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La mujer del jefe

La mujer del jefe

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor eterno / Completas
Popularitas:31
Nilai: 5
nombre de autor: Dany Figueiredo

A los diecinueve años, Aline creía que su mayor problema era llegar a fin de mes. Hasta que la enfermedad de su madre le puso un precio imposible a la esperanza… y un solo hombre en todo el morro podía pagarlo.

Él es Cobra: dueño de la Rocinha, temido, intocable, acostumbrado a que nadie le diga que no. La propuesta es tan fría como sencilla: ella será su visita íntima tras las rejas, y a cambio el tratamiento de su madre estará cubierto. Sin sentimientos. Sin promesas. Solo un trato.

Pero nadie le avisó a Aline que el hombre más peligroso de Río podía mirarla como si fuera lo único puro que le queda al mundo. Ni que, detrás del arma y la fama, Cobra carga heridas capaces de igualar a las suyas.

Entre balas, celos, secretos de la facción y un deseo que ninguno de los dos supo ver venir, lo que empezó como una transacción amenaza con volverse la historia de amor que ambos juraron no merecer. Porque en el morro, entregar el corazón cuesta más caro que cualquier deuda… y siempre hay alguien dispuesto a cobrarla.

Pasión intensa, drama que aprieta el pecho y un romance prohibido que no vas a poder soltar. Bienvenida al mundo de Cobra. Bienvenida a ser La mujer del jefe.

NovelToon tiene autorización de Dany Figueiredo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

...Cobra 🐍...

El crimen no compensa, eso ya lo tengo claro.

Pero no entré por diversión, sino por necesidad.

Un mes en esta mierda de presidio, sin ver una concha.

Una jodedera.

Solté el humo, mirando el cielo azul limpiecito.

Los guardias pasaban clavándome la mirada, como esperando un errorcito para caerme encima.

Te miran con burla, con maldad de verdad.

—¿Tranqui, hermano? —me saludó Rato.

Rato llegó con otros tres detrás, que se sentaron en las gradas a fumar.

Se quedaron hablando entre ellos y yo me mantuve en la mía; acá no se le da confianza a cualquiera.

Un paso en falso y te atacan.

En la primera oportunidad de joderte, te joden, no hay caso.

El guardia golpeó el bolillo contra la reja del patio, con la cara amargada de siempre.

—Arrímate aquí. Te liberaron tu horario en el teléfono de la galería. Diez minutos, sin chillar.

Les hice un gesto con la cabeza a los muchachos de la rueda y caminé hasta el portón, a la fuerza.

Entré a la salita, agarré el teléfono de la pared y me lo pegué a la oreja, sabiendo bien quién estaba del otro lado de la línea.

Llamada 📱

—Dime la posición, Xamã. ¿Cómo está mi morro?

—¡Habla, mi vida! Extrañaba escuchar esa voz tan sabrosa que tienes.

—¿Empezaste? Ya te aviso que ni pierdo el tiempo con esas payasadas tuyas.

—¡Calma, hombre! Se me olvidó que estás en la seca, en este mar de vergas. —Me pasé la mano por la cara, sin paciencia.

—Eres un niño de mierda, men. —Se rió por lo bajo.

—Pon atención. Mi chica me comentó ayer que la morena está pasando el peor apuro. Su mamá está internada en el hospital con una enfermedad y la familia no tiene ni un centavo para pagar los exámenes ni el tratamiento. La mina está desesperada buscando plata.

Até los cabos en la mente al toque.

—Dinero...

—Junté el hambre con las ganas de comer. Todavía no le solté el rollo, solo me enteré de la situación por mi chica y te llamé directo a ti. Pensé, si quieres cerrar este trato, voy y le hago la propuesta. Tú le bancas todo el tratamiento a su vieja y a cambio pones a la morena a firmar tu carné de visita íntima. ¿Qué dices, quieres que te arme el negocio?

—Eso mismo.

—Me caigo hoy por donde ella y le suelto el rollo.

Nos quedamos hablando un rato, él contándome unas vainas del morro.

Estoy loco por salir de esta mierda, ni te cuento.

Ya ando en la movida con mi abogado, gastando un platal.

Pero acá adentro no me quedo.

Pasaron los diez minutos y volví a la celda.

Me acosté en el colchón y me quedé mirando el techo, pasando altas vainas por la mente.

Con solo imaginarme a esa mina desnuda, ya me daba una ansiedad del carajo.

Andaba con esa mina metida en la cabeza hacía rato, una locura.

Parece que me echó un hechizo.

Terminé cabeceando un rato, estaba bien cansado.

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