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Finalmente Te Encontré

Finalmente Te Encontré

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Transmigración antigua a moderna / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor eterno / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

En este mundo, la muerte no borra el pasado; lo tatúa en la piel como una cicatriz de nacimiento: el Registro
Ian es un Rastreador, un hombre que caza almas con deudas pendientes. Durante un siglo, ha vivido atormentado por la marca en su pecho, justo donde el acero le atravesó el corazón, y por el recuerdo de la mujer que le arrebató el aliento con aroma a jazmín.
Él no busca amor, busca justicia. Pero hoy, en el pasillo de un hospital, su herida ha vuelto a arder. Ella está allí, con las manos manchadas de sangre, pero esta vez para salvar una vida.
Tras cien años de sombras, Ian finalmente puede pronunciar su sentencia:
—Finalmente te encontré.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El pasado busca el camino

La mañana siguiente llegó con una neblina densa que envolvía la casa, ocultando el bosque y dándole al refugio una atmósfera de aislamiento absoluto. Tras el violento choque de energía de la noche anterior, el ambiente en la casa había cambiado. Ya no había gritos ni reproches; solo un silencio cauteloso, como el de dos soldados que pactan un cese al fuego en medio de una guerra que ninguno sabe cómo ganar.

Ian fue el primero en proponerlo. No con palabras, sino con gestos. Cuando Anya bajó a la cocina, encontró dos tazas de té humeante sobre la mesa de madera y a Ian observando el vapor con la mirada perdida.

—Marcus nos rastreó anoche —dijo él, sin mirarla—. La única forma de "enfriar" la señal es que mantengamos nuestras mentes y cuerpos en calma. Si nuestras emociones se agitan, la marca vuelve a pulsar. Necesitamos una tregua, Anya. Por tu seguridad y la mía.

Anya aceptó el té, sintiendo el calor de la cerámica entre sus manos entumecidas.

—Una tregua —repitió ella, sentándose frente a él—. Sin historias de vidas pasadas, sin deudas de sangre, sin... besos.

Ian asintió con una seriedad que le oprimió el pecho.

—Solo dos personas en una casa, esperando que pase la niebla.

Pasaron las horas de forma extraña. Anya, acostumbrada al ritmo frenético del hospital, se sentía fuera de lugar en aquel remanso de paz forzada. Observó a Ian realizar tareas mundanas: reparar una silla vieja, leer un libro de páginas amarillentas, preparar una comida sencilla. Se veía tan humano, tan vulnerable en su concentración, que a Anya le costaba recordar que él era el hombre que le había prometido el vacío absoluto.

—¿Cómo lo haces? —preguntó ella a media tarde, mientras lo veía sentado en el porche, con los ojos cerrados.

—¿Hacer qué?

—Controlar el dolor. Sé que tu marca también late. Lo siento en la mía cada vez que te acercas —ella se sentó a su lado, manteniendo una distancia prudencial.

Ian abrió los ojos y la miró. Ya no había frialdad, solo una fatiga infinita.

—No se trata de ignorar el dolor, sino de aceptarlo como parte de lo que eres. Tú luchas contra la marca porque la ves como una enfermedad, un tumor que quieres extirpar. Para mí, es un recordatorio de que sigo existiendo. Si dejas de verla como una enemiga, dejará de quemarte.

Se quedaron en silencio, escuchando el goteo del rocío sobre las hojas. Por un momento, Anya se permitió olvidar que estaba huyendo. Miró el perfil de Ian y, por primera vez, no buscó al "carcelero" ni al "acosador". Buscó al hombre.

—Háblame de algo que no sea el Registro —pidió ella en un susurro—. Cuéntame algo de ti que no tenga que ver con la muerte.

Ian guardó silencio durante tanto tiempo que ella pensó que no respondería. Pero entonces, su voz rompió el aire con una suavidad que la desarmó.

—Me gustaba la música —dijo él—. Antes de que mi mundo se volviera blanco y negro, pasaba horas escuchando a los músicos callejeros en los muelles. Creía que si podía aprender a tocar como ellos, el tiempo se detendría.

Anya lo miró, fascinada por ese destello de humanidad. En esa tregua, la doctora racional empezó a entender que el peligro más grande no era Marcus, ni la policía, ni el Registro. El peligro real era que, en medio de la calma, estaba empezando a querer al hombre que debía entregarla al olvido.

—Algún día me gustaría oírte tocar una hermosa melodía —comento Anya fascinada.

—Ya lo has hecho, al menos en tu otra vida. Aunque ahora no lo recuerdes.

—Ayúdame a recordar, necesito saber qué paso para que te traicionara de esa manera —los ojos de Anya se llenaron de expectativas, ella solo quería entender lo sucedido y saber cuáles fueron los hechos que la llevaron a ese desenlace.

​Ian se puso en pie y caminó hasta la ventana. Observó a lo lejos cómo los árboles danzaban bajo la persistente neblina; parecía que el bosque mismo intentaba ocultarlos del mundo. Había una forma de que ella recuperara los recuerdos, una técnica que los Rastreadores usaban para forzar la confesión de las almas, pero él no estaba seguro de querer cruzar ese umbral.

​—Recordar no es como ver una película, Anya —dijo él, de espaldas a ella, con la voz cargada de una advertencia sombría—. Es volver a vivir el dolor, el miedo y la sangre. Si te devuelvo el pasado, no habrá marcha atrás. La doctora Linares que eres hoy podría romperse al conocer a la mujer que fuiste.

​Anya se levantó también, acortando la distancia pero sin llegar a tocarlo. El aire entre ellos vibraba con una tensión eléctrica, una mezcla de curiosidad científica y un anhelo que desafiaba toda lógica.

​—Ya estoy rota, Ian —replicó ella con suavidad—. La policía me busca, mis pacientes mueren sin explicación y estoy huyendo con un hombre que dice ser mi víctima. No saber la verdad es lo que me está matando. Prefiero recordar y enfrentar lo que hice, que vivir con este vacío en el pecho.

​Ian se giró lentamente. La miró con una mezcla de tristeza y una ternura que intentaba ocultar. Extendió su mano derecha, la que no tenía la marca, y rozó apenas el aire cerca de la mejilla de Anya.

​—Existe un método. Se llama "El Reflejo". Pero requiere que ambos bajemos la guardia por completo. Si Marcus nos encuentra mientras estamos en el trance, no tendremos defensa alguna.

​—Dime qué tengo que hacer —insistió ella, ignorando el peligro.

​Ian suspiró, rindiéndose ante la determinación en los ojos de ella. Caminó hacia el centro de la sala y movió una alfombra vieja, dejando ver la madera desgastada del suelo.

​—Siéntate frente a mí. Necesito que entres en ese estado de calma que usas en el quirófano, ese donde el mundo desaparece y solo existe el latido del corazón.

​Anya obedeció, sentándose con las piernas cruzadas frente a él. Ian tomó sus manos, evitando que las cicatrices se tocaran directamente para no repetir el choque de la noche anterior. El contacto de su piel era cálido y, por primera vez, no sintió miedo.

​—Cierra los ojos —ordenó Ian en un susurro—. No busques el recuerdo con la mente. Búscalo con la cicatriz. Deja que el dolor te guíe hacia la luz de aquel muelle en 1926.

​Anya cerró los ojos y respiró hondo. Al principio solo hubo oscuridad, pero luego, el aroma a jazmín se volvió sofocante. El sonido del viento en el refugio se transformó en el murmullo de las olas chocando contra maderas podridas. Empezó a sentir un frío intenso, un frío de noche de invierno, y el peso de algo metálico y pesado en su bolsillo.

​De repente, una imagen cruzó su mente como un relámpago: Ian, joven y radiante, sonriéndole bajo una farola de gas. Pero detrás de él, una sombra conocida la observaba. Una sombra con los ojos de Marcus.

​—¡Ian! —gritó Anya en el presente, pero su voz sonaba lejana, como si viniera de otro siglo.

​La tregua se había terminado. El pasado acababa de abrir sus puertas de par en par.

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Elizabeth Medina
ya me perdí,,,
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Alexandra Ortiz Posada
Gracias por compartir, me gusta mucho tu novela
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena novela, te sumerge en una película futurista, excelente
Alexandra Ortiz Posada
Me encanta tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Martha Divas Delgado
dios estoy atrapada k impactante será k aniya es o fue mala e Ian se equivoca. hayyyyy esta historia está de infarto
Alexandra Ortiz Posada
Me gusta tu novela, ese toque de misterio la hace muy interesante, gracias por compartir , bendiciones
Marcela Lopez
excelente
Martha Divas Delgado
me gusta más capítulos y paso a paso se arma el camino ☺️
Ysabel Correa: Gracias 🫂... estaré escribiendo y actualizando todos los días
total 1 replies
Marie Beleño
pas historias así no me gustan demoran mucho para subir capitulos😡
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