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Bajo Las Luces Del Hielo

Bajo Las Luces Del Hielo

Status: En proceso
Genre:Romance / Hijo/a genio / Traiciones y engaños
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Juliana Torra

Mi nombre es Sara Miller, y antes de llegar a la Universidad de Minnesota, creía que la distancia geográfica era un factor suficiente para alterar el resultado de un trauma. Huí de Boston con una beca de excelencia académica y el alma rota, buscando desaparecer entre la nieve de Minneapolis. Pero el destino no entiende de estadísticas. En mi primer día de clases, la ecuación de mi supervivencia colapsó al encontrarme frente a frente con Thomas y Carter, los mismos dos monstruos con uniforme de hockey que habían convertido mi pasado en una pesadilla y que ahora jugaban para los Gophers.
Fue en ese pasillo helado donde todo cambió. Cuando la violencia física era inminente, apareció la variable más impredecible de todo el campus Jhon King.

NovelToon tiene autorización de Juliana Torra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

(Sara)

La mañana del sábado en la cabaña comenzó con el sonido sordo de los copos de nieve golpeando con fuerza contra el cristal del ventanal.

Me desperté envuelta en una de las pesadas mantas de lana, con el aroma a café recién hecho flotando en el aire.

Me puse un suéter grueso y caminé descalza hacia la cocina americana.

Jhon estaba de pie frente a la estufa, con unos vaqueros cómodos y una camiseta gris que marcaba la tensión de su espalda mientras batía una mezcla en un cuenco de cerámica.

Al escuchar mis pasos, se giró con esa sonrisa ladeada que lograba desarmarme por completo en un segundo.

—Buenos días, genio. Llegaste justo a tiempo para el primer periodo del desayuno —dijo Jhon, señalando la waflera de hierro que ya humeaba sobre la encimera—. Logré conseguir fresas frescas en el mercado del pueblo antes de que la carretera se cerrara por completo.

Mira afuera.

Me acerqué al ventanal de la sala y descubrí que el camino vecinal había desaparecido bajo una capa blanca de más de un metro de altura.

La tormenta del norte era total; estábamos completamente aislados del resto del mundo.

Sin embargo, en lugar de sentir esa vieja opresión de pánico por estar atrapada, miré a Jhon y sentí una oleada de paz tan inmensa que me asustó.

—Estamos atrapados, capitán —dije, caminando hacia la barra y apoyando mis manos en la madera, mirándolo fijamente—. No hay universidad, no hay biblioteca y no hay exámenes de cálculo hasta el lunes. ¿Qué se supone que haremos todo el día en medio de la nada?

—Aprender a ser personas normales, Sara. Sin uniformes y sin libros de texto de mil páginas —Jhon dejó el cuenco a un lado y se acercó a mí, rodeando la barra hasta quedar a escasos centímetros.

Extendió su mano derecha y acarició mi mejilla con una suavidad extrema—. Cuéntame algo de ti. Algo real. ¿Cómo era la Sara que vivía en Boston antes de que el mundo se volviera complicado?

Me quedé mirándolo, sintiendo que el nudo en mi garganta se disolvía por completo.

Por primera vez en meses, no quise refugiarme en mis definiciones matemáticas ni en mis escudos lógicos. Quería que conociera a la chica que empezaba a quererlo con todas las fuerzas de su alma.

—Era una chica bastante aburrida, Jhon —confesé en un susurro, bajando la mirada hacia sus nudillos lastimados antes de volver a sus ojos grises—. Pasaba los veranos en el jardín de la casa de mis padres, intentando aprender a tocar la guitarra acústica de mi papá.

Nunca fui buena en eso, siempre me saltaba los acordes, pero me encantaba sentarme bajo el viejo roble a escuchar el sonido del viento. Extraño mucho esa sensación de tranquilidad.

—Ya no tienes que extrañarla, Sara. Estás a salvo aquí —Jhon se inclinó y depositó un beso tierno y pausado en mis labios, un beso que me supo a chocolate y a un compromiso silencioso—. Y prometo que cuando regresemos a Minneapolis, te voy a comprar la mejor guitarra que encuentre en la ciudad para que vuelvas a tocar bajo los árboles.

(Jhon)

La paz de la tarde se interrumpió abruptamente a las cuatro de la tarde cuando el teléfono satelital de la cabaña, el único aparato conectado directamente a la red de emergencia de la frontera, comenzó a sonar con un pitido estridente.

Me acerqué al pasillo y descolgué el auricular de madera, presintiendo que las noticias del campus nos habían alcanzado incluso en medio del aislamiento invernal.

—¿King? Habla el entrenador en jefe —la voz de mi mentor sonaba distorsionada por la estática, pero el tono de urgencia era inconfundible—. El comité legal de la universidad acaba de llamarme. El juez civil del estado de Minnesota fijó la audiencia inicial contra Carter y Thomas para el lunes a las nueve de la mañana en los tribunales de Minneapolis. Necesitan que la señorita Miller se presente a declarar como testigo principal.

La tormenta en el norte va a amainar mañana al mediodía; tienes que traerla de regreso de inmediato. El futuro del caso depende de su testimonio.

—Entendido, entrenador. Estaremos ahí antes de que abran el tribunal —respondí con la mandíbula apretada, sintiendo que la furia regresaba a mi sistema al recordar las sombras de Boston—. Ella está lista. No los va a dejar escapar esta vez.

Colgué el teléfono y regresé a la sala, donde Sara

me esperaba sentada en la alfombra junto a la chimenea, sosteniendo su taza de chocolate caliente con ambas manos. Al ver mi rostro serio, dejó la taza a un lado y se puso de pie lentamente, buscando mis ojos.

—Era el entrenador, ¿verdad? —preguntó Sara con una calma asombrosa que me demostró lo mucho que había crecido su fuerza interior en estas semanas—. Es hora de regresar y enfrentar el final de esta historia, Jhon.

—La audiencia es el lunes por la mañana, Sara —admití, acercándome a ella y tomándola por los hombros—. Sé que es una mierda que este fin de semana termine así, y sé lo difícil que es para ti volver a sentarte en una sala frente a esos dos infelices. Si no te sientes lista, puedo llamar al abogado y...

—Estoy lista, Jhon —me interrumpió ella, colocando sus manos sobre mi pecho, mirándome con una determinación y una ternura que me cortaron el aliento—. Ya no soy la chica asustada que huyó de Boston con el alma rota. Ahora te tengo a ti. Me enseñaste que no todos los uniformes ocultan monstruos y que tengo el derecho de defenderme. Voy a ir a ese tribunal y voy a cerrar este capítulo de mi vida de una vez por todas.

La abracé con una fuerza inmensa, pegando su cuerpo al mío en medio de la sala iluminada por el fuego de la chimenea, dándome cuenta de que me había enamorado perdidamente de mi genio y de que no había fuerza en la tierra capaz de apartarme de su lado.

(Sara)

El domingo por la noche, justo cuando la nevada comenzaba a ceder y Jhon terminaba de organizar nuestras pertenencias en la parte trasera de la camioneta para el viaje de regreso a Minneapolis, su teléfono celular personal volvió a encenderse al recibir la primera línea de señal satelital de la carretera principal.

Vi cómo revisaba la pantalla y su rostro se quedaba completamente rígido por la sorpresa.

—¿Jhon? ¿Qué pasa? —pregunté, acercándome al porche de la cabaña, abrigada con mi chaqueta de lana.

—Es un correo oficial de la oficina central de los Bruins de Boston, Sara —respondió Jhon, mirándome con una mezcla de emoción y pánico en sus ojos grises—. El cazatalentos principal de la NHL quiere tener una reunión privada conmigo en Minneapolis el martes por la mañana.

Me están ofreciendo un contrato profesional inmediato para unirme al equipo principal de la liga de Massachusetts en cuanto termine el semestre escolar. Es... es la oportunidad con la que he soñado toda mi vida, genio.

El aire se congeló en mis pulmones por un segundo.

Boston.

La ciudad donde había vivido mi peor pesadilla, el lugar del que había huido para salvar mi cordura, era ahora el destino que reclamaba el futuro profesional del chico que amaba.

Miré a Jhon, viendo el brillo de ilusión en sus ojos mezclado con la culpa por asociación que sentía hacia mi trauma.

Caminé hacia él, rompiendo la distancia en la nieve, y tomé su rostro entre mis manos, obligándolo a mirarme directamente por encima del marco de mis gafas. Ya no quería hablar de variables, de distancias geográficas ni de probabilidades de éxito. Quería hablar como una mujer que estaba completamente enamorada de su protector.

—Vas a aceptar esa reunión, Jhon King —dije con una firmeza absoluta y una sonrisa llena de puro amor—. No vas a dejar pasar el sueño de tu vida por culpa de mi pasado. Boston es solo una ciudad en el mapa; los monstruos que me hicieron daño ya están fuera de la ecuación y van a ir a la cárcel el lunes.

Si tu futuro está en esa pista de hielo, el mío está contigo. No me importa el lugar del mundo donde tengamos que reescribir nuestra historia, siempre y cuando me prometas que seguirás trayendo un cerebro funcional a mi mesa de estudio.

Jhon soltó un suspiro profundo, y una sonrisa inmensa y aliviada iluminó sus facciones.

Me tomó de la cintura con una fuerza protectora, levantándome en vilo sobre la nieve fresca del norte, sellando nuestro compromiso con un beso largo y apasionado que nos confirmó que, sin importar los tribunales del lunes o los contratos profesionales del martes, nuestra perfecta fórmula de amor y supervivencia ya había vencido al invierno para siempre.

1
Maria Muñoz
va muy bien
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