Isabella Rinaldi y Alessandro Salvatore
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Capítulo 5
Isabella.
—No quiero hablar de eso. Ni siquiera recuerdo los detalles —les digo a mis amigas mientras terminamos de desayunar.
—Está bien, pero déjame decirte que me tenías con el Jesús en la boca. Te dejé un momento para ir al baño y cuando volví desapareciste como si nada. Eso me preocupó mucho —dice Luisa con evidente reproche.
—No puedo creer que yo solo vaya por unos tragos y, al volver, no las encuentre a ninguna de las dos —dice Mónica, cruzándose de brazos.
—Dios… primera y última vez que tomo de esa manera —murmuro, llevándome una mano a la frente al recordar el horrible dolor de cabeza que tuve esa mañana.
Las dos me miran con una mezcla de diversión y sospecha, pero por suerte ninguna insiste más en el tema.
Termino de arreglarme para la reunión con Alessandro Salvatore. Hoy he decidido vestir algo elegante pero sobrio. No quiero dar una impresión equivocada en una reunión de negocios.
Cuando estoy lista, salgo de la casa y subo a la camioneta donde ya me espera Sean.
—Pensé que tardarías más —dice él.
—Hoy no tengo ganas de escuchar tus comentarios —le respondo.
Sean se limita a sonreír.
Un rato después llegamos al club donde se llevará a cabo la reunión. El lugar aún no está abierto al público, por lo que todo está en silencio.
Caminamos hacia una sala privada.
Al entrar, veo a varios de nuestros hombres colocados a un lado de la habitación. Del otro lado están los hombres de Alessandro.
Dos hombres están sentados en los sofás, pero se levantan cuando entramos.
—Ellos son Alessandro y Luciano Salvatore —dice Sean.
Camino hacia ellos con paso firme.
—Isabella Rinaldi.
—Un placer conocerla, señorita Rinaldi —dice Luciano con una sonrisa amable, mientras su hermano simplemente hace un leve gesto con la cabeza.
Ambos tienen ojos azules y cabello negro.
Pero sus miradas son completamente diferentes.
Luciano parece relajado, incluso divertido.
Alessandro, en cambio, tiene una mirada intensa… casi penetrante.
Y por alguna razón, me resulta familiar.
Nos sentamos y Alessandro comienza a hablar de inmediato sobre la razón de esta reunión.
Quiere que creemos una alianza.
Su propuesta es unir fuerzas para enfrentarnos a nuestros enemigos comunes y fortalecer nuestros territorios.
Mientras habla, lo observo con atención.
Sus ideas son bastante buenas… incluso inteligentes.
Durante varios minutos discutimos los detalles del acuerdo.
—Bien… tenemos un trato —digo finalmente.
Alessandro me dedica una pequeña sonrisa.
Dos hoyuelos aparecen en sus mejillas.
Ese gesto lo hace ver increíblemente atractivo.
Pero intento ignorar ese detalle.
La reunión termina poco después.
Durante el camino de regreso a casa, paso todo el trayecto pensativa.
Por alguna razón sigo sintiendo que ya he visto a ese hombre antes.
Pero no logro recordar dónde.
Cuando llego a la villa, bajo de la camioneta y entro en la casa.
Pero me detengo en seco al ver a la persona que está sentada en la sala junto a mi madre.
—Antonio… —es lo único que logro decir.
—Isabella —responde él con una sonrisa cálida.
Mi madre se levanta.
—Los dejo para que se pongan al día —dice antes de salir de la habitación.
Me quedo de pie durante unos segundos antes de sentarme frente a él.
La tensión entre nosotros es evidente.
Y también un poco incómoda.
No sé exactamente por qué.
Somos exnovios… pero nunca terminamos mal.
Antonio se fue a estudiar al extranjero. Ese siempre fue su plan.
También era el mío.
Pero mi padre nunca lo permitió. No quería que su única hija se alejara tanto.
—Es lindo volver a verte —dice finalmente.
—No sé cómo sentirme al respecto —respondo con sinceridad.
Antonio sonríe.
Ese gesto siempre fue una de las cosas que más me gustaban de él.
—¿Cómo te fue en Alemania? —pregunto, intentando mantener la conversación.
—Bien… muy bien, la verdad.
Asiento, pero bajo la mirada.
—Te confieso que me afectó un poco que dejaras de responder mis mensajes y llamadas.
Levanto la mirada de golpe.
No esperaba que mencionara eso.
—Quería que siguieras con tu vida —digo después de un largo silencio.
—Lo entiendo… pero yo quiero seguir con mi vida a tu lado.
Sus palabras me toman completamente por sorpresa.
El corazón me da un vuelco.
Todos esos sentimientos que creía enterrados regresan de golpe.
Antonio se levanta y camina hacia donde me encuentro y se pone de cuclillas frente a mi.
—Mis sentimientos por ti no han cambiado, Isabella. Te dije que volvería… y aquí estoy.
Me mira con una intensidad que me deja sin palabras.
—Te prometí seguir queriéndote, y eso es lo que he hecho durante estos últimos cuatro años.
Toma mis manos.
—Quiero que retomemos lo que dejamos. ¿Qué dices? ¿Me aceptas de nuevo en tu vida?
Lo miro a los ojos, aún incrédula.
—Sí… sí —respondo sonriendo antes de lanzarme a abrazarlo.
Antonio pierde el equilibrio y terminamos en el suelo.
Pero eso me importa muy poco.
⸻
Alessandro
La hija de Mario Rinaldi es mucho más hermosa de lo que imaginé.
Pero lo que más llamó mi atención fueron sus ojos verdes.
Hay algo en ellos que me resulta extrañamente familiar.
Desde que la vi tuve esa sensación.
Y odio no recordar de dónde la conozco.
Pero eso no importa ahora.
Lo importante es seguir con el plan.
Debo hacer que Isabella Rinaldi confíe ciegamente en mí.
Y cuando lo haga…
Haré que su organización se derrumbe desde dentro.
Solo es cuestión de tiempo y paciencia.
—¿Sabes algo de la chica? —le pregunto a Luciano mientras reviso algunos documentos.
—Nada. Es como si la tierra se la hubiera tragado —responde.
Aprieto la mandíbula.
—¿Y las cámaras del hotel?
—Ese día estaban en mantenimiento, por lo que no estaban funcionando. Revisé las cámaras de los negocios cercanos, pero solo encontré esto.
Me entrega unas imágenes impresas.
Son fotografías de unas camionetas negras estacionadas frente al hotel.
Las camionetas bloquean completamente la vista.
No se ve ni una sola persona.
Ni siquiera un cabello.
Lanzo las imágenes sobre la mesa con fastidio.
—Esto no me sirve de nada.
Mi enojo crece cada vez que intento recordar esa noche y mi mente permanece completamente en blanco.
Tuve que haber hablado con ella.
Tuve que haber visto su rostro.
Y entonces una idea aparece en mi mente.
—¡Las cámaras del club! —exclamo.
Luciano me mira confundido.
—¿Qué?
—Busca en las malditas cámaras del club.
Luciano suspira.
—Ese lugar es propiedad de los Rinaldi. Dudo que nos den acceso a sus cámaras de seguridad.
Lo miro fijamente.
—No me importa cómo… pero consígueme esos videos.
Mi tono es claramente amenazante.
Luciano levanta las manos en señal de rendición.
Todo esto es su culpa.
Y no sé por qué estoy tan obsesionado con encontrar a esa mujer.
Pero sé algo con total certeza.
Voy a encontrarla.
Cueste lo que cueste.