de Hana y comenzando a subir con una lentitud tortuosa hacia su intimidad. Hana soltó un ataque de tos repentino por la sorpresa, obligando a su madre a girarse. Ji-hoon retiró la mano en un instante, manteniendo una cara de póquer perfecta mientras ella intentaba recuperar el aliento.

​—Come más despacio, hija —dijo su madre con tono dulce, sin sospechar absolutamente nada.

​El camino al colegio fue una prueba de nervios. Ji-hoon la observaba con una mirada cargada de intención, y cada paso que daban era un desafío a la cordura. Al cruzar por un callejón solitario, él la jaló bruscamente, apoyándola contra la pared y reclamando sus labios con un beso posesivo que le robó el aliento. Al separarse, la miró fijamente a los ojos.

​—Que no se te olvide... eres mía —susurró él.

​Hana solo pudo asentir, sintiendo que su rostro ardía. Siguieron caminando con aparente normalidad, pero dentro de ella, la pregunta sobre hasta dónde llegaría aquel juego prohibido se volvía cada vez más urgente y peligrosa.

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