En un imperio donde los matrimonios se sellan por deber y los secretos pueden decidir el destino de un territorio, un Omega queda unido a un poderoso general de guerra, un hombre casi siempre ausente por sus obligaciones en la frontera. Mientras espera su regreso en una residencia demasiado grande y silenciosa, el Omega se refugia en el amor de un joven conde, sin sospechar que sus sentimientos son utilizados para alimentar una ambición peligrosa.
El conde no desea su corazón, sino el sello militar del general, las tierras fronterizas y el poder que podría obtener mediante una falsa acusación de traición. Cegado por el amor, el Omega está dispuesto a sacrificar incluso al hijo que lleva en el vientre, sin imaginar que su decisión desencadenará la caída de su esposo y la muerte de ambos.
Pero cuando un alma de otro mundo despierta dentro de su cuerpo, el destino cambia de rumbo. Con el conocimiento de una tragedia que todavía no ocurre, el nuevo Omega deberá sobrevivir
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Cap 6: ataque
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Dos días después, el Omega salió de la mansión solo con la con compañía de su doncella. No le gustaba tener demasiadas personas a su alrededor vigilando cada paso que daba, quería sentirse libre.
— “ Tendré que comprar varias cajas de esos dulces. De lo contrario durante el viaje a la frontera, los antojos no me dejarán en paz”— pensaba acariciando su vientre con una sonrisa
Nair tenía antojos de comer dulces de leche y se los había encargado a las doncellas, Pero los que le llevaron no eran los que quería. Así que decidió ir él mismo al centro de la ciudad a comprarlos y también aprovecharía para pasear.
Cuando el carruaje se adentró al camino arbolado, dos hombres aparecieron frente a los caballos.
—¡Detente! —gritó uno al cochero
Ante el peligro, el cochero tiró de las riendas, pero el carruaje se detuvo bruscamente. Antes de que pudiera reaccionar, una flecha le atravesó el hombro y cayó hacia un lado, soltando un quejido.
—¡Señor Nair, manténgase junto a mí! —exclamó la doncella
Los mercenarios rodearon el carruaje y uno de ellos abrió la puerta de golpe y extendió la mano hacia el Omega.
—Baja sin hacer ruido. Si cooperas, no te haremos daño.
Nervioso, Nair retrocedió, protegiéndose el vientre. Estaba casi seguro de que esos eran enviados por Agard para deshacerse del bebé.
—¿ Los envió ese maldito conde Agard?
—Eso no te importa.
El hombre intentó sujetarlo, pero la doncella se interpuso.
—Aléjate de mi señor— gritó la mujer con enojo
El mercenario soltó una carcajada.
—¿Tú vas a detenernos?— dijo con burla
La doncella no respondió, sino que sacó dos dagas ocultas bajo sus mangas y adoptó una postura firme. El primer atacante entró al carruaje con una espada corta. La doncella esquivó el golpe inclinándose hacia un lado y clavó una daga en la correa de su armadura, obligándolo a retroceder y con la otra, golpeó su muñeca hasta hacerle soltar el arma. El segundo mercenario intentó entrar por detrás, pero la doncella giró sobre sus talones y le lanzó una daga, clavándosela en uno de los ojos
—Si no quieren morir, vayanse —advirtió la mujer
El primer hombre gruñó y se abalanzó sobre ella, quien bloqueó su brazo, aprovechó su impulso y lo arrojó contra el costado del carruaje. Antes de que pudiera levantarse, apoyó una rodilla sobre su pecho y recuperó la daga, para insertarla en su garganta. El segundo mercenario con una mano en su ojo herido, volvió a atacar.
—¡Rose, cuidado! —gritó Nair.
La doncella se apartó justo a tiempo. La espada atravesó el asiento donde había estado un segundo antes, la mujer atrapó el brazo del hombre, lo torció con precisión y le encajó la daga bajo la mandíbula.
— Señor, ¿Se encuentra bien?— preguntó limpiando la sangre de sus manos
— Estoy bien, gracias por salvarnos.
— Es mi deber— con una herida en su brazo que no dejaba de sangrar
Afuera, el cochero intentaba incorporarse, todavía herido. La mujer después de asegurarse de que Nair estaba bien, tomó las dagas en sus manos y bajó a revisar al cochero para regresar a la mansión.
— “ El general debe saber esto cuánto antes”
A lo lejos comenzaron a escucharse voces y cascos de caballos. Alguien se acercaba desde el camino principal. La doncella alerta, observaba a los alrededores.
— ¿Puedes llevar el carruaje de regreso a la mansión?— preguntó mientras vendaba la herida del cochero
— Si, aún puedo controlar los caballos
— Bien, entonces llevanos a la mansión lo más rápido posible.
La mujer volvió al interior del carruaje, viendo al Omega perdido en sus pensamientos. El Omega pensaba en si decirle al general que ese conde quería hacerlo abortar y que tal vez ese ataque estaba ligando a él
— “ Tendré que decirle, de lo contrario tendré problemas o malos entendidos más adelante y yo lo único que quiero es paz y tranquilidad”— pensaba con una mano protegiendo su vientre y la otra apretando el borde del asiento.
Pasado el tiempo, el carruaje llegó a la mansión del general. Al ver al cochero herido, los guardias se pusieron alerta y uno de ellos se acercó de inmediato a la puerta del carruaje.
— ¿Qué ha pasado? ¿El joven señor está bien?
— Mercenarios nos han emboscado en el camino boscoso. Por suerte solo eran dos y los pude eliminar— respondió la doncella, ayudando a Nair a bajar del carruaje
— Yo estoy bien, por favor que un médico atienda a Rose y el cochero— respondió el Omega
— Por supuesto
El Omega asintió para ir a su habitación. Ese ataque lo había asustado bastante y por un momento pensó que moriría sin disfrutar de una vida sana y tranquila.
— Rose, esto hay que informarlo al general— comentó uno de los guardias
— El general está en una reunión importante en el palacio. Apenas regrese se le da el informe— respondió otro de los guardias
— Bien, Rose, ve a qué atiendan tus heridas.
La mujer asintió para ir al patio de los sirvientes a limpiarse para que el médico le curara las heridas.
— “ Rose es muy fuerte, creí que era una doncella común y corriente……. No tengo pruebas para decir que el ataque fue orden de ese maldito……. Si le digo al general que fue él, sin pruebas, lo meteré en problemas”
Eran ya un poco más de las siete de la noche y Agard estaba molesto porque esos dos mercenarios que había contratado no le habían dado respuestas, no lo habían buscado ni enviado un nota.
— “ Espero que esos mugrosos no hayan huido con mi dinero”
Lysandre acababa de llegar a la mansión y de inmediato le fue informado lo que sucedió con su esposo.
— ¿Por qué no me avisaron inmediatamente?— dijo con furia, en voz alta
— Señor, el joven señor está ileso. Rose neutralizó a los atacantes.
— ¿Saben quien envió a esos malditos?
— Estoy investigando, señor. Pero hasta ahora no se sabe nada. Rose no capturó a ninguno, porque ambos eran una amenaza para el joven señor y su embarazo.
— sigan investigando, quiero saber quién quiso enfrentarse a mí y hacerle daño a mi esposo
que pasará ahora no quieren que este Nair se vaya
ellos seguirán siempre juntos si se ponen aclarar las cosas