Izabella Ramírez, una chica que creció en medio del caos familiar, donde quienes deberían protegerla a ella y a su hermano menor, Sebastián Ramírez, fueron precisamente los padres, principales responsables de sus traumas físicos y psicológicos. En cierto momento se vio en una encrucijada en la que la única salida era tomar a su hermano e huir de casa, aun sin tener adónde ir…
Conozcamos la historia de Izabella y por qué llegó a la conclusión de que nunca se casaría en la vida…
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Capítulo 2
Izabella...
Llegamos de la escuela más temprano hoy, mientras estábamos en la puerta oímos una discusión de mis padres, y jalé a mi hermano para que nos detuviéramos afuera, quería oír el porqué discutían.
Vanessa: Carlos, piénsalo bien, deja que por lo menos cumpla 14 años, sabes lo que van a hacer con ella, no va a durar mucho y aún nos va a traer perjuicio, sabes que si ella tiene 14 años la inversión será mayor…
Carlos: Pensando de ese modo hasta tiene sentido, pero, no puedo esperar más, yo le prometí (al comprador), que podía llevarla así que cumpliera 10 años, sabes que él está de ojo en ella desde el año pasado. Y yo no puedo retroceder, porque sabes que la palabra, para ellos es todo, y si no cumplimos, sabes lo que va a pasar con nosotros.
Vanessa: ¡Bueno! Yo no quiero morir, si prometiste está hecho. ¿Cuándo es que él viene a buscarla?
Carlos: El sábado, pasado mañana, él está de viaje, y solo vuelve el viernes. ¡Ah! No vamos a hablar sobre este asunto, en frente de los niños, no quiero que ella huya o haga alguna tontería.
Vanessa: ¡Ok! ¿Y Sebastián? ¿Quién va a cuidar de él?
Carlos: No te preocupes, él también se va de aquí en una semana, al tipo de allá arriba le gustó él, va a usarlo para vender las mercancías por la vecindad. Y finalmente vamos a librarnos de estas pestes y aún nos van a dar un dinero para que nos mudemos de esta pocilga.
Vanessa: Estoy ansiosa por eso...
Esperamos 5 minutos más y entramos, y fingimos que no oímos nada, y fuimos para nuestro cuartito cambiamos de ropa y cuando volvimos para la sala ellos hablaron con nosotros de forma amorosa como nunca vimos antes hasta sonreían, y nos dieron algunos centavos para que fuéramos a comprar helado por primera vez en la vida. Si no hubiésemos oído aquello todo, hasta íbamos a juzgar que ellos estarían cambiando, pero era todo truco... Por primera vez me pregunté si ellos realmente eran nuestros padres?
Salimos para comprar helado, pero no compramos, fuimos a sentarnos en aquel árbol que enterré el dinero que robaba, y fui allá le mostré a Sebastián, y para mi sorpresa él dijo que también tiene alguno guardado que también comenzó a robar porque una vez me vio a mí haciéndolo... Allí combinamos que al día siguiente íbamos a huir, vamos a agarrar las pequeñas cositas que tenemos que son nuestras ropas y vamos a fingir que vamos para la escuela…
Día siguiente...
Nos despertamos como siempre nos preparamos, arreglamos las cosas durante la madrugada, y aún bien que hicimos eso, porque mientras nos arreglábamos nuestra madre vino para nuestro cuartito entonces ella podía ver, como nuestra ropa quedaba por debajo de la cama, ella no desconfió de nada, llevamos solo 3 piezas de cada una los que estaban en un buen estado porque el resto estaba gastado. Ella toda simpática, ¿durmieron bien niños? Nosotros sí, y pasó la mano sobre nuestro cabello y dijo, toma aquí, nos dio 50 pesos, para comprar el bocadillo, y agradecimos, y ella dijo, hoy tendrán un almuerzo especial, ¡pizza! Entonces no se atrasen, sonreímos y asentimos, y salimos…
Sebastián corrió para el escondite de él y fue a buscar el dinero que él guardaba, después pasamos del mío escondite y agarré el mío, y contamos todo dio 1550 pesos con lo que nuestra madre acababa de darnos. Ahora comenzaba nuestro desafío, nosotros nunca salimos de nuestro barrio. Nuestra suerte es que la estación de tren queda a 1 kilómetro de nuestra escuela, desviamos el camino y comenzamos a correr, sabíamos que el tren pasaba a las 9h, porque oíamos el ruido, pero en aquel momento no teníamos como saber las horas, entonces corrimos lo más rápido que conseguíamos y descansábamos caminando de vez en cuando.
Llegamos a la estación y preguntamos a una señora, dónde se compraban los billetes ella apuntó, corrimos para allá y la señora de la boletería preguntó para dónde íbamos y oí el ruido del tren llegando yo dije rápido, vamos en este tren que está llegando, ella nos miró desconfiada, y yo dije nuestra madre dijo para que subamos este tren a esa hora y ella estará a nuestra espera del otro lado cuando bajemos. Entonces ella sonrió y nos dio dos billetes, pagué y sujeté la mano de Sebastián y corrimos para entrar en el tren, y fuimos a sentarnos, no sabíamos cuál sería nuestro destino ni para dónde íbamos. Solo la esperanza de ser libre es que nos mantenía fuertes. Apareció alguien vendiendo unos bollos y refrescos y compramos, y comimos...