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Operación: Corazón Blindado

Operación: Corazón Blindado

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Meghan Whitmore, hija del recién electo presidente de Estados Unidos y brillante abogada, siempre ha vivido entre poder y estrategia. Desde la muerte de su madre y su hermano, ella se convirtió en el mayor apoyo de su padre... y en su punto más vulnerable.

Cuando una amenaza logra infiltrarse en la Casa Blanca, su seguridad se refuerza con un nuevo jefe de protección: el capitán Ethan Cole, un militar frío y disciplinado que solo cree en el deber. Lo que comienza como una misión profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.

Pero mientras las amenazas se vuelven más personales y secretos del pasado salen a la luz, Meghan y Ethan descubrirán que el mayor riesgo no está en los enemigos externos... sino en cuando los sentimientos comienzan a ganar terreno y todo el país los está observando.

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 18

NOCHE DE INSOMNIO -

Estoy revisando mi teléfono mientras camino por el pasillo del ala este. Notificaciones del equipo. Reportes de perímetro. Todo en orden.

Son casi las dos de la mañana.

Hora de ronda interna antes de pasar por el corredor de su habitación.

Doblo la esquina... y la encuentro en la cocina.

Sentada en uno de los taburetes de la isla, descalza, con una sudadera gris demasiado grande para ella. Un vaso de agua a medio terminar. La luz tenue sobre su cabeza.

Miro mi reloj.

-Son las dos de la mañana.

-Felicidades por saber leer la hora -responde sin levantar la vista del teléfono.

Me acerco despacio.

-Debería estar durmiendo.

-Debería estar patrullando.

-Lo estoy haciendo.

-Pues patrulla mejor, me encontraste fácilmente.

Resoplo apenas.

-¿Insomnio?

-Algo así.

Me apoyo en el borde opuesto de la isla.

-¿Algo específico?

Ella duda un segundo. Luego gira el teléfono hacia mí.

-Esto.

Lo tomo.

Un mensaje directo.

Anónimo.

Dirigido a ella por nombre.

Frases ambiguas. Pero con información demasiado específica sobre su agenda privada.

Mi mandíbula se tensa.

-¿Cuándo llegó?

-Hace quince minutos.

-¿Ha respondido?

-No soy tan imprudente.

La miro.

-Eso es discutible.

Me sostiene la mirada.

-No empieces.

Vuelvo a leer el mensaje.

-Se lo enviaré al equipo de redes. Que rastreen IP, servidor, cualquier cosa que puedan encontrar.

-¿Crees que es real?

-Creo que es alguien intentando llamar la atención.

-¿Y si no?

La observo un segundo más de lo necesario.

-Entonces lo sabremos antes de que vuelva a intentarlo.

-Hablas como si fuera sencillo.

-No lo es. Pero el pánico no ayuda.

Ella se cruza de brazos.

-No estoy en pánico.

-Bien.

Silencio breve.

Le devuelvo el teléfono.

-Envíemelo también a mí.

-¿Confías en que no lo publicaré en redes?

-Confío en que sabe que la mataría antes.

Ella arquea una ceja.

-Eso fue excesivo.

-Fue gráfico. Diferente cosa.

Por primera vez en la noche, sonríe apenas.

Se hace un silencio cómodo.

Raro.

-¿Tú duermes? -pregunta de repente.

-A veces.

-Eso no es una respuesta.

-Duermo cuando puedo.

-¿Y cuando no puedes?

La miro.

-Patrullo.

Ella gira el vaso entre sus dedos.

-Yo tampoco podía dormir.

-¿Por el mensaje?

Duda.

-No solo por eso.

No presiono.

-¿Siempre has sido así? -pregunta de repente-. ¿Tan... contenido?

-¿Contenido?

-Sí. Como si todo estuviera en compartimentos.

-Es eficiente.

-No es humano.

-Funciona.

Se inclina un poco hacia adelante.

-Cuéntame algo de tu vida.

Niego suavemente.

-No es relevante.

-Claro que lo es. Pasas más tiempo conmigo que con casi cualquier otra persona.

-Eso es circunstancial.

-Ethan.

Ese tono.

El que no es político.

-¿Tienes familia?

Pausa.

-Sí.

-¿Hablas con ellos?

-No mucho.

-¿Por qué?

Miro la superficie de mármol de la isla en lugar de mirarla a ella.

-Porque este trabajo no es compatible con cenas familiares.

-Eso no explica todo.

Exhalo lento.

-Mi padre fue militar. Mi hermano también. Yo seguí el camino. Misiones largas. Zonas complicadas. Cuando estás afuera meses... las llamadas se vuelven breves. Las visitas se vuelven incómodas.

Ella escucha sin interrumpir.

-Te acostumbras a estar lejos -continúo-. Y ellos se acostumbran a que no estés.

-Eso suena solitario.

-Es práctico.

-No te pregunté si era práctico.

La miro.

-Es duro -admito finalmente-. La vida militar es... exigente. No solo físicamente.

-¿Dónde estuviste?

Dudo un segundo.

-Medio oriente. Europa del este. Operaciones de protección en zonas inestables.

-¿Miedo?

La pregunta es directa.

-Siempre.

Ella parpadea, sorprendida.

-¿Siempre?

-Si no tienes miedo, eres imprudente.

-¿Y cómo lo manejas?

-Entrenamiento. Repetición. Disciplina.

-Eso no responde lo emocional.

Sonrío apenas.

-No lo manejo.

Se queda en silencio unos segundos.

-¿Y valió la pena?

No respondo de inmediato.

Pienso en noches largas. En compañeros que no volvieron. En llamadas que nunca hice.

-Sí -digo finalmente-. Porque protegí gente que lo necesitaba.

Ella baja la mirada al vaso.

-¿Como a mí?

La pregunta queda flotando.

-Sí. Como usted.

Silencio.

-Debe ser agotador vivir siempre listo para lo peor -dice ella.

-Debe ser agotador vivir siempre observada.

Nos miramos.

Por primera vez no hay sarcasmo.

No hay desafío.

Solo dos personas despiertas a las dos de la mañana.

-Gracias por no minimizar lo del mensaje -dice en voz baja.

-Es mi trabajo.

Rueda los ojos.

-Puedes decir "de nada" alguna vez.

-De nada.

Sonríe.

Se levanta del taburete.

-¿Vas a seguir patrullando?

-Sí.

-¿Y yo?

-Debería intentar dormir.

Camina hacia el pasillo, luego se detiene.

-Ethan.

-¿Sí?

-No deberías mantenerte tan lejos de tu familia para siempre.

La observo.

-No todas las distancias se reducen fácil.

-Aun así... deberías intentarlo.

No respondo.

Ella asiente y desaparece por el corredor hacia su habitación.

Me quedo solo en la cocina silenciosa.

Miro mi teléfono.

El mensaje.

La hora.

Dos diecisiete de la mañana.

Insomnio compartido.

Y por primera vez en mucho tiempo...

no me molesta tanto no estar durmiendo.

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