Scarlett Padro Castello es una mujer empoderada, CEO de su propia firma de maquillaje y presidenta de una potencia automotriz. Ha construido un imperio desafiando los prejuicios de género, demostrando que su intelecto es tan afilado como su sentido de los negocios. Sin embargo, su mundo perfectamente controlado se tambalea cuando su padre le impone un proyecto junto al gigante tecnológico de la familia Robles Di Bianco. El problema tiene nombre y apellido: Rodrigo Robles Di Bianco.Rodrigo, el frío y calculador dueño del imperio tecnológico, no quiere tenerla cerca "ni en pintura". Su rechazo es visceral; ambos comparten un pasado marcado por escándalos y una competitividad feroz que los llevó a detestarse públicamente. Para Rodrigo, Scarlett es una distracción peligrosa; para Scarlett, Rodrigo es el único hombre que ha logrado herir su orgullo.Lejos de amedrentarse, Scarlett decide utilizar toda su astucia y elegancia para infiltrarse en el mundo del multimillonario.
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Capítulo 14
...SCARLETT:...
El sol de la mañana entraba por los ventanales del departamento con una impertinencia que igualaba la mía.
Me puse mi bata de seda color perla, dejando que el tejido se deslizara sobre mi piel, y salí de mi almacén de tesoros decidida a tomar posesión de la cocina.
No necesitaba ver a Rodrigo para saber que ya estaba despierto; el aire vibraba con su presencia metódica y el aroma del café recién hecho.
Lo encontré de espaldas, sirviéndose una taza con una precisión que me daban ganas de desordenar.
Me apoyé en el marco de la puerta, observando cómo la tela de su camisa se tensaba en sus hombros.
— Buenos días, Rodriguito — solté, disfrutando del ligero rastro de irritación que cruzó su postura —. Espero que no te importe que haya invadido tu cafetera con mis flores de jazmín. Tu cocina era demasiado... monocromática para mi gusto.
Él se giró con una lentitud calculada.
Sus ojos verdes, todavía algo nublados por el sueño, recorrieron mi figura antes de fijarse en los míos.
El silencio que siguió no fue incómodo; fue una declaración de guerra silenciosa que me hizo hervir la sangre.
— Este lugar tiene un orden por una razón, Scarlett — respondió él, su voz era un murmullo ronco que me provocó un escalofrío traicionero —. No intentes humanizar mi casa solo porque te aburres.
» Dentro de una hora llegan los ingenieros para empezar con la revisión de los planos, intenta mantener el foco en los motores y no en la decoración.
Caminé hacia él, invadiendo su espacio personal hasta que quedamos a escasos centímetros.
Pude oler el café negro mezclado con su loción, una combinación embriagadora que me obligó a recordarme a mí misma por qué lo odiaba.
Estiré la mano para tomar mi taza de té, pero no la retiré de inmediato.
Dejé que mis dedos rozaran los suyos sobre el mármol frío de la encimera.
— Oh, estoy muy enfocada, Rodrigo — susurré, sosteniendo su mirada mientras una sonrisa maliciosa curvaba mis labios —. De hecho, anoche encontré cosas muy interesantes en ese cuarto que me diste. No sabía que tenías un lado tan nostálgico.
Vi cómo sus pupilas se dilataban y su mandíbula se apretaba tanto que creí escuchar el crujido.
Por un segundo, el CEO implacable desapareció, dejando paso a un hombre que se sentía acorralado.
La tensión entre nosotros creció hasta volverse casi física; estábamos tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo.
— No deberías husmear donde no te llaman, Scarlett — dijo él, bajando la cabeza hasta que nuestras narices casi se rozaron.
Me sostuve firme, aunque mis piernas amenazaban con fallar.
El juego del gato y el ratón acababa de subir de nivel.
Ya no se trataba de quién era el mejor sino de quién caería primero ante la electricidad que amenazaba con quemar todo el departamento.
El repentino sonido de un teléfono resonó en el ambiente, rompiendo la tensión que había llenado el espacio entre Rodrigo y yo.
Sin decir una palabra, él se apartó de mí y se dirigió hacia el pasillo, dejando un vacío a su paso.
Suspiré profundamente, sintiendo cómo la incomodidad me envolvía, y con la mano hice un gesto para darme algo de aire en el rostro, como si eso pudiera aliviar el agobio que sentía.
— Dios, esto se está volviendo cada vez más complicado — murmuré para mí misma, tratando de procesar lo que acababa de ocurrir —. Qué calor hace.
Decidí tomar un sorbo de mi té, buscando un momento de calma en medio del caos emocional, y luego me dirigí a mi habitación para prepararme, esperando que eso me ayudara a aclarar mis pensamientos.
*******
Entré en la cocina con paso firme, mis tacones haciendo eco sobre el suelo de granito.
Ya no llevaba la bata de seda; ahora vestía un traje de chaqueta azul medianoche, impecablemente entallado, que gritaba que estaba lista para tomar el control de su imperio y del mío.
Rodrigo ya estaba allí, sentado a la mesa con su café negro y su tableta, luciendo insultantemente pulcro con su camisa blanca y la corbata perfectamente anudada.
— Buenos días de nuevo, Rodriguito — solté, mientras me acercaba a la encimera para buscar mi té de jazmín, cuyo aroma ya empezaba a ganarle la batalla al olor amargo de su café —. Tu casa es un poco... silenciosa. Casi parece que intentas esconder el ruido de tus propios pensamientos.
Él no levantó la mirada de inmediato, pero noté cómo sus dedos se tensaban sobre la pantalla.
Cuando finalmente lo hizo, sus ojos verdes eran dos cristales fríos que intentaban, sin éxito, mantenerme a raya.
— El silencio es eficiencia, Scarlett. Algo que tú pareces desconocer — respondió con una voz monótona que no lograba ocultar del todo su irritación —. Estamos a diez minutos de empezar la primera fase del proyecto. Espero que tu capacidad de análisis esté a la altura de tu capacidad para provocar.
Me acerqué a la mesa y, en lugar de sentarme frente a él, me incliné sobre su hombro para mirar su tableta, dejando que mi cabello rozara ligeramente su brazo.
Pude sentir cómo su respiración se contenía.
— Mi capacidad de análisis es excelente, Rodrigo. De hecho, analicé muy bien el contenido de las cajas de ese cuarto de invitados — le susurré al oído, viendo por el rabillo del ojo cómo su mandíbula se apretaba —. No sabía que mi carrera automotriz era tu lectura favorita de medianoche. Guardar esos recortes es casi... tierno. ¿O debería decir obsesivo?
Rodrigo dejó la tableta sobre la mesa con un golpe seco y se puso de pie, obligándome a retroceder un paso.
La diferencia de altura nos dejó en una posición de confrontación total.
El aire entre nosotros vibraba con una electricidad que hacía que mis dedos hormiguearan.
Estábamos tan cerca que podía ver el matiz dorado en sus ojos verdes, una chispa de fuego que contradecía su máscara de hielo.
— No confundas la vigilancia competitiva con la nostalgia, Scarlett — dijo, bajando la voz hasta convertirla en una advertencia peligrosa —. Conozco a mis rivales mejor de lo que ellos se conocen a sí mismos. Si encontraste esas cajas, es porque eres una entrometida, no porque yo haya bajado la guardia.
— Mientes tan bien que casi te creo — respondí con una sonrisa desafiante, sin apartar la mirada —. Pero ambos sabemos que no se guardan bocetos y recortes de hace diez años por simple vigilancia.
Él dio un paso más hacia mí, invadiendo mi espacio personal de una forma que aceleró mi pulso.
Por un instante, el silencio de la cocina se llenó solo con el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas.
El juego del gato y el ratón acababa de volverse personal.
Pues quien se ceee este 🤭