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Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11:La ruptura de la puerta

El marco de la puerta estaba a punto de ceder.

Las bisagras chirriaron como un animal herido mientras los hombres de Olivia empujaban desde afuera con golpes calculados, secos, destinados a quebrar, no a advertir.

Mía retrocedió instintivamente hasta quedar delante de Liam, protegiéndolo con su propio cuerpo sin pensarlo siquiera. Él lo notó. Y algo en su pecho —algo que no sabía nombrar— ardió con una intensidad casi insoportable.

—Mía —susurró él, agarrando su muñeca con fuerza—. No te pongas enfrente. Es peligroso.

Ella no se movió.

—No voy a dejar que entren hacia ti.

El monitor cardíaco registró el salto brusco en el ritmo de Liam.

Pero no era miedo.

Era furia.

Furia por ella.

El siguiente golpe contra la puerta retumbó como un trueno:

¡BANG!

El marco se dobló un centímetro más.

Olivia gritó desde afuera, sin el menor rastro de la dulzura fingida que usaba en público:

—¡Liam, abre ahora mismo o voy a romper esta puerta! ¡No puedes esconderte detrás de tu asistente!

La voz de Olivia entró rasgando el aire.

Ese tono… ese veneno…

encendió algo en Mía que ya llevaba horas hirviendo.

—Liam —murmuró ella, sin apartar la mirada de la puerta—. Dame la carpeta.

Él se la entregó sin dudar.

Era pesada.

Demasiado pesada para ser solo “informes”.

El sonido metálico de la cerradura doblándose anunció que se quedaban sin tiempo.

Liam la miró con una mezcla de adoración y terror.

—Mía… no la abras.

Ella lo miró de vuelta.

—Tengo que hacerlo. Si Olivia toma esto, tu vida se acaba. Y la mía también.

Él tragó saliva.

—Entonces ábrela… conmigo.

Las manos de ambos temblaban cuando Mía rompió el sello negro.

La puerta vibró otra vez.

Un segundo más.

Dos.

Y justo cuando el marco empezó a abrirse—

Mía alcanzó a levantar la primera hoja.

Y la sangre se le heló.

—Dios… —susurró ella, horrorizada.

Liam intentó incorporarse, preocupado.

—¿Qué es? ¿Qué ves?

Ella no podía apartar los ojos del papel.

No era un documento financiero.

No un informe legal.

Era una fotografía.

Una fotografía tomada desde un ángulo alto, como de cámara de seguridad.

Una fotografía de ella.

De Mía.

Dos años atrás.

Arrodillada en un piso lleno de cristales rotos, con la mejilla ensangrentada, ropa rasgada y la mirada perdida, como si el alma se le hubiera caído del cuerpo.

Y detrás de ella…

La silueta de un hombre enorme.

Calder.

Liam se quedó sin aliento.

—Esa… —su voz se quebró—. Esa es la casa de mi padre.

La foto traía una marca en la esquina:

ARCHIVO RESTRINGIDO — VANDER GROUP

Solo para Liam Vander.

Mía pasó la segunda página con manos temblorosas.

Era un informe médico.

Su nombre real.

Su fecha de nacimiento.

Un diagnóstico: trauma severo.

Recomendación: traslado inmediato al hospital tras agresión.

Pero había algo más.

En la línea final decía:

“Intervención del Sr. Liam Vander evitó un desenlace fatal.”

Ella sintió que el mundo se le inclinó.

Liam no podía apartar los ojos de las palabras.

—Yo… te llevé al hospital —susurró, como si recordara un fugaz relámpago—. Te cargué. Estabas fría… muy fría…

Mía cerró los ojos.

El recuerdo la golpeó desde un rincón al que se había negado a entrar durante dos años.

La voz de Liam gritando su nombre.

Sus manos temblorosas sosteniéndola.

El olor a humo y a madera mojada.

El sonido del vidrio triturado bajo sus zapatos.

—Sí —admitió ella, con voz rota—. Tú me salvaste.

Un golpe final sacudió la puerta.

La madera cedió.

Las bisagras volaron.

La puerta cayó al suelo de un golpe seco.

Los hombres de Olivia entraron primero.

Olivia detrás de ellos, impecable, perfecta, con esa sonrisa de porcelana que se agrietó cuando vio la escena: Mía y Liam juntos, la carpeta abierta, los documentos expuestos.

—¿Qué es esto? —exigió, dando un paso adelante.

Liam levantó la vista hacia ella.

Y por primera vez desde que despertó…

sus ojos tenían filo.

No por amnesia.

No por confusión.

Por odio.

—Esto —dijo él, levantando la foto— es la razón por la que quieres que renuncie, ¿verdad?

Olivia palideció apenas, un segundo, un parpadeo, pero suficiente para que él lo notara.

—No sé de qué hablas —soltó, recuperando su sonrisa—. Estoy preocupada por ti. Por tu estabilidad. Este incidente… te está—

—Liam —interrumpió Mía, sin mirarla—. No la escuches.

Los hombres de traje avanzaron.

—Señor Vander —dijo uno—, necesitamos que firme el documento de retiro temporal.

Liam apretó los dientes.

—No voy a firmar nada.

—Es por seguridad de la empresa —intentó Olivia.

—Es por tu seguridad —contradijo Mía.

Olivia la fulminó con la mirada.

—Tú no tienes voz aquí, secretaria.

Liam se levantó de golpe.

Aún mareado.

Aún débil.

Pero de pie.

—No vuelvas a hablarle así, Olivia —advirtió—. No sabes lo que estás haciendo.

Ella lo miró con un brillo extraño.

—Claro que sé lo que hago —susurró ella—. Estoy protegiéndote de ella.

Apuntó directamente a Mía.

—¿De mí? —repitió Mía, incrédula.

—Sí —respondió Olivia—. ¿Crees que no sé quién eres? ¿Por qué estás tan cerca de él? ¿Por qué nunca te fuiste de la empresa después de lo que pasó en esa casa?

El aire se cortó.

Mía no habló.

Liam dio un paso adelante, tambaleante, pero firme.

—No te atrevas —gruñó—. No la metas en tus juegos.

Pero Olivia no había terminado.

—Liam —dijo, subiendo la voz—. Ella estuvo involucrada. ¡Ella!

Fue encontrada dentro de una propiedad privada, sin autorización, sin registro, sin justificación. ¡¿Qué hacía ahí?! ¿Por qué nadie habló de eso?

Mía sintió que el mundo se le cerraba encima.

Olivia siguió:

—Tu padre lo sabía. Sophie lo sabía. Alexander lo sabía. Yo lo sabía. Y tú… —señaló a Liam— también lo sabías. Solo que decidiste olvidarlo.

Liam abrió la boca… pero no salió ningún sonido.

Mía sintió que el cuerpo le temblaba.

—Yo… —intentó decir—. Yo no participé en nada. Solo estaba en el lugar equivocado—

—Exacto —interrumpió Olivia, sonriente—. En el lugar equivocado. Con la gente equivocada. A la hora equivocada.

Y entonces soltó la bomba.

—Y según los informes… ¡tú fuiste la razón de que Calder escapara esa noche!

El corazón de Mía estalló en un golpe seco.

—Eso es mentira —susurró.

—¿De verdad? —preguntó Olivia, inclinando la cabeza—. ¿De verdad crees que esa noche te atacaron por casualidad? ¿Que Liam llegó como un héroe sin saber nada más?

Liam estaba blanco.

Como si cada palabra fuera una cuchilla que le abría cicatrices antiguas.

—Olivia —gruñó él—. Cierra la boca.

Ella sonrió con suavidad dañina.

—Díselo a ella, entonces —señaló a Mía—. Dile la verdad.

Que tú fuiste quien autorizó esa reunión privada.

Que sabías quién estaría allí.

Y que ella no debía haber entrado.

El silencio que siguió fue tan espeso que casi dolía.

Mía sintió que el aire se escapaba de sus pulmones.

—¿Liam…? —susurró, sin voz—. ¿Tú… sabías?

Liam la miró.

Algo en su expresión se rompió.

No por lo que recordaba.

Sino por lo que aún no recordaba… pero intuía.

—Mía… —avanzó un paso—. Déjame explicarlo. No es lo que piensas.

Sus ojos se llenaron de lágrimas sin caer.

—Dime la verdad —pidió ella, con un hilo de voz—. Solo dime… ¿sabías que esa noche yo iba a estar ahí?

Liam abrió la boca.

Pero no pudo responder.

Mía entendió la respuesta antes de escucharla.

Y su alma se hizo añicos.

—Lo sabías —susurró, retrocediendo—.

Dios mío… lo sabías.

Liam extendió una mano, desesperado.

—Mía, no… no lo recuerdas bien. No lo recuerdo yo tampoco. Yo no te hice daño. Yo no quise—

—Pero lo permitiste —dijo ella, con la voz rota.

Las palabras cayeron como piedras entre los dos.

Y por primera vez desde que había despertado en ese hospital…

el miedo real apareció en la mirada de Liam.

No miedo por Calder.

Ni por Olivia.

Ni por la empresa.

Miedo de perderla a ella.

—Mía…

—Su voz tembló—

…no me dejes.

Las lágrimas cayeron por fin por sus mejillas.

—No sé si puedo quedarme —susurró ella.

La puerta rota seguía en el suelo.

Olivia sonreía.

Y Liam, aunque no recordaba todo, entendió algo con absoluta claridad:

El mayor peligro no era Calder.

El mayor peligro era la verdad.

Y la verdad…

acababa de comenzar a destruirlos.

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
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