un caos en tacones
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Cap 15
La Conciencia: ¡Oh, por favor! Si pensaban que Alek Volkov iba a aceptar un rechazo con dignidad, es que no conocen a los hombres con exceso de poder y falta de negativas. Mírenlo: el despacho huele a whisky de mil dólares y a orgullo herido. Está sentado en su sillón de piel, con la corbata deshecha, mirando la pared como si fuera a confesar sus crímenes.
Alek le dio un trago largo a su vaso de cristal, dejando que el líquido le quemara la garganta. No podía sacarse de la cabeza el aroma a vainilla de Renata ni el sonido de la puerta cerrándose en su cara.
—Me esquivó —masculló Alek para sí mismo, incrédulo—. Me hizo el movimiento de la "matrix". ¡Yo, un Volkov!
En ese momento, la puerta del despacho se abrió y entró Ivan, luciendo una sonrisa de oreja a oreja. Ya sabía exactamente lo que había pasado porque, bueno, Ivan tiene espías hasta en las macetas de Renata.
—¿A qué hora es el funeral? —preguntó Ivan, sirviéndose su propio trago sin invitación—. Porque por tu cara, parece que alguien acaba de matar a tu perro favorito. O peor... ¿será que cierta maestra de metro y medio te dejó con el beso en el aire?
Alek lo fulminó con la mirada, pero Ivan ni se inmutó.
—¡Se quitó, Ivan! —estalló Alek, golpeando el escritorio—. Estaba ahí, la tenía a centímetros, el ambiente era perfecto, le conté lo de Dimitri... ¡le abrí mi alma! ¿Y qué hace ella? Me dice que tiene pintura dactilar mañana y sale corriendo. ¡Es una falta de respeto!
La Conciencia: ¡Mírenlo! ¡Es un berrinche nivel preescolar! Solo le falta tirarse al suelo y patalear. Alek Volkov ha pasado de ser el "Oso de Siberia" a ser el "Oso Yogi" despechado.
—Alek, mi querido y letal amigo —dijo Ivan, soltando una carcajada y sentándose frente a él—, bienvenido al mundo de los mortales. ¿De verdad pensaste que Renata, la mujer que te llamó "modelo de pasarela" a la cara, iba a caer en tus brazos solo porque le serviste té invisible?
—Soy un buen partido —gruñó Alek, recostándose en su silla—. Tengo dinero, poder, y según las encuestas, soy "atractivo".
—Tienes el encanto de una granada sin seguro, Alek —corrigió Ivan con sarcasmo—. Para ella, no eres un "buen partido", eres una "amenaza de seguridad nacional" con ojos bonitos. Ella no cree en el amor, ¿recuerdas? El amor para ella es como un unicornio: algo bonito que no existe y que probablemente muerde.
Alek gruñó de nuevo, terminándose su vaso de un solo trago.
—No voy a rendirme. Nadie me dice que no.
—Ese es el problema, jefe —Ivan se puso un poco más serio, aunque no perdió la chispa de burla—. Ella no es un cargamento en el puerto que puedes confiscar. Si quieres a la maestra, vas a tener que usar algo que no tienes en tu inventario de armas.
—¿Y qué es eso? —preguntó Alek, genuinamente confundido.
—Paciencia. Y tal vez... dejar de intentar ser el Rey de los Grillos y empezar a ser solo Alek. Aunque, honestamente, con ese carácter de ogro, lo tienes difícil.
La Conciencia: Ivan tiene razón, pero Alek es terco. Miren su cara, ya está planeando su siguiente movimiento. Cree que esto es una guerra de desgaste. Lo que no sabe es que Renata ya está en su cama, con los ojos abiertos, preguntándose por qué el corazón le late tan fuerte si solo es un "ruso con problemas"
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