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Bajo Las Luces Del Hielo

Bajo Las Luces Del Hielo

Status: En proceso
Genre:Romance / Hijo/a genio / Traiciones y engaños
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Juliana Torra

Mi nombre es Sara Miller, y antes de llegar a la Universidad de Minnesota, creía que la distancia geográfica era un factor suficiente para alterar el resultado de un trauma. Huí de Boston con una beca de excelencia académica y el alma rota, buscando desaparecer entre la nieve de Minneapolis. Pero el destino no entiende de estadísticas. En mi primer día de clases, la ecuación de mi supervivencia colapsó al encontrarme frente a frente con Thomas y Carter, los mismos dos monstruos con uniforme de hockey que habían convertido mi pasado en una pesadilla y que ahora jugaban para los Gophers.
Fue en ese pasillo helado donde todo cambió. Cuando la violencia física era inminente, apareció la variable más impredecible de todo el campus Jhon King.

NovelToon tiene autorización de Juliana Torra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

(Sara)

El tintineo de las copas de champaña y los aplausos emocionados de Eleanor y Arthur se sintieron como un eco lejano frente a la intensidad de la mirada de Jhon.

Cuando mis pies tocaron el suelo otra vez, todavía me faltaba el aire.

Tenía las mejillas calientes y el corazón me latía con una fuerza desbocada, directo en la garganta.

Jhon no me soltó; mantuvo una de sus grandes manos firmemente apoyada en mi cintura, como si necesitara asegurarle a todo el restaurante que yo ahora le pertenecía.

Miré hacia abajo, a mi mano izquierda.

El anillo de oro blanco brillaba bajo las luces tenues del comedor privado.

El pequeño diamante atrapaba cada destello, recordándome que esto no era un sueño.

Ya no era la chica rota que huía de sus fantasmas.

Era la mujer de Jhon King, y el futuro ya no me causaba miedo.

—Estás hermosa, mi amor —susurró él cerca de mi oído, aprovechando el momento en que sus padres hablaban con el camarero. Su aliento cálido me erizó la piel.

—Todavía no puedo creerlo, Jhon —le respondí en voz baja, entrelazando mis dedos con los suyos—. Siento que voy a despertar en cualquier momento.

Él sonrió de medio lado, con esa seguridad arrolladora que siempre lo caracterizaba sobre el hielo, pero que conmigo se transformaba en pura dulzura.

Se inclinó y besó mi frente con ternura, un gesto protector que terminó por disipar cualquier duda que quedara en mi mente.

El resto de la velada transcurrió entre risas, planes para la mudanza y anécdotas familiares.

Eleanor ya hablaba de decorar nuestro próximo lugar en Boston, y por primera vez en años, la idea de construir un hogar con alguien me llenó de una ilusión profunda. Al despedirnos en las puertas del hotel de sus padres, Eleanor me abrazó con fuerza y me susurró que cuidara de su hijo, aunque ambas sabíamos que, en realidad, nos cuidábamos mutuamente.

Cuando Jhon y yo subimos a su auto, el silencio de la noche de Minneapolis nos envolvió.

Estaba cansada, pero era un cansancio feliz.

Apoyé la cabeza en su hombro mientras él conducía con una mano y con la otra sostenía la mía, acariciando suavemente el anillo con su pulgar.

El camino a casa nunca se había sentido tan corto, ni el futuro tan brillante.

(Jhon)

Entrar a mi apartamento esa noche se sintió diferente.

Las luces apagadas y el silencio habitual ya no me daban esa sensación de vacío.

Ahora Sara estaba conmigo.

Su perfume suave, una mezcla de vainilla y frescura, inundó el espacio de inmediato, transformando el lugar en un verdadero refugio.

Cerré la puerta detrás de nosotros y dejé las llaves sobre la mesa de la entrada.

Sara se giró para mirarme, quitándose las gafas con un gesto pausado que siempre me volvía loco.

Sus ojos oscuros brillaban con una vulnerabilidad que solo me mostraba a mí, desprovista de cualquier defensa.

Caminé hacia ella lentamente, disfrutando de cada paso, hasta que la distancia entre los dos se redujo a nada.

—Señorita King... me gusta cómo suena —bromeé en un susurro ronco, tomándola por la cintura para pegarla a mi cuerpo.

Ella soltó una risita suave y apoyó sus manos en mi pecho. Podía sentir el latido acelerado de su corazón bajo la tela de su vestido azul.

—Todavía somos novios, Jhon. No te adelantes —replicó, aunque sus ojos decían algo completamente diferente.

—Para mí, eres mía desde el primer día que entraste a esa biblioteca —confesé con total honestidad.

Le quité con cuidado el moño del cabello, dejando que las hebras oscuras cayeran libres sobre sus hombros.

Me encantaba verla así, natural, hermosa, sin pretensiones.

Con una lentitud deliberada, acuné su rostro entre mis manos.

Sara cerró los ojos, disfrutando del contacto, y se inclinó hacia mi toque.

La besé.

Esta vez no fue un beso de celebración ni un arrebato de euforia en un restaurante.

Fue un beso lento, profundo y cargado de todas las promesas que no hacían falta decir en voz alta.

Mis labios recorrieron los suyos con una devoción absoluta, saboreando su dulzura, mientras sus manos se subían a mi nuca, enredándose en mi cabello.

La levanté sin esfuerzo, y ella rodeó mi cintura con sus piernas, sin romper el beso.

Caminé hacia el dormitorio a oscuras, guiado solo por el instinto y por el calor de su cuerpo contra el mío.

Esa noche no había partidos que ganar, ni contratos que firmar, ni pasados de los cuales escapar.

Solo éramos Sara y Jhon, entregándonos al amor que nos había salvado a ambos del invierno más frío de nuestras vidas.

1
Maria Muñoz
va muy bien
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