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Los Sellos Que Cruzan Universos

Los Sellos Que Cruzan Universos

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Aventura / Superpoder / Completas
Popularitas:328
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Seis meses después de renunciar al poder de los Sellos para recuperar su vida, Min‑jun y Seo‑jun por fin viven en paz: son dos chicos normales, van al instituto, comparten meriendas de leche de plátano y disfrutan de un amor que sobrevivió a mentiras, olvidos y batallas contra la oscuridad. Los Sellos brillan ahora solo como una cicatriz tenue en sus muñecas, un recuerdo bonito, no un arma.

Pero la paz se rompe cuando la mitad rota del Ónix Negro —la que quedó perdida en las ruinas del Santuario Viejo— empieza a vibrar con una energía antigua, abriendo grietas entre universos. Gente ve dobles de sí mismos en las calles, recuerdos que no les pertenecen invaden sus mentes, y una figura enmascarada aparece de la nada: **el Guardián Olvidado**, un antiguo compañero de Dae‑ho y Yeo‑wol que fue traicionado hace veinte años y atrapado entre realidades. Su objetivo: demostrar que el sistema de los Sellos es injusto en cualquier mundo, y destruirlo en todas las realidades existentes… aunque es

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CAPÍTULO 13: El santuario de las piedras que no brillan

A la mañana siguiente, el cielo seguía igual de gris, pero Dae se movía con una prisa que no había tenido el día anterior. Había pasado la noche sin dormir casi nada, revisando mapas viejos dibujados a mano sobre trozos de papel arrugado, manchados de lluvia y polvo.

—Siempre hablaba de este lugar —dijo, señalando una marca en el borde de uno de los mapas, con el dedo todavía temblando un poco por la quemadura del brazo—. Un santuario pequeño, muy antiguo, anterior incluso a los primeros guardianes. Decía que allí era donde los Sellos habían “nacido”, según las leyendas. Que la energía del lugar era lo suficientemente fuerte como para… para recrearlos.

Min miró el dibujo en el mapa: una estructura pequeña, medio enterrada entre montañas, con ocho círculos dibujados alrededor. El Ónix entre ellos.

—¿Crees que ha ido allí? —preguntó.

—Si sigue intentando lo que dijo —respondió Dae, guardando el mapa en el interior de su capa—, ese es el único lugar donde podría tener una oportunidad de lograrlo. Tenemos que llegar antes de que termine. Si recrea los Sellos de forma incorrecta… no sé qué pasará. Podría atraer más sombras. Podría romper lo poco que queda de equilibrio que nos queda.

Salió del refugio antes de que nadie pudiera responder. Min y su Seo se miraron un segundo y lo siguieron de cerca.

El camino no fue fácil. No había senderos marcados. Tuvieron que abrirse paso entre arbustos espinosos que dejaban arañazos en las manos y subir por laderas de piedra resbaladiza por la humedad eterna del lugar. A veces Dae se detenía, revisaba el suelo, buscaba algo que los demás no veían: una marca pequeña en la corteza de un árbol muerto, un trozo de resina seca del mismo color que usaban en el refugio pero mezclada con polvo de piedra brillante, un dibujo tallado en una roca plana, casi borrado por el tiempo, que representaba ocho círculos dispuestos en círculo.

Cada vez que encontraban una de esas pistas, el brazalete de Jade en la muñeca de Min reaccionaba. No calentaba. No latía con fuerza. Hacía un cosquilleo frío, como si reconociera una energía pariente, pero distinta, más cruda, menos formada. Como si estuviera oliendo algo que aún no ha terminado de nacer.

—Cada vez estamos más cerca —dijo Min, pasándose un dedo por la muñeca para calmar el cosquilleo.

Llegaron al santuario cuando el gris del cielo se volvió más oscuro, como si estuviera anocheciendo antes de tiempo. Estaba medio derrumbado, escondido entre dos peñas grandes que lo protegían del viento. Las columnas de piedra que lo sostenían estaban rotas por la mitad, y el techo se había hundido en una esquina. Pero en el centro, el suelo había sido limpiado recientemente.

Allí, dispuestas en el mismo dibujo de ocho círculos que habían visto en la roca, había ocho pequeños montones de polvo de colores, cada uno de un tono distinto: verde, dorado, azul, rojo… y uno negro con destellos rojos, en el centro. Al lado, sobre una piedra plana usada como mesa, descansaba un cuaderno de cuero viejo, manchado de grasa y polvo.

Dae se acercó despacio, como si temiera que el lugar se desmoronara con solo mirarlo. Cogió el cuaderno con cuidado y lo abrió por la última página escrita. La letra era rápida, desordenada, como si quien la hubiera escrito tuviera prisa o miedo.

> Hoy he conseguido estabilizar el polvo de Jade por unos minutos. No dura mucho, pero es suficiente. Sé que es arriesgado. Sé que Dae diría que estoy cometiendo el mismo error que intentamos evitar. Pero no aguanto ver morir a más niños por las sombras. No aguanto ver cómo nos extinguimos poco a poco, sin pelear. Si esto funciona, podremos defendernos de verdad. Si no… que me culpen a mí. Solo a mí.

Dae leyó las líneas en silencio. Cuando terminó, cerró el cuaderno despacio. Min notó que le temblaban los labios.

—No lo hizo por traición —susurró, más para sí mismo que para los demás—. Lo hizo por desesperación. Quería salvarlos a todos. Yo creí que se había ido por enfado. Pero solo quería encontrar una forma de arreglar lo que yo rompí.

—¿Dónde iría ahora? —preguntó su Seo, mirando los montones de polvo que aún quedaban en el suelo—. Dice que le falta un componente.

Dae abrió de nuevo el cuaderno y pasó unas páginas hacia atrás, buscando. Se detuvo en un dibujo de un valle rodeado de montañas negras, con una nota al margen: *Único lugar donde queda piedra de Ónix sin refinar. Allí podré cerrar el círculo*.

—El valle de las cenizas —dijo Dae, con los ojos muy abiertos—. Es el lugar más peligroso de todos. Allí las sombras son más grandes, más antiguas. No sobrevive nadie que vaya solo.

Se giró hacia ellos, y por primera vez desde que se conocieron, no había duda en su mirada. Solo una determinación firme.

—Tenemos que ir. Tenemos que encontrarle antes de que haga algo estúpido. Antes de que se haga daño. O antes de que las sombras lo atrapen.

Min asintió. Miró los ocho montones de polvo en el suelo, y el cosquilleo frío en su muñeca volvió con más fuerza. No sabía si recrear los Sellos en este mundo sería una salvación o una nueva catástrofe. No sabía si lo que estaban haciendo era ayudar o empeorar las cosas.

Pero sabía una cosa: Rin no estaba solo. Nadie debía tomar decisiones tan grandes en soledad. Nadie debía cargar con ese peso solo.

Salió del santuario detrás de Dae, con su Seo a su lado. El valle de las cenizas los esperaba. Y con él, la respuesta a si este mundo tenía alguna posibilidad de volver a ver la luz.

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📔 LIBRETA NUEVA · ESCRIBE CHOI MIN‑JUN

Tarde en el santuario antiguo

Hemos encontrado el lugar donde Rin ha estado trabajando. No es un villano. No es un loco que quiera poder por poder. Es alguien que está desesperado por salvar a los suyos, igual que Dae, igual que todos nosotros.

Me pregunto qué pasará si lo logra. Si recrear los Sellos aquí les devolverá la esperanza o les traerá de nuevo todos los males que Dae quiso evitar. No tengo la respuesta. Nadie la tiene.

Solo sé que no podemos dejar que lo haga solo. Porque las decisiones más grandes no deben tomarse en soledad. Porque cuando lo haces, terminas como Dae, cargando con la culpa durante veinte años. O como Rin, arriesgándolo todo sin que nadie te eche una mano.

Mañana iremos al valle de las cenizas. Espero llegar a tiempo. Espero que aún no sea demasiado tarde.

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