Abigail, una mujer deshecha tanto física como mentalmente, reencuentra a la persona que la hará renacer.
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# 16
Me acosté y mi insomnio, no me dejó dormir hasta casi la madrugada. Era bastante tarde cuando desperté. Afine mi oído para saber si Aaron, ya se había ido o aún estaba ahí.
Al no escuchar nada, salí de la cama y me duche, salí a tomar mi café de la mañana, sentía los ojos hinchados y tenía un fuerte dolor de cabeza.
Cuando me senté a tomar mi café, en la mesa del comedor, había una bolsita con mi nombre. Era la letra de Aaron, la abrí y adentro había una telefono celular, que parecía muy moderno. Estaba prendido y en la pantalla había una alerta de mensaje. Lo abrí y era de el.
" Lo siento mucho."
Deje el teléfono en la mesa y me fuí a la sala, prendí la televisión y así me quedé un buen rato.
Me levanté y me puse a sacudir un poco. Estaba limpiando la cocina, cuando entro un nuevo mensaje, lo ignore y seguí limpiando.
Empezaron a entrar uno tras otro, no dejaba de sonar. Tomé el bendito teléfono y los abrí.
Eran como 30 mensajes, todos diciendo lo mismo. " Lo siento mucho."
¿Debía contestar? Pero, ¿Que iba a contestar?
" No hay problema."
Fue lo único que se me ocurrió.
Entonces entro una llamada.
- ¿Bueno?-
- ¿Sigues enojada conmigo?- Su voz sonaba triste.
- No estoy enojada, estoy confundida. No entiendo tus actitudes.-
- Lo lamento. ¿Podemos hablar más tarde? -
- De acuerdo. Nos vemos.-
Colgamos y yo seguía intentando entender, que era lo que pasaba. Siempre sabía que estaba pasando por su mente, antes que el me dijera, pero ahora, era un misterio para mí.
Seguí limpiando, quería que el día no fuera tan largo.
Me asome por la ventana y vi el pequeño parque que había en frente. Así que decidí salir a correr. Me puse el único pantalón deportivo que tenía, mis tenis y una sudadera, me recogí el cabello, tomé celular y lo puse en la bolsa de la sudadera, junto con una botella de agua y salí bastante animada, hace tiempo que no hacía ejercicio.
Crucé la calle y empecé a caminar, después de unos minutos, comencé a trotar y luego a correr, se sentía tan bien. Estuve más o menos una hora, corriendo, quería sacar toda la frustración que sentía. Hasta que empecé a detenerme, poco a poco, para recuperar el aliento.
Me senté en una banca, tome agua y una dulce y conocida vocecita, me saludo.
- Hola Abigail.-
- Hola Marina, ¿Cómo está?-
- Muy bien, gracias. ¿Y tu?.-
- Bien, salí a desestresarme un poco.-
Me levanté a ayudar, por lo que se veía, venía de compras.
- Me gusta salir a comprar cosas.- Dijo emocionada.
-A mi también, debemos ir juntas después.-
-Encantada.-
Íbamos a cruzar la calle, yo me adelante y baje antes que ella, pero me dio un jalón hacia atrás. Iba tan distraída, que no vi el auto que salió de repente.
- Debes tener cuidado.-
- Lo siento, no lo vi.-
- Ahora sí, podemos irnos.-
Cruzamos la calle y la acompañe a su departamento, ahí, me invitó a tomar un café y yo acepte, tal vez, necesitaba hablar con alguien más.
Su casa era muy cálida y hogareña, te hacía sentir bienvenida. Me invitó a sentar y ella fue a la cocina a encender la cafetera.
Yo pasee la mirada por toda la habitación, había muchas fotografías, de niños y adultos, parecía una familia muy numerosa, lo supe cuando vi un cuadro con un gran número de personas, decía algo así como reunion anual.
Yo quería ser parte de algo así, siempre soñé con una familia numerosa, al ser hija única, siempre deseé tener hermanos.
Marina entro con una taza humeante. Me la dio y puso en la mesa unas galletas, que se veían deliciosas. Empezamos a platicar, me contó que su esposo, apenas había fallecido el año pasado y que su familia, había intentado llevársela a vivir con ellos. Pero ella, siempre fue una mujer independiente y que necesitaba su espacio. No quería ni necesitaba que la cuidarán.
- Debes ser fuerte, cariño. Y aferrarte a tus sueños, no importa lo imposibles que los sientas. Solo así, podrás volver a ser tu misma.-
- Pero no se por donde empezar.-
- Tal vez, ¿Dónde te quedaste? Dónde tu vida se empezó a perder. No necesitas empezar de cero.-
Era una mujer muy sabía. Así que, cuando salí, estaba bastante, contenta. Era una felicidad, que hace mucho no sentía, pero era por mi, por qué sabía, que iba a ser difícil, pero que podía hacerlo. Por mí.
Iba entrando a la casa y escuché el coche de Aaron estacionarse, lo espere en la puerta y el levantó una mano para saludarme.
Entramos y me sorprendió, escucharlo detrás de mi.
- No quiero controlar tu vida.-
Lo mire y Asentí con la cabeza.
- Lo se y yo también lo siento.-
- Es que... Yo... Te vi como la niña que eras antes e intente protegerte de todo a tu alrededor, pero se que eres una persona adulta y que sabes cuidarte sola.-
- Tal vez no sepa cuidarme sola. Pase demasiado tiempo a la sombra de Samuel. Pero quiero hacerlo, por mi misma. Sin embargo, estoy muy agradecida contigo, tú me diste ese empujón que necesitaba, para empezar a valorarme, por que vivía pensando que yo era menos que un adorno. Y aunque se que será muy difícil, volveré a empezar. Tomare terapia y tal vez, vuelva a retomar mis estudios. No lo sé. Decidiré eso en mi camino.-
Me veía con tal intensidad que tuve que voltearme, para no verlo. Me gire y camine hacia mi recámara, o al menos lo intente, por qué me tomo por la muñeca y me jalo hacia el, para darme un abrazo tan fuerte, que sentí que perdía el aliento, pero tan cálido, que nada importaba en ese momento.
Cuando me soltó, sus ojos seguían extraños, pero había una sonrisa en su cara.
- Sabes que yo siempre te voy a apoyar.-
- Lo se.-
Me apoye en su pecho, se sentía fuerte, seguro y confiable. No se por cuánto tiempo estuvimos así, pero no quería separarme de él.
Eso, hasta que recibió una llamada, sentí como se tensaba y se alejaba.
- Dame un momento.-
Se fue a su recámara y me dejó ahí, sintiendo como la confusión me dominaba.