Siempre ha sentido que tiene mala suerte, y ahora renace con muchas posibilidades, intentando cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
* Todas las novelas son independientes**
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Vestido
Los rumores empezaron en la cocina.
Y, como todos los rumores importantes, subieron escaleras.
—Dicen que casi toda la nobleza asistirá.
—Que habrá música traída de la capital.
—Que Lady Smith quiere impresionar a alguien.
Eveline estaba en el pasillo cuando escuchó el nombre.
Lady Smith.
La hija menor de un barón con aspiraciones evidentes y una fortuna lo suficientemente sólida como para organizar una fiesta que atrajera a medio Bernicia.
Eveline no era ingenua.
Preguntó con discreción.
Investigó con elegancia.
Y confirmó lo que ya sospechaba.
Lady Smith estaba interesada en el duque Cassian Rathborne.
Muy interesada.
Y, curiosamente, entre la larga lista de invitados distinguidos… no figuraba el nombre de Eveline Alderwick.
Qué casualidad.
Qué conveniente.
Qué poco sutil.
Eveline cerró el abanico con suavidad.
—Ah.. Así que jugamos a eso.
No estaba enfadada.
Estaba… divertida.
Y un poco competitiva.
Y quizás un poco celosa..
Esa misma tarde fue a la mansión Rathborne sin anunciarse más de lo habitual.
Cassian la recibió en el salón principal con una sonrisa que ya parecía esperarla.
—Lady Eveline Alderwick. A este paso, empezaré a creer que disfruta más de mi casa que de la suya.
—Depende de la compañía..
Él arqueó una ceja, divertido.
—¿A qué debo el honor?
Eveline se sentó frente a él con aparente calma.
—He oído que la mayoría de los nobles asistirán a la fiesta de Lady Smith.
Cassian hizo un leve gesto de comprensión.
—Ah. Esa fiesta.
—Esa misma.
—No he confirmado asistencia..
—Tampoco he sido invitada.
Cassian la miró con más atención.
—Lo sé.
Ella ladeó la cabeza.
—¿Lo sabe?
—La señorita Smith no es particularmente sutil.
Eveline contuvo una sonrisa.
—Entonces… pensé que quizá usted podría invitarme.
Cassian la observó unos segundos.
Luego sonrió con esa expresión cálida y ligeramente traviesa que siempre precedía algo interesante.
—Antes no me gustaba asistir a ese tipo de eventos.. Demasiadas conversaciones vacías. Demasiadas sonrisas forzadas.
Eveline se levantó y caminó hasta él.
Sin dramatismo, lo abrazó por el torso, apoyando la mejilla contra su pecho.
—Si no quiere invitarme, no importa..
Él bajó la mirada hacia ella, sorprendido por el contacto repentino.
—Eveline…
Ella se apartó lentamente, fingiendo una ligera molestia.
—Entiendo. No es necesario. Seguro la fiesta será muy entretenida… para algunos.
Dio media vuelta como si fuera a marcharse.
Uno.
Dos pasos.
Y entonces..
La mano de Cassian rodeó su cintura con firmeza y la atrajo hacia atrás en un movimiento fluido.
Ella chocó suavemente contra su pecho.
—¿Quién dijo que no quería invitarla?
Eveline ocultó su sonrisa durante medio segundo antes de alzar la vista hacia él.
—Parecía bastante convencido de no asistir.
—Antes.. Antes de que usted lo pidiera.
Ella lo miró con triunfo apenas disimulado.
—Entonces me llevará.
No era una pregunta.
Cassian soltó una risa baja.
—La llevaré.
Eveline entrecerró los ojos con picardía.
—Perfecto. Entonces vestiré un hermoso vestido con hilos plateados.
Cassian alzó una ceja.
—¿Plateados?
—Para que combine conmigo, su gracia. Así que debería buscar algo similar.
Por un instante, él guardó silencio.
Luego sonrió más ampliamente.
—El plateado es el color del escudo de mi casa.
Eveline fingió inocencia.
—¿Oh? Qué coincidencia.
Cassian negó con la cabeza, divertido.
—Nada en usted es coincidencia últimamente.
Ella apoyó una mano sobre su pecho.
—Si vamos a asistir a la fiesta de una joven que claramente desea llamar su atención… al menos que todos sepan con quién llega.
Sus palabras no tenían celos amargos.
Tenían decisión.
Cassian la observó con esa mezcla de fascinación y orgullo que comenzaba a volverse habitual.
—Me agrada esa determinación.
—Me agrada que me sostenga cuando intento irme —replicó ella.
Él la acercó un poco más.
—No permitiré que nadie dude de quién es usted para mí.
Eveline sostuvo su mirada.
—¿Y quién soy?
Cassian no vaciló.
—La futura duquesa Rathborne.
La respuesta hizo que algo cálido se expandiera en su pecho.
Pero ella no perdió el tono ligero.
—Entonces procure que su atuendo esté a la altura del mío.
Él sonrió.
—Si usted brilla con hilos plateados… yo seré el fondo perfecto para resaltarla.
Ella se inclinó y besó suavemente su mejilla.
—No. Usted brillará conmigo.
Y mientras salía de la mansión Rathborne esa tarde, Eveline pensó que quizá su mala suerte la había convertido en algo más astuta.
Porque si el destino iba a ponerla en competencia con jóvenes ambiciosas…
Ella no pensaba quedarse fuera de la lista.
Iba a entrar del brazo del duque.
Vestida en plateado.
Como si el escudo de la casa Rathborne ya la reconociera como propia.
Al día siguiente, cuando Eveline envió a llamar a la mejor modista del pueblo, lo hizo con una idea clara en mente.
—Quiero un vestido con hilos plateados —dijo con decisión cuando la mujer llegó a la mansión Alderwick cargada de telas y cintas de medir.
La modista, una señora de manos ágiles y mirada calculadora, sonrió con profesionalismo.
—Por supuesto, mi lady. ¿Hilos plateados bordados sobre seda?
—No exactamente.
Eveline inclinó la cabeza, pensativa.
—Quiero que el plateado destaque. Que se note. Que brille… pero con elegancia.
La modista la observó unos segundos más.
Luego preguntó con cautela..
—¿Está hablando de… hilos de plata real?
Eveline parpadeó.
—Bueno… sí.
La mujer carraspeó.
—Mi lady, eso no es algo que se use comúnmente. Es costoso. Y requiere un trabajo especial.
Eveline sonrió con despreocupación.
—Entonces hágalo especial.
No fue hasta que vio la velocidad con la que la modista aceptó, la reverencia que hizo al salir, y la cantidad de asistentes que regresaron con ella al día siguiente, que Eveline comprendió algo.
Su familia no solo era respetada.
Era influyente.
Muy influyente.
Aparentemente, cuando una Alderwick pedía plata… la plata llegaba.
El vestido comenzó a tomar forma en apenas días.
Seda profunda, de un tono gris perla que cambiaba ligeramente bajo la luz.
Hilos de plata auténtica entrelazados con precisión en el corsé y cayendo en delicados patrones por la falda. Pequeños detalles metálicos bordaban los bordes como filigranas discretas.
Cuando la modista explicó el diseño final, Eveline no pudo evitar reír.
—Parezco que estoy mandando a forjar una armadura.
—Una armadura encantadora, mi lady —respondió la mujer con solemnidad.
Eveline imaginó la escena.
Ella entrando al salón de Lady Smith.
Brillando bajo las lámparas.
Del brazo del duque Cassian Rathborne.
[Si esto es guerra social.. al menos iré bien equipada.]
Mandó a pedir también un broche para el cabello.
Generalmente lo usaba suelto, negro y largo, cayendo libremente sobre su espalda. No quería ocultarlo bajo un peinado excesivo.
Eligió algo sutil.
Una pieza fina, plateada, con pequeñas incrustaciones que reflejaban la luz sin exageración.
—Solo para sostener un lado.. No quiero parecer un candelabro ambulante.
La modista rió con discreción.
El día de la prueba final, el vestido estaba terminado.
Eveline se colocó la prenda con ayuda de dos doncellas.
El peso era distinto.
No incómodo.
Pero firme.
Cuando se miró al espejo… se quedó en silencio.
La seda abrazaba su figura con elegancia.
Los hilos de plata brillaban como líneas de luz que recorrían su silueta.
El contraste con su cabello negro suelto era hipnótico.
Parecía… delicada.
Y poderosa al mismo tiempo.
Como una muñeca esculpida con demasiado detalle para ser frágil.
Sus ojos brillaron.
—Es perfecto..
Giró ligeramente.
La falda se movió con gracia, capturando la luz.
—Si esto es una armadura… entonces que empiece la batalla.
Las doncellas suspiraron admiradas.
Eveline sintió un pequeño orgullo crecer en su pecho.
Había decidido dejar de huir.
Había decidido presentarse.
Brillar.
Pero, por supuesto.
La mala suerte nunca se tomaba vacaciones.
Cuando terminó la prueba y comenzó a quitarse el vestido con cuidado, dio un paso hacia atrás.
Justo hacia un pequeño doblez de tela que había quedado en el suelo.
Su pie lo tocó.
Se enredó.
Y antes de poder reaccionar..
Cayó sentada.
No fue una caída aparatosa.
Fue más bien torpe.
Con un leve “¡oh!” y el sonido amortiguado de la seda bajo ella.
Las doncellas contuvieron el grito.
La modista palideció.
Eveline miró el techo.
Luego miró la tela plateada bajo sus manos.
Y comenzó a reír.
No una risa pequeña.
Una risa genuina, divertida, casi liberadora.
—Increíble.. Puedo verme como una reina… y aun así tropezar con mi propio vestido.
Se quedó sentada en el suelo un momento más, sacudiendo la cabeza.
—Supongo que la armadura no incluye estabilidad.
Las doncellas finalmente soltaron el aire.
La modista murmuró..
—¿Está bien, mi lady?
Eveline se puso de pie con ayuda mínima.
—Estoy perfectamente.. Fabulosa y torpe. Una combinación difícil de superar.
Se miró una última vez al espejo antes de retirarse el resto del vestido.
Sí.
Se veía espectacular.
Sí.
Probablemente eclipsaría a más de una joven ambiciosa en la fiesta.
Y sí.
Seguiría tropezando.
Pero esta vez no le molestaba.
Mientras caminaba de regreso a su habitación, pensó con ligereza:
[Puedo caer todo lo que quiera… siempre y cuando me levante brillando.]
Y si la mala suerte insistía en acompañarla…
Al menos lo haría vestida en plata.
Felicidades Autora ❤️